POR NATHALI GÓMEZ @LAESPERGESIA / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE244-CRÓNICAS PEATONALESI

Por más que he buscado la palabra que describa el simple acto de cruzar la avenida Urdaneta en alguno de sus rayados, a cualquier hora, aún no la encuentro. Está escrito que el peatón, ese gran perdedor universal, es el ser más vulnerable en medio de la “selva de concreto” por donde surcan desbocados los “potros locos de acero”. No hay que hacer un ejercicio muy creativo para imaginarse a una pobre bolsa (yo) esperando que las motos decidan darle una oportunidad, muchos segundos después de haber cambiado el semáforo. En ese juego, que siempre pierdo, algunos motorizados me han mirado con pesar y, con un gesto de padre benevolente, me han dicho con la mano que pase. En esos casos he cuestionado mi fortuna, porque he considerado como extraordinario algo que es normal cuando el semáforo está en verde para mí. La mayoría de las veces me verá zigzaguear, como si me hubieran echado limón en los ojos, por el rayado esquivando las ruedas de muchas motos. Para cualquiera se trata de una historia poco relevante, entre tantas injusticias que ocurren en el mundo; para mí, es el juego perdido contra la máquina y contra quien la monta.

II

Imagine a un hombre mayor, de unos 70 años, caminando por el bulevar de Sabana Grande. Imagine su cuerpo, sus pasos acompasados y el tiempo sobre su espalda. La vista, que ya le falla, no lo ayuda a ver bien los contornos y los peligros ocultos en los objetos cotidianos. Sin darse cuenta, pisa mal y termina surcando los aires del bulevar, gracias a un arturito afilado que no se anunció previamente. La escena está compuesta por sangre, una mejilla surcada por una herida y una rodilla ya enferma que se declaró en cese. El hombre, más dolido por la torpeza de la vejez que por los golpes, está aún en el pavimento con adoquines sin poder levantarse. La gravedad lo llama cada vez con más ahínco y esta podría ser una ocasión para hacerle caso. De entre la multitud de zapatos indolentes que pasan por su lado salen los de un grupo de mototaxistas —que posiblemente se comieron el semáforo minutos atrás, que tal vez no usan casco, que se comen la flecha en todo momento y que no les da prurito manejar por las aceras— para ayudarlo a parar y esperar a que un familiar vaya a buscarlo. El hombre, muy apenado, acepta la ayuda y piensa que la vejez esta vez ganó la partida.

III

Datos publicados por la Asociación Venezolana para la Prevención de Accidentes y Enfermedades (Avepae) arrojan que 6.000 motorizados habían fallecido en accidentes viales en Venezuela entre 2012 y 2016. Al desmenuzar esta cifra, sabemos que los viernes, sábados y domingos ocurren 80% de las muertes de ocupantes de motos; que el mayor número de accidentes ocurren de noche; que los fallecidos son jóvenes entre 20 y 35 años; que 40% de estas muertes pueden evitarse usando casco y que 98% de los accidentes fueron por exceso de velocidad.

En Venezuela, según Avepae, 39% de las muertes corresponden a motorizados y, muy cerca, con 36%, están los peatones bolsas, como usted y yo.

Ante estas espeluznantes cifras, y ante la necesidad de una educación vial y mayor conciencia entre los que manejan cualquier tipo de vehículo, solo resta decir: siga cruzando la calle con desconfianza.

ÉPALE 244

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