ÉPALE 240 MADURO

SU FORMACIÓN Y TRAYECTORIA TUVIERON LUGAR EN PARTIDOS Y ORGANIZACIONES DE IZQUIERDA. DE CUBA SE TRAJO, GALVANIZADA Y PULIDA, LA IDEA DE LO QUE DEBE SER UN CUADRO, Y PROBABLEMENTE ESA DISCIPLINA DEL MILITANTE, QUE LE OTORGA VALOR A LA LENTA PERSISTENCIA EN LAS TAREAS, LO HAYA RESGUARDADO (A ÉL Y A NOSOTROS) DE LOS PLANES DE DERROCAMIENTO

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE

Desde que lo dijo Sun Tzu (o se empezó a decir que Sun Tzu lo dijo), va siendo más evidente el éxito de la táctica: cuando usted se sienta fuerte debe aparentar ser o estar débil, y cuando esté realmente débil aparente enorme fortaleza. Se aplica a la guerra, a la política, a las relaciones de pareja, a los negocios, a la vida. No se sabe si Nicolás se está leyendo a Sun Tzu, el caso es que sus movimientos desconciertan y enloquecen a los señores estrategas de guerra sucia del lado de allá, y a más de un sabelotodo del lado de acá. Como estos tipos se esmeran más en promover el insulto barato que en mostrarle al público las cualidades o torpezas reales de la persona atacada, y como Nicolás Maduro Moros un día parece que tambalea y se cae y al día siguiente ejecuta una jugada magistral que descoloca a todo el mundo, sobre el Presidente se ha creado una extrañísima imagen prefabricada: de él se dice que es un señor muy poderoso y muy débil. Al mismo tiempo.

Sólido pero quebradizo. Maquiavelianamente perspicaz pero bruto y torpe. Inteligente y descerebrado, todopoderoso y aislado, impopular pero seguido por una multitud (de marginales y locos, por supuesto, y eso no merece llamarse gente). Frío pero caliente, definitivamente rajado pero absolutamente incólume. En este tiempo de comunicaciones desbordadas, la gente ya no es lo que es sino lo que los demás dicen que uno es, y “los demás” no suelen ponerse de acuerdo. Nicolás viene a ser, entonces, a los ojos de esa clase de brillantes analistas capaces de llamar a alguien comunista y fascista al mismo tiempo, una especie de híbrido flojo y potente, blandengue y autoritario, genial y al mismo tiempo estéril de la cabeza. La pesadilla ornitorrinca adulterando el sueño de los expertos en propaganda e imagen.

El Nicolás Maduro presidente es un caso extremo de aptitud para la supervivencia, por mucho que a sus detractores les guste acusarlo de tener un inmenso poder y tal vocación maligna para su ejercicio que lo hace merecer el calificativo de tirano. En agosto de 2013 la revista Zeta publicó una imagen suya que hizo salivar al fascista promedio: un primer plano donde salía aburrido o cansado, entonando el himno a media voz, y esa cara de tristeza o agotamiento en el rostro coronada con el titular de la sentencia definitiva: “No aguanta más”. Le daban un empujoncito y se caía. Eso fue hace ya cuatro años, y los encargados de darle el empujoncito están presos, derrotados y/o desprestigiados entre su propia gente.

EN CUBA POCO ENTENDIERON EL PORQUÉ DE SU LLAMADO A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE; OÍMOS COMENTAR EN LA HABANA QUE SE TRATABA DE UNA JUGADA DE SALTO AL VACÍO, SIN POSIBILIDADES DE ÉXITO. POCOS MESES DESPUÉS LA CONSTITUYENTE DA FRUTOS Y COMIENZA A ENGRANARSE CON LOS MECANISMOS DE FUNCIONAMIENTO DEL PAÍS

También se propagó por las redes un meme en el que aparecían las fotografías de Saddam, Gadafi, Mussolini, Ceausescu y, al final, una de Nicolás. La leyenda decía: “Si cayeron esos, ¿no va a caer este güevón?”. Se promovía, como se promueve ahora, la ilusión de que Nicolás era el pazguato llamado a derrumbarse, junto con el chavismo a la muerte del Comandante, y mucho chavista cedió a la imagen fabulada de un líder que jamás sería como Chávez y, por lo tanto, no iba a soportar ni una fracción de las presiones que Chávez soportó. Lo proyectaron caído en pocas semanas o meses; hete aquí que el presunto güevón no solo ha soportado todo tipo de asedios sino que, de pronto, han comenzado a acusarlo de asediar a sus adversarios.

¿LENTO?

Sucede que Nicolás es, probablemente, el líder chavista en quien mejor se manifiesta una de las vocaciones más evidentes de la Revolución Bolivariana: la lentitud. No por falta de energía o de bolas (¡ah!, porque esa es otra: ahora todo el mundo parece creer que la capacidad para triunfar en política no se encuentra en el cerebro sino en los testículos), sino por la paciente manera de esperar para actuar. Por ese dejar que el enemigo se desespere y se agote para luego agarrarlo en la bajadita. Para la maquinaria mediática, presta a la telenovela, la contrafigura local de Nicolás es Leopoldo López. Leopoldo, que ha querido cobrar con intereses el tiempo de su prisión. Pero poca gente termina de entender cómo un carajo que gusta de compararse con Mandela perdió en unas primarias con un pizpireto como Henrique Capriles. Válgame Cristo: Capriles es más gris e insípido que el sobrenombre que le encasquetó Chávez en 2012 (La Chayota) y aun así su figura resultó más atractiva para el elector antichavista que el pretendido Mandela empresarial venezolano.

Los dos han protagonizado algunas peleítas tibias y en lenguaje indirecto por las redes sociales. Ambos han sido encarcelados. Ambos dicen ser descendientes de Simón Bolívar. Ambos se creen llamados a gobernar al país en una hipotética etapa de señorío neoliberal en Venezuela. Las encuestas decían que entre ambos sumaban más de 80% de las simpatías o adhesiones entre el antichavismo. Pues bien: sale Leopoldo de Ramo Verde para su casa, nuevamente se difunde la idea de que Nicolás “no aguanta más” y vienen estos dos próceres y se juntan en un video que les arranca orgasmos a las señoras de Caurimare y a sus mascotas esterilizadas. La juntura quiere hacer ver que, ahora sí, Nicolás va a tener que contener a ese pueblo ansioso por elevar a alguno de estos dos pingos a la presidencia. Nicolás se arrecha, devuelve a Leopoldo a su celda de Ramo Verde y el pueblo anda por aquí, bostezando cada vez que le nombran a esos señores líderes. Capriles, cada vez que intenta poner una mirada dura e implacable apenas logra un aspecto de becerro mirando alejarse su teta, mientras grita que el tiempo de Dios es perfecto: esos son los “duros” y “radicales”. Y el “débil e irresoluto” Nicolás sigue siendo presidente de la República.

ENTRE CUADROS

La formación y trayectoria de Nicolás tuvieron lugar en partidos y organizaciones de izquierda. En Cuba no solo entendió mejor qué cosa significa ser un “cuadro”, sino el método y el fuelle para comportarse como tal a lo largo de sus días. Militante que se respeta le otorga el debido valor a la lenta persistencia en las tareas y misiones que se le encomiendan. En Cuba poco entendieron el porqué de su llamado a una Asamblea Nacional Constituyente; oímos comentar en La Habana que se trataba de una jugada de salto al vacío, sin posibilidades de éxito. Pocos meses después la Constituyente da frutos y comienza a engranarse con los mecanismos de funcionamiento del país.

Por cierto que uno de esos mecanismos debería consistir en la resolución de problemas dolorosos, relativos a la producción y distribución de alimentos. La energía demostrada en su eficacia para torear golpes e insurrecciones debe ponerla al servicio de la inmensa tarea de tranquilizar las angustias cotidianas de un pueblo. Para esos efectos, la Asamblea Nacional Constituyente será su aliada en las horas que siguen. Mientras tanto, del lado de allá seguirá persistiendo el mismo plan: derrocar por las malas a un hombre que en 2018 tendrá que acudir a elecciones presidenciales. No lograrán derrocarlo con violencia; deberá discutir en su partido si vuelve a postularse o apoya a otro en su aspiración presidencial. Pero tal parece que ganar unos comicios no genera tanta adrenalina como ejecutar un golpe de Estado con sangre y linchamientos.

A ambos monstruos en gestación tiene que enfrentarse el que un día fue elegido, con una convicción “plena como la luna llena”, para manejar el carro de nuestra historia actual.

 

 

ÉPALE 240

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