No eres tú, soy yo

                                       Por Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                    Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

A decir verdad, toda la experiencia del amor es difícil: enamorarse, conquistar al ser amado, seducirle para mantenerlo siempre enamorado y… desenamorarse. De pronto ya no nos baila un gusano en la tripa, como dice la canción, y dejamos de vestirnos bonitos para ver al objeto de nuestro afecto. Ya no nos hace falta si pasan días que no sabemos de su persona, y de pronto empezamos a fijarnos en otras y otros. Llega el momento en que nos toca sincerarnos con nosotros mismos: el amor ha acabado.

Cuando esto pasa, lo difícil no es asumir que ya no estamos enamorados. Lo que cuesta es sincerarnos con nuestra pareja y decirle que ya no vamos pendientes de continuar. No se sabe por qué, pero cuando ya no estamos ilusionados cuesta un montón decirle la verdad. Creemos que si le decimos a esa persona que no vamos pendientes, le romperemos el corazón. Así que muchos en lugar de tragar grueso y hablar claro, lo que optamos es por ir desencantando a nuestro ser amado de a poquito.

Causas o excusas

Es cuando empezamos a desaparecer poco a poco. Dejamos de tener los detalles que antes teníamos a manos llenas. Ya no nos provoca llamar varias veces al día, y si aparecemos, somos más parcos y menos cariñosos.

En otros casos, no jugamos al desengaño, sino que más bien optamos por culpar a nuestra pareja por cualquier tontería para poder zafarnos más fácilmente sin dejar secuelas. En una ocasión me pasó algo así a mí. Un enamorado andaba muy insistente escribiéndome todos los días, e incluso me salió con la amenaza “cuando te vea, te doy un beso”. Sinceramente, ni borracha me imaginaba compartiendo saliva con ese elemento. Cuando de repente me tocó vivir una situación personal fuerte, y el admirador mío no asomó para brindarme apoyo, ahí encontré la excusa perfecta para salirme del paquete. “Nunca me ayudaste con mi mudanza. Si no quisiste ayudarme cuando más lo necesité, ya no quiero verte ni saber de ti”, así logré despachar a un tipo que en realidad nunca me había interesado.

Si de pronto en tu relación las peleas se han empezado a tornar frecuentes, y tu pareja te culpa por cualquier cosa, lo más probable es que en el fondo el amor se haya terminado. Muy seguramente tu ser amado está esperando que tú te canses, y tomes la decisión de cortar la relación. Un gran amigo mío, que está siendo engañado por su novia, me decía que si él terminaba la relación “se marchaba por la puerta grande”. Nada más falso. Cuando una relación se termina, no importa quién toma la decisión de cortar. Normalmente más bien, quien decide irse le cede el testigo al otro para que le dé matarile a la relación.

Otra manera de cerrar un ciclo es mediante el mea culpa. Así, el clásico “no eres tú, soy yo” aparece en escena. Excusas similares a esta estrategia son “estoy confundido”, “mi vida está tomando otro rumbo”, “necesito estar solo”, y afines. Si tu pareja de pronto empieza a hacer planes futuros y no te incorpora en ellos, o si más bien deja de conjugar el “nosotros” para hablar de futuro, empieza a despedirte.

Están también quienes simplemente desaparecen olímpicamente y ya. Estos especímenes son los que han llenado los barrios de niños sin padre. Las canciones “Papa was a Rolling Stone” y “Oye cucú, papá se fue” son las bandas sonoras de esta técnica de escape.

No siempre el amor se termina porque haya aparecido otra persona. A veces la dinámica de la relación se agota. De repente nuestra pareja se aburre y ya deja de entusiasmarse ante la idea de estar con nosotros. Cuando el desamor surge por una infidelidad, lo más común es que veamos que de repente nuestra pareja se comporta distinto: se arregla más, usa perfume, y desaparece misteriosamente en algunos momentos del día. También podemos encontrar detalles extraños en su carro, y en su Facebook, escribe estatus misteriosos. Se dice que siempre sabemos cuándo nos están montando los cuernos. Si tenemos sospechas de infidelidad, lo mejor es enfrentarnos de una a la verdad, y recoger los pedazos rotos del corazón, pero marcharnos con dignidad. No tiene sentido pelear para salvar un amor que ya no existe.

Hablemos claro

Lo mejor en realidad es que agarremos fuerzas y seamos honestos. Nadie merece que jueguen con sus sentimientos, y duele más que a uno lo dejen en visto. Y si nuestra pareja de repente se empieza a comportar extraño, que no nos falte el valor para confrontarla y sincerar las cosas.

Todos los finales siempre duelen. Pero es mejor cuando las cosas se terminan hablando claramente a
calzón quitao.

ÉPALE 398