POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE284-BOLEROSConfieso que evito la “malvadez” en las mujeres; es más, creo que nací vacunado, a Dios gracias. Tuve la suerte de no sufrir infidelidades, al menos que yo haya sabido, jajajá. Pero estos Boleros que curan el alma los hice a propósito hasta que se pudo, y no tanto porque los boleros bonitos se vayan agotando sino porque las mujeres perjuras existen. Se dice que perjura es descubrir a una persona en el preciso instante en que está cometiendo un delito o una falta; redondeando, digamos, una estafa de amor. Si quieres conocer, mujer perjura, / los tormentos que tu infamia me causó / eleva el pensamiento a las alturas / y, allá en el cielo, pregúntaselo a Dios.

Mujer Perjura es un bolero de Miguel Rafael Companioni Gómez que derivó en danzón. Es, además, uno de los boleros más documentados; tanto, que hasta podríamos indagar quién fue la musa inspiradora de lo que, seguramente, fue un vulgar cacho. Y ahí es donde entra Enrique Ojito, que ese sí se sabe el cuento “palante y patrás”: “Se llamaba Eloísa la que inspiró Mujer perjura”. Y en una acotación, más adelante, dice: “Ella regresó triste y abatida, pero él no la aceptó”. (Tal parece que estás arrepentida / y que buscas nuevamente mis amores). En confesiones del trovador Alfredo Varona al historiador de tradiciones Armando Legón Toledo, difundidas por Escambray, menciona: “Me contó (Varona) que él (Companioni) tenía una enamorada y que un buen día, al visitarla, oyó la voz de un hombre en una habitación contigua y montó en cólera sin aceptar las explicaciones de la dama. De allí surgió la perjura”.

Pero más allá del chisme amoroso, la saga de su estreno y grabación también tiene sus bemoles, que surgen de una hermosa amistad. “Escucha esta basurita, le dijo Companioni a su amiga, la trovadora María Teresa Vera, quien la terminaría grabando a dúo con Rafael Zequeira en 1918 en Nueva York. Lo que no fue fácil, por la negativa de las disqueras al considerar que insultaba a las mujeres. María Teresa no cejó en el empeño y se la grabó, sin cobrar, al técnico del sello VTMC. Se vendieron 25.000 copias y el autor no cobró nada y, de ñapa, en el LP de Barbarito Diez, con la orquesta de Antonio María Romeu, le dieron el crédito a Manuel Corona.

Moraleja: perjurar a una novia por un cacho, empava. Jajajá.

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