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EL BARRANCO DE LAS MUJERES, EL HUECO DE LA MUJER O LA MINA DE SKARLYM. HACE UNOS AÑOS RESULTABA IMPENSABLE LLAMARLE ASÍ A CUALQUIER ASENTAMIENTO MINERO. HOY ESA REALIDAD ESTÁ CAMBIANDO, PERO SIGUE SONANDO IGUAL DE CRUDA

POR CÉSAR VÁZQUEZ

Vejación, criminalización, prostitución, vicio, saqueo, destrucción, desastre ambiental y una larga lista levantan los límites de una cartografía lumpen: márgenes de la informalidad, de allí la semblanza social que hemos construido de los mineros y la pequeña minería.

En el caso de la mujer minera esto se extiende mucho más debido a la gran inequidad de género que existe en esta actividad.

Aunque no haya cifras oficiales, se calcula que más de un millón de mujeres se dedica a la minería informal en países como Perú, Bolivia, Brasil, Venezuela y Colombia. Solo en Venezuela, actualmente se estima que la población dedicada a la minería tradicional, así como a la pequeña minería que ha ocupado por generaciones estos territorios, ha crecido durante los últimos años a más de 200.000 personas. Más de la mitad son mujeres.

Sin embargo, a estos datos o aproximaciones, que salen a la luz pública a partir del Primer Encuentro de Mujeres Mineras celebrado año pasado en El Callao, estado Bolívar, le sigue una realidad mucho más devastadora: a la mujer minera se le ha dado el título de ser la más pobre de Latinoamérica.

Formadas en el barro y la fragua de la lucha minera, junto a otras compañeras y compañeros, vienen asumiendo el brazo direccional de una de las organizaciones más importantes del país (si no, la más importante). Se trata del Consejo Popular Minero conformado por la pequeña minería, la misma que le ha venido “arrimando al Estado” (como se diría en jerga minera), es decir, la que viene tributando a las arcas públicas más de 6,5 toneladas de oro en estos últimos meses, sin trasnacionales de por medio.

Foto César Vásquez

Foto César Vásquez

LA BENDICIÓN ESTÁ ALLÍ

Hace más de ocho años Skarlym Dorado tenía 25, llegó con 70 bolívares a Tumeremo, estado Bolívar, y con un chinchorro que compró en el camino. La confusión era grande, solo sabía que tenía que llegar a una mina donde había un barranco del que le hablaba su amiga, pero no sabía a cuál ni mucho menos cómo llegar, la bulla de Hoja de Lata era grande y ya no había manera de regresarse.

Allí me encontré con mucha gente de Brasil, Guyana y otros países; había niños, comerciantes, gente que venía igual que uno. Cuando llegamos, como lamentablemente pasa, nos confundieron con prostitutas y lo vi muy degradante, aunque en ese momento era tan tentador, por la situación que atravesaba. De una vez nos ofrecieron trabajar en una currutela (bar de putas), pero no veníamos por eso. Nos comimos una hamburguesa con esa plata. Como teníamos aspecto de venir de la ciudad, esa misma noche nos ofrecieron trabajar esa plaza. Un muchacho, quien es hoy un gran amigo, nos ofreció quedarnos allí; al otro día nos enseñó el sistema. Los mineros son muy dadivosos, siempre están dispuestos a ayudarte. Nos dijo que teníamos que pedir un saco de material para molerlo y así ganarnos algo, la comida es muy cara en una mina. Desde que llegué entaconada, porque no sabía a dónde iba realmente, me quería regresar. 80% de las mujeres que llegaron a mi comunidad venían dispuestas a prostituirse; sin embargo, esta realidad ha venido transformándose.

La fuerza de trabajo es la fuerza no solo del cuerpo sino de la voluntad de permanencia. La mayoría viene con múltiples necesidades; por lo general, deben cumplir una doble jornada, o triple: primero la atención a sus hijos y a su compañero, desde la cocina, lavando ropa; y luego el trabajo de minera, que dependerá del tipo de mineral que extraiga.

Actualmente a Skarlym no le queda tiempo para bajar por su cilindro a buscar oro, junto a su familia. Está dedicada exclusivamente a lo organizativo, como miembro directivo del Consejo Popular Minero. Las fuerzas históricas que están involucradas en este proceso y la dignificación del trabajo de la mujer han sido las canteras de un incansable compromiso y la columna vertebral de su formación política.

MI ABUELA COCINÓ PARA EMPRESAS EXTRANJERAS

César Vásquez

Foto César Vásquez

Rosa Rivas, “La Mami”, primera hija de Zulay que entraba a la mina, representante de la brigada minera Nicanor Ochoa, se asoció con varios mineros y logró que a ese barranco le llamaran El Barranco de la Mujer. Al tiempo, pudo crear una escuadra de siete mujeres y abrieron otro barranco al que le llamaron El Hueco de las Mujeres.

Tenía 17 años cuando entró a trabajar, siguiendo los pasos de su abuela, como cocinera en la mina. Habla con respeto a las mujeres que llegan a Tumeremo a prostituirse, y comenta:

Hoy, por ejemplo, me llamó una muchacha de 19 años que trabaja en la currutela; tenemos pensado vender hallacas a precios solidarios, los mineros se merecen una comida honesta. Cuando abrimos el comedor popular se vinieron varias de estas muchachas a trabajar, sin dejar de prostituirse. Una, de 18 años, es de Anaco; la otra, de 21, es maracucha; y la otra de Valencia. Viajan cada mes para ver a sus familias.

A Rosa Rivas Skarlym Dorado la conoció en Botanamo, una mina con más de 30 años de fundada, cuando fue desalojada por la Guardia Nacional en el intento de recuperar los espacios controlados por las bacrim (bandas criminales). Habían pasado por situaciones similares y aún mantenían su vocación social por el trabajo en colectivo. Desde hace dos años integran las brigadas mineras, con el fin de apoyar el registro nacional minero y la demarcación de las zonas asignadas para la explotación de las reservas auríferas de la nación.

SI UN PALAZO ECHABA ÉL, UN PALAZO ECHABA YO

María Rodríguez tiene 52 años, siete hijos y más de 30 años trabajando con su esposo en la mina. Actualmente forma parte de la dirección del Consejo Popular Minero y representa el Bloque B del sector El Perú de El Callao, donde existen más de 20 minas de oro.

La situación te enseña, la necesidad te enseña, si vienes a aprender cualquiera de nosotros te va a enseñar.

Con esa sencillez transmite su filosofía, se refería a su agenciamiento: la solidaridad del pueblo minero como principio, con rango de tradición. El principio fundamental de su horizonte organizativo, político y humano.

Chávez vino con la caravana bolivariana cuando salió de Yare, por allá en el 98. Estaba de candidato, hasta ese día los mineros no habíamos visto una. Chávez pensó en la legalidad del minero cansado del matraqueo de la Guardia y las mafias, y empezó a crear las asociaciones mineras como la que yo represento.

¿Qué significa el Consejo Popular Minero?

Es una lucha que se ha logrado a través del tiempo, y somos 136 organizaciones de todo el estado Bolívar, donde están los tres metales: el oro, el diamante y el coltán. Desde hace dos años venimos reuniéndonos y, en este momento, hemos avanzado con grandes resultados; estamos a las puertas de una demarcación del territorio para que los mineros puedan crear sus alianzas estratégicas. Queremos que ese oro que sacamos vaya al Banco Central y se utilice en las necesidades del pueblo, que el país tenga como responderle al pueblo.

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