TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO@MAGODEMONTREUIL

 

ÉPALE 241 TRAS EL DISCURSOEntre los temas que aborda el cine institucional, el holocausto judío posee un sitial de honor. Esto, sin duda, como una forma de edulcorar las tropelías realizadas por el Estado sionista de Israel en el Medio Oriente. Cada vez que el Ejército israelí ataca el Líbano, Gaza o Palestina, las cableras inundan su programación de títulos sobre el tema. Entre ellos se destaca un invitado de postín: La lista de Schindler (EEUU, 1993). Es de esperarse que, igual que todos los filmes de su especie, su temática se decante por un maniqueísmo primitivo: judíos buenos, nazis malos. Además, soslaya descaradamente que la razia en los campos de concentración —lugares de manufactura británica, no alemana— no fue exclusivamente contra los judíos sino que también incluyó a polacos no judíos, homosexuales, discapacitados, presos políticos, inadaptados, húngaros, eslavos, prisioneros soviéticos y más de un millón de gitanos. En vista de esta multiplicidad de grupos étnicos, dentro de los campos se generó un sistema de castas donde los judíos salían bien parados en comparación con vagos, alcohólicos, maleantes y, sobre todo, homosexuales, quienes recibían un auténtico maltrato y desprecio por parte del resto, incluidos los judíos. Por supuesto, Spielberg obvia todo esto para enfocarse en el martirio del pueblo hebreo, perdiéndose el sentido universal de la vida humana para decantarse hacia un alegato judaico… una vez más.

La figura de Schindler en la cinta conforma una paradoja difícil de digerir, incluso dentro del más ortodoxo pacto comunicacional. Se presenta como un típico representante de clase media, aquella que está a la saga de una hendija por la cual escalar social y económicamente; esa grieta la halla durante la guerra al hacer turbios negocios con el Ejército alemán. En lo personal es un ser abyecto: vicioso, usurero y profundamente inescrupuloso. De ahí que la radical redención que sufre hacia el final, insoportable happy end, raya en la inverosimilitud. Un Schindler lloriqueando y dando un mensaje procapitalista, por demás abominable: “De haber ganado más dinero habría salvado más vidas”, es decir, que te haya hiperexplotado en una maquila queda justificado por mi redención.

 

 

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