ÉPALE315-NARCISO LÓPEZ

DE TALANTE EMPRENDEDOR, ESTE VENEZOLANO TIENE EL MÉRITO DE HABER CREADO EL ESCUDO Y LA BANDERA DE CUBA. EN LA TUMULTUOSA GUERRA INDEPENDENTISTA SE MIDIÓ DESDE AMBOS BANDOS, Y AUN SE AFANARÍA EN OTRAS CONTIENDAS DE INTENCIÓN VARIOPINTA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Narciso López, caraqueño e hijo de vascos, tuvo condiciones para ser una de las referencias de la Independencia y de la creación de repúblicas, pero le dio por pelear del bando del Imperio español. Luego, se dice que coqueteó tan abiertamente con Estados Unidos, a ver si este lo ayudaba a desalojar a España de Cuba, que sobre él ha trascendido el conocido chisme según el cual el hombre era de verdad aficionado a los imperios.

El aporte más perdurable que se le reconoce pertenece más al terreno del diseño gráfico que a las batallas políticas o militares: fue el creador del concepto de la bandera y el escudo oficiales de Cuba. No deja de resultar incómodo saber que ese proceso creativo tuvo lugar en Nueva York y que, muy probablemente, esa estrella de la bandera tenía la intención de seducir a Estados Unidos para que fuera una más de la bandera gringa; pero, vaya, su creación va para dos siglos y todavía son los símbolos oficiales de la isla.

Sus padres figuran entre los muertos de aquella presunta fiesta sanguinaria en Valencia, en la que Boves pasó a cuchillo a docenas de propietarios mientras bailaban el piquirico; el muchacho tenía 15 años cuando ocurrieron aquellos acontecimientos. No se sabe con exactitud cuál fue la maniobra o mecanismo mediante el cual el muchacho pasó a formar parte del bando de quienes lo dejaron huérfano; ¿serían tan monstruosos o ladillas los viejos de Narciso como para que el hijo les agredeciera a sus asesinos la degollina? Otros relatos aclaran que en 1810, cuando apenas tenía 12 años de edad, un tío suyo se sublevó contra la Independencia y armó guerrillas en el Guárico. De esa época data el aprendizaje de sus destrezas como jinete.

El caso es que el joven se unió al grupo de Morales. Junto a este se fue convirtiendo en guerrero al servicio de la corona, aunque el resto de la tropa bovera peleaba, en realidad, al lado de los esclavos y sirvientes en rebelión. En aquellas tempestades boveras se peleaba por la redención del ser humano sometido a la esclavitud, así en los bandos y papeles oficiales se dijera que Boves peleaba para la corona española. En rigor, ese rey de mierda ubicado a miles de kilómetros era la excusa para enfrentar a unos coños no menos odiosos, estos mantuanos que querían fundar una república pero manteniendo la fuente de su sustento: el modo de producción esclavista. Contra los mantuanos se peleaba en los campos de batalla, y como el único que mandaba recursos para sostener esa pelea era el rey, entonces se degollaba blancos y se saqueaba y se violaba diciendo “viva el rey” para que el monarca siguiera mandando los cobres.

Pero, seguramente por cuestiones de origen y por influencia de su tío, Narciso sí se dedicó a ser esencialmente realista. Al lado de Morales obtuvo resonantes victorias, pero también se le ve transitando los momentos más famosos de la derrota: peleó y perdió contra Páez y los boveros reconvertidos en independentistas en Las Queseras del Medio, peleó y sobrevivió en la Batalla de Carabobo y, luego, en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo volvió a caer derrotado, pero una vez más hizo alarde de su vena sobreviviente. Se larga para Cuba con un puñado de combatientes, incluidos dos personajes cuya descendencia marcó la historia cubana: Calixto García, abuelo del independentista cubano del mismo nombre, y Marcos Maceo, padre de Antonio Maceo.

De Cuba partió a España en 1833 y allá combatió en la guerra carlista; allí tuvo bajo su mando a un tal José Gutiérrez, personaje que varios años después sería el encargado de encarcelarlo y darle muerte en la isla de Cuba. También se le vio activo en la llamada revolución española de 1840; fue gobernador de Madrid y representante de las cortes por Sevilla. Todo un señor servidor de la monarquía, con cargos y condecoraciones que mostrar.

En 1840, su pana Jerónimo Valdés fue designado Capitán General en Cuba y con él se fue Narciso, a gobernar un buen territorio cubano. En 1843 llegó un nuevo Capitán General, Leopoldo ODonnell, contra quien se dedicó a conspirar y a combatir, por motivos más bien bastardos: pujaba el nuevo Capitán General por la abolición de la esclavitud de africanos, no porque fuera humanista y buena gente, sino porque ya la esclavitud de africanos no era un negocio rentable (se activó, entonces, la importación y esclavitud de chinos y de indios yucatecos) y, además, Inglaterra se lo andaba exigiendo. Narciso fue captado por los grandes terratenientes, sostenedores de un doble propósito: sí a la esclavitud y anexión de Cuba a Estados Unidos.

LO TENÍAN YA CASI TODO: EL CONTROL DE LOS EDIFICIOS PÚBLICOS, LAS ARMAS. FALTABA EL DETALLAZO DEL APOYO DEL PUEBLO. CUANDO LE TOCÓ DISCURSEAR PARA GANÁRSELO OPTÓ POR DECIR LA VERDAD: QUERÍAN MANTENER LA ESCLAVITUD Y ANEXAR CUBA A ESTADOS UNIDOS

Buen momento para echarle un ojo a la tradicional asquerosidad norteamericana: a Estados Unidos le venía maravillosamente bien un movimiento anexionista desde Cuba, pero como la cosa venía con sangre y violencia y ya había negociaciones para que España cediera la isla pacíficamente a cambio de una buena plata, el cónsul gringo en La Habana le echó paja a Narciso y la conspiración pudo ser disuelta. Derrocada la conspiración, Narciso huyó de la isla. ¿Para dónde? Pues para Estados Unidos. Allá lo recibió el gobernador del estado de Misisipi, John Quitman, a quien los racistas y esclavistas de Estados Unidos recuerdan con el mismo fervor con que los rocanroleros del mundo recuerdan a Elvis Presley.

Entró en contacto con grupos independentistas cubanos en el Norte, y mientras un grupo de ellos trataba de convencer al Gobierno norteamericano de que comprara la isla, Narciso y otro grupo organizaba una expedición para la toma violenta del poder. En el trasfondo destacaba la oscura pugna alrededor de la esclavitud: los que no eran esclavistas querían que Cuba fuera una estrella más de Estados Unidos, y los que querían la Independencia deseaban sacudirse esa prohibición del tráfico de negros. Qué linda pelea y qué lindos adversarios.

Tres veces intentó Narciso López ingresar a Cuba para una insurrección. La primera de esas veces fue detenido en alta mar por los propios gringos. La segunda vez, en 1850, sí logró desembarcar, apoyado y financiado esta vez por aquel Quitman. Lo hizo con sus huestes independentistas: 600 gringos de Misisipi y Luisiana. Entró a la población de Cárdenas y enarboló la nueva bandera por primera vez. Comenzaba la etapa final de la carrera y de la vida de Narciso López.

El desembarco se realizó al estilo de López: con furia y determinación. Hubo violencia, muertos, a sangre y fuego tomaron la casa del Gobierno. Lo tenían ya casi todo: el control de los edificios públicos, las armas. Faltaba el detallazo del apoyo del pueblo. Cuando le tocó discursear para ganárselo optó por decir la verdad: aquel movimiento tenía por objeto mantener la esclavitud y anexar Cuba a Estados Unidos. Hay gente que no aprende; por ahí quedan algunos todavía, quienes creen que el apoyo de los gringos es suficiente para sostener gobiernos. En pocas horas López y los suyos fueron delatados y asediados por la Armada española y tuvieron que devolverse a Estados Unidos, adonde fueron recibidos como héroes por los esclavistas del Sur.

Luego vendría la tercera vez, la de la vencida.

En agosto de 1851 salió Narciso con sus gringos y cubanos hacia Cuba y, nuevamente, logró desembarcar. Con este nuevo grupo de invasores iba un sobrino del presidente norteamericano, Millard Fillmore. Tras las primeras escaramuzas López se adentró en el territorio cubano, pero un numeroso grupo fue capturado por los españoles y varios fueron fusilados. Los gringos se arrecharon de varias maneras: al conocerse la noticia saquearon el consulado de España y negocios de españoles en Nueva Orleans y el presidente gringo entró en negociaciones para que fueran devueltos los prisioneros norteamericanos. Y Narciso, pues, que se joda: por allá por Cuba andaba haciendo lo que mejor sabía hacer, que era caerse a tiros, ganando unas batallas y perdiendo otras. En una de ellas ya no pudo huir más y fue capturado.

La expedición quedó reducida a un montón de cadáveres, varios presos en España y el jefe ejecutado con garrote vil, en La Habana, el 1° de septiembre de 1851.

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