Navidades Felices 2020 Caracas rejuvenece entre guirnaldas

EL PEOR AÑO DE QUE SE TENGA MEMORIA LLEGA A SU FIN CON UNAS NAVIDADES QUE SE ESFUERZAN POR DEVOLVERNOS LA FELICIDAD. ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE, LAS LUCES DE COLORES AGITAN LA CIUDAD DE LA COVID-19

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO
FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO / MICHAEL MATA

Sobre Caracas planea el espíritu cansado de quienes han sobrevivido a uno de los años más salvajes que recuerde el mundo, en el ocaso de un 2020 que nadie quisiera recordar.

Aunque uno transite por entre los vericuetos del Centro y las guirnaldas de colores que se entretejen sobre las fachadas, gracias al empeño de algunos vecinos nostálgicos y a la tarea cumplida por la Alcaldía de Caracas, pocas cosas recuerdan a las clásicas Navidades de los caraqueños.

La Plaza Bolívar reabrió deslumbrante. Foto Jacobo Méndez

Al viandante de este último tramo del peor año de nuestras vidas, lo antecede la premura de comprar productos de primera necesidad antes de que los precios sean aplastados por la inflación. Con el tapaboca como blasón y el rocío irrevocable de antibacterial para alejar el virus, a la gente se le ve apresurada buscando ofertas, negociando la vida misma en gestos habituales que se han vuelto parte de la rutina doméstica.

La plaza O’ leary más luminosa que nunca

A veces, a decir verdad, lo que provoca es quedarse en casa atenidos a la encomienda sanitaria que ha universalizado el miedo entre hombres y mujeres, incluso más que la idea redentora de las felices Pascuas y el próspero Año Nuevo.

El paseo los próceres luce un cielo nocturno estrellado

Uno casi se convence de que ni siquiera la flexibilización generalizada de la cuarentena, que autorizó el Gobierno nacional para devolverle la alegría al país antes de que se acabe este nefasto año, ha devuelto el cariz festivo a la ciudad. Hasta que desde las profundidades silvestres del parque Los Caobos emerge el guuuummmm guuuummmm de un furruco que atrae la atención de dos desprevenidos que también pensaban que la tristeza era el acento natural de este último mes.

La plaza Sucre, en Catia, más humana

Era como el bramido de una bestia mitológica, de las que reinan en pose escultural entre los jardines del parque caraqueño, como el elefante dorado que apareció un buen día sobre un espejo de agua para acompañar al Efebo de Marathon, Ícaro, la Trompetilla para Sordos y la Fuente Venezuela.

El sonido gutural poco a poco se dejó escoltar por un solo armónico de cuatro y el redoble de la tambora que en conjunto, acribillaron la sordera de los solitarios árboles del parque y de pronto, de donde nadie imaginaba, irrumpió un sabroso aguinaldo de esos que nos convencen de que la felicidad es patrimonio de la capital venezolana, gracias al ensayo de un ventetú de parranderos caraqueños que donde quiera arman su bochinche de kamikazes.

Aunque a media máquina, Caracas repobló sus calles

En casa tengo un rincón / impregnado de alegría / con una mula y un buey / tres reyes, José y María / Donde siempre es noche buena / ha de nacer el Mesías” y guuuummmm guuuummmm, tracatata, trintrintrin.

NAVIDAD POR DECRETO

Este año luctuoso y extremadamente restringido para la vida “normal”, no impidió que la alcaldesa de Caracas, Erika Farías, diera inicio a las celebraciones decembrinas con un acto sencillo desde el Paseo La Nacionalidad de Los Próceres, en noviembre pasado.

Fue el pistoletazo de partida junto al gesto obstinado del presidente Maduro de encender la cruz del Waraira Repano, con la antipática recomendación de adaptarnos a la nueva realidad y cumplir los protocolos de bioseguridad por la pandemia de la covid-19.

Las Navidades Felices 2020 en la ciudad capital son un decreto acompañado con su programación: música, luminarias peatonales, parrandas, ferias gastronómicas y artesanales, presentaciones artísticas, mercaditos e intercambios culturales, ejes infantiles, distribuidos en algunos puntos álgidos como Los Caobos, los bulevares de Sabana Grande y Catia, las plazas Sucre, Venezuela O’Leary y San Jacinto, entre otros escenarios.

También contempla la incorporación del programa Caracas Rueda Libre, bailoterapia y actividades deportivas cada domingo, con la reactivación del préstamo de bicicletas en Los Caobos, las plazas Los Símbolos y Diego Ibarra y en el parque Hugo Chávez.

Los niños, los más felices de esta temporada

Otra característica de la programación es la suma de las comunidades a través de actividades focalizadas en 119 ejes territoriales, 36 Centros de Diagnóstico Integral y las más de 50 bases de misiones que están participando en un concurso de pesebres navideños y el toque de parrandas, que proyectan coronar con la Gran Fiesta de la Carrucha a través de dos avenidas de la ciudad donde se revivirá un antiguo divertimento juvenil que se perdió con la modernidad.

La Gran Misión Venezuela Bella participa, junto al gobierno local, en el embellecimiento de plazas y espacios emblemáticos de las 22 parroquias caraqueñas. Lucen ataviadas de Navidad el recién rehabilitado Paseo La Nacionalidad de Los Próceres, la Plaza Bolívar que se mantuvo confinada por casi un año en el que las ardillas lucían solitarias sin la compañía alegre de los niños, la plaza El Venezolano, además de otros 24 espacios recuperados.

El Eje del Buen Vivir, que sube y baja como las espumas agitadas de los tiempos que corren, mantiene una actividad valiosa que ha venido sumando adeptos de la nueva normalidad a sus tardes de juerga caraqueña en los alrededores de la Plaza de Los Museos, aunque sin el pasadizo versátil que comunicaba con las instalaciones del Teresa Carreño, inhabilitado mientras se realizan los trabajos de recuperación de la inmensa infraestructura teatral.

ESPERANDO EL PERNIL 

Los escenarios profetizados para esta época hablaban de una realidad postapocalíptica. La mayoría de los vaticinios señalaban restricciones extremas y el temor al contagio masivo acentuado por la segunda ola del virus. No obstante, la pericia higiénica del Gobierno permitió doblegar la curva de contagio e incluso reducir significativamente su incidencia, mientras la gente desborda las calles cazando las mariposas esquivas de la felicidad.

Vuelven las aceras a contener las mareas del chanceo popular a dólar batiente. Todo se va tejiendo entre la cotización del paralelo dos veces al día, y los bonos que anuncia y suelta el Gobierno para contener los embates de una guerra económica que no da tregua y que se vio estimulada por las elecciones parlamentarias y la temporada decembrina.

Los buhoneros, en cada esquina, ofertan antiguas y novísimas modalidades de consumo: desde los fuegos artificiales que atormentan a las mascotas de la casa, hasta luces de colores intermitentes; desde combos de chucherías importadas, hasta tres pares de medias por un dólar, y así.

En una curiosa vuelta de tuerca, Joy Arte y Decoración, la más importante empresa venezolana en la fabricación de artículos de Navidad, consultó a través de una encuesta a más 500.000 de sus clientes sobre cómo serían estas Navidades, según reveló en una nota de prensa.

A la pregunta “¿Para esta Navidad 2020 está en sus planes colocar el árbol navideño o realizar decoración de sus espacios?”, 77% de las personas consultadas respondieron de forma afirmativa.

Se interrogó acerca de “¿Qué tipo de decoraciones están pensando realizar los consumidores?”. Los encuestados contestaron: 44,6 % desea cambiar el estilo del árbol de Navidad, 30,2 % quiere vestir la mesa, 28,7 % aspira a hacer un cambio decorativo en todo el hogar, 18,8 % prefiere adornar puertas y ventanas, y otro 15 % hacer arreglos en espacios exteriores.

Triunfó el partido de Gobierno en las elecciones y reconquistó la Asamblea Nacional y el Presidente anunció que nadie debe quedarse sin pernil y combo hallaquero, que espera ansiosa la familia venezolana a precios populares.

En el ínterin, Gasolina, uno de esos demiurgos populares de las aceras caraqueñas, partió apenas hace unos días dejando otro vacío en el imaginario, que es ese territorio de donde se sujeta uno cuando no encuentra recursos materiales para reír y cantar. Bluesman del arrabal criollo, con su cuatrico y su barba desaliñada de superviviente, se lo llevó el año más criminal de que tengamos memoria.

Entre una esquina y la otra, el pueblo espera celebrar la llegada del Redentor y ofrecerse un fuerte abrazo de fin de año desde las trincheras de lo posible. Eso es, aguantando la pela.

 

Previous article

Pandemia cultural