POR TATUN GOIS • @LASHADAS1974 / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE294-SOBERANÍASNo sé si será por egoísmo o por falta de interés, pero cómo les cuesta a algunas personas pensar en el placer de su amante, sea ocasional o compañerx en una relación estable. Hablemos claro: si en la cama estamos dos personas es justo y necesario que ambas personas disfruten el hecho de modo equitativo.

Sí, sí… yo sé que hay gente pa to; y así como hay quienes se conducen de un modo más activo, también hay quienes lo hacen de un modo más bien pasivo y sienten una mayor complacencia en recibir que dar, mientras que para los primeros es al contrario. Pero el tema es otro. El asunto que quiero plantear aquí es que, más allá del desempeño de cada quien, ambos merecen ir a la cama sintiéndose deseados, amados, esperados, seducidos. Por tanto, esa vaina de excusarse en los escrúpulos para no tocar a quien te toca, para no llegar a cierto recodos erógenos del cuerpo del otro es una coñoemadrez; y me disculpan la grosería, pero un eufemismo en este punto sería poco menos que complicidad para ese egoísmo cómodo de quienes se excusan en los lugares comunes de “es que yo no sé hacer eso”, “es que tú sabes más que yo”, “es que eso no me gusta”, para someter a su pareja a una especie de pausa  injusta en su sagrado y merecido proceso de placer. Ciertamente, el placer de cada individuo es, en primera instancia, responsabilidad de cada quien, de acuerdo. Pero no me vengan con cosas: es triste tener que acudir a la “autogestión” en el lecho que compartes con la persona que te da nota y a la que, se supone, le gustas también; porque, para eso, bien que podrías autocomplacerte solx y listo.

Además, no podemos dejar de lado el hecho simple de que más notorio en algunos casos que en otros todos los seres humanos somos amor, necesitamos amor y un “polvito”, así sea con un ilustre desconocido. Es, en resumen, un acto de amor. Es desgastante procurarle placer a la persona que te gusta, porque esa cara de gusto eleva al máximo la propia excitación del activo, o activa, en el hecho. Ojo, esto puede pasar en parejas heterosexuales, homosexuales, ambiguas y baidegüei… a fin de cuentas, todas las relaciones son entre seres humanos.

Hay que pensar en el otro, hay que ponerse en su lugar, en cómo puede sentirse alguien que se esmera en complacerte y que no recibe de ti la misma atención. Si no te gusta el sexo oral, si los olores corporales te molestan; si no te sientes capaz de decirle a nadie que te excita, que te gusta, que le deseas es mejor que evites el sexo, no seas rata. Así seas un tipo guapísimo, o una caraja superexplotada, esa persona que te hace el amor, que te dice cositas hot, que te hace ver estrellistas también tiene un cuerpo; quizá no como el tuyo, estéticamente hablando, pero idéntico en terminaciones nerviosas y zonas erógenas. Es tan simple como el hecho de que si no hay contraestímulo en el sexo las ganas de repertirlo se irán diluyendo.

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