Epale301Morochito Rodriguez

POR GERARDO BLANCO • @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Hace 50 años, un 26 de octubre de 1968, se produjo una de las grandes hazañas del deporte venezolano. Francisco “Morochito” Rodríguez, un cumanés de apenas 48 kilogramos, conquistó en los Juegos Olímpicos de México la primera presea dorada para el país en esta cita multidisciplinaria del deporte mundial. Pero, como había ocurrido 27 años antes, con el Campeonato Mundial de Beisbol conquistado por la selección de Venezuela en La Habana, Cuba, en 1941, el país no vio nunca en directo las imágenes de estas victorias.

Todo lo vivió a través de las ondas hertzianas. La radio fue el medio que describió cómo Daniel “Chino” Canónico retiraba desde el montículo, con su sapiencia y maña, a la poderosa toletería cubana para coronar 3-1 a Venezuela; y cómo “Morochito” Rodríguez impactaba con sus implacable jab y su veloz recto de derecha el rostro del surcoreano Young-Ju Jee para llevarse, por decisión dividida 3-2, la histórica presea dorada en México.

La voz inolvidable del mejor comentarista de la historia del deporte nacional, el fallecido Carlos González, fue el encargado de narrar aquellos combates del pequeño gladiador cumanés, desatando la alegría de una nación, ávida de héroes deportivos, con aquel grito de “¡Ganó Morochito!” cuando el árbitro levantó la mano del venezolano. La prensa nacional había dedicado amplias notas sobre cada una de las peleas de Morochito, pero fue la voz nasal y la emotiva narración de Carlitos González la que convirtió al campeón olímpico en una leyenda y lo sembró para siempre en la imaginación colectiva de la nación.

Morochito, en ese sentido, es el último héroe radiofónico del país. Porque después vino la televisión, las transmisiones en directo que, de cierta manera, acabaron con ese halo de magia, de ficción literaria, de imaginación que aportaba la radio. Nadie vio en vivo, como se dice en la jerga televisiva, los envíos del “Chino” Canónico en La Habana, pero todos los que estaban pegados a la radio aquel 22 de octubre de 1941 pudieron recrear cada jugada gracias a la transmisión de Pablo Morales, El “Negro” Prieto, Pancho “Pepe” Cróquer y Henrique Vera Fortique, quienes paralizaron al país a través de su narración en Ondas Populares. Tampoco se pudo ver el mismo día, en directo, el combate de Morochito, pero la voz de Carlitos González llenó el vacío de imágenes con su ingenio narrativo.

La televisión globalizó al planeta. Hizo posible que las imágenes llegaran al instante y pudiéramos ver, esta vez en vivo y directo, 44 años después del oro de Morochito, el momento de gloria del espadista Rubén Limardo cuando ganaba una presea similar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero la magia de la radio, su encanto para dar vuelo a la imaginación ya no estaba presente.

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