POR MALÚ RENGIFO @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE290-SOBERANÍASYo no sé si a los hombres les ocurra lo mismo ni si el fenómeno de la mujer fractal se vea presente entre mujeres de preferencias sexuales diferentes a la mía, que ya, de por sí, es bastante amplia. Lo que sé, damos y caballeras, es que yo, como muchas otras jevas que conozco, soy lo que llamo una mujer fractal, es decir, una mujer que adentro tiene otra mujer, que adentro tiene otra mujer, que adentro tiene otra mujer.

Yo no soy una, soy unas cuantas, toditas diferentes pero incapaces de vivir unas sin las otras, que van apareciendo cíclicamente o de forma permutada conforme pasa el mes, la semana o las horas. Es un tema hormonal en gran medida, o eso creo. Como creo también que la cantidad de sexo que se tiene cuando una es una mujer fractal puede influir en que esos cambios se den de manera más brusca o que casi no se noten los estragos, todito es aleatorio cuando se es una mujer fractal.

Lo que sí sé, y el tiempo me ha enseñado a aceptarlo, es que para nosotras, las mujeres fractales, más vale tratar de entendernos y aceptarnos que luchar contra nuestra naturaleza en constante mutación.

Quiero y acepto a la Malú que llora, a la que ríe, a la que se enoja y a la que coopera. Quiero y acepto a la que piensa en el futuro, pero abrazo también a la que no. Quiero a la ama de casa, a la cocinera, a la que limpia cantando, pero también quiero y acepto a la que deja acumular los platos, a la que es capaz de sobrevivir a fuerza de avena con agua tres días seguidos, con tal de no hacer ni un huevo sancochado.

Quiero y acepto a la Malú sexual, la reconozco y hasta le tengo miedo cuando se acerca, sinuosa, por esos días de la ovulación. Quiero y acepto a la cerebral, a la que solo quiere trabajar, coser, atender sus deberes, que aparece más o menos en los primeros días de su ciclo, cuando todo parece que va a salir bien en este mundo. Quiero y acepto a la Malú de las tormentas, a la de la nube negra, a la que quiere dormir, a la que se siente mal y no sabe por qué. Quiero a la que abraza a sus amigos y amigas tanto como a la que prefiere estar sola y que nadie la joda (así dice la muy huraña, no soy yo, es ella).

Quiero a la que le gustan los deportes tanto como a la que se está preparando para aceptar que algún día llegará la gordura y ella no querrá hacer nada para evitarla. Quiero mucho a la que se siente joven, y me cae muy muy bien la amargueta que dice a cada rato que la vida se fue, que es una pure.

Nosotras sí, a mucha honra, somos cambiantes. Por eso me quiero a mí y las quiero a todas porque, total, son mis mujeres, las únicas que tengo.

ÉPALE 290

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