NO MAS GOLES FANTASMA

POR GERARDO BLANCO @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

La polémica es la sazón del fútbol. Desde que se jugaba con las manos y las reglas lo llevaron a evolucionar hasta ser la industria de entrenamiento deportivo más poderosa del mundo, los aficionados han vivido de las jugadas controvertidas. Todavía en Inglaterra y Alemania se discute sobre el gol fantasmagórico de Geoff Hurst en el Mundial de 1966.

La cuestión sigue siendo un dilema hamletiano: ¿fue o no fue gol aquel tanto del delantero inglés?, ¿primero estalló en el travesaño y luego fue a dar a la línea de meta o cruzó la raya blanca en su totalidad? La única certeza hasta el día de hoy es que el juez de línea, el ruso Tofik Bakhramov, lo dio por válido para el 3-2 de Inglaterra, quien poco después marcó el cuarto tanto para alzar su primera y única Copa del Mundo ante los germanos del káiser Franz Beckenbauer.

Pero la llegada del Gran Hermano al fútbol pondrá fin a las jugadas que alimentaron las discusiones en los mundiales. No deja de ser una extraña coincidencia que en el país donde la KGB vigilaba minuciosamente los pasos de los ciudadanos, la FIFA haya decidido colocar chips en los balones y cámaras que registran cada movimiento en la cancha, con el propósito de expiar las acciones de juego y acabar con las jugadas polémicas.

La famosa “mano de Dios” de Diego Armando Maradona, con su puño en alto para anotar un gol de picardía y venganza contra la Inglaterra invasora de Las Malvinas en México 1986, ya no son admisibles en los mundiales. Porque ahora están los jueces de televisión para fisgonear las maniobras de potrero y acusar a quienes intenten engañar al árbitro con astucia maradoniana.

La FIFA no lo ha admitido públicamente, pero la llegada del VAR (Video Assistant Referee) mucho tiene que ver con el millonario negocio de las apuestas y el arreglo de resultados, que arrojan sospecha sobre las decisiones de árbitros venales. Los españoles no dejan de quejarse amargamente de aquel gol que el colegiado egipcio Gamal Al-Ghandour le anuló a Fernando Morientes, sentenciando erróneamente que el balón salió por la línea de fondo antes de que Joaquín pusiera el centro para el cabezazo del delantero en el Mundial de 2002. Con la complicidad de los árbitros, Corea del Sur llegó viva hasta la tanda de penales donde se impuso 5-3 y avanzó a semifinales.

En el Mundial de Rusia ya hemos visto cómo España se salvó de empatar con Irán. A los persas le anularon un gol que con el viejo método de la simple apreciación hubiera sido convalidado. Y Francia venció a Australia con la ayuda del chip en el balón, que confirmó que el balón superó la línea de meta.

Para bien o para mal llegó la tecnología al fútbol. Los jueces que se hacían la vista gorda para favorecer bajo cuerda determinados intereses, ya no se pueden hacer los locos ni inventar faltas de la nada. Pero la sabrosa discusión de café, que podía durar décadas por goles como el de Geoff Hurst, también pasan a mejor vida. El fútbol se queda sin goles fantasma ni polémicas.

ÉPALE 283

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