No es No

Por Ketsy Medina Sifontes / Ilustración Justo Blanco

El lugar más seguro para nuestras hijas e hijos dicen que es el hogar, pero en realidad el lugar más seguro no lo constituye un espacio físico. Enseñarles desde temprana edad a decir no es una de las maneras más efectivas y necesarias para ofrecerles herramientas para su autodefensa.

Este argumento se basa en datos suministrados por distintas estadísticas realizadas a nivel mundial, donde se destaca que el abuso sexual infantil, en más de 50% de las agresiones registradas, suceden en el hogar de la víctima. Dentro de ese universo resaltan como agresores, en 70% de los casos, a familiares; y los responsables de estos crímenes que pertenecen al género masculino suman 80% de los casos.

En Venezuela no contamos con estadísticas oficiales que nos permitan conocer el grado de protección o desprotección al que se enfrentan nuestros niños, niñas y adolescentes; sin embargo, el seguimiento en prensa de los feminicidios realizados desde inicios del año 2019 por la antropóloga y activista de los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia, Aimee Zambrano Ortiz, han empezado a revelar alarmantes cifras.

A ocho días del mes de enero, arrancando 2020, se registraron ocho feminicidios, dentro de los que se incluye el de Anubis Contreras Peña, de solo 9 años de edad, siendo su asesino un adolescente (vecino) de 16 años. Y el feminicidio de la adolescente Geraldine Quintero, de 16 años, de quien aún se desconoce el nombre del o de los responsables. Ambos crímenes ocurrieron en el estado Mérida.

La crianza, sumada a patrones de enseñanza en los que se premia la sumisión y la obediencia sin cuestionamientos como parámetros de valoración del comportamiento y la “buena educación” de los niños, niñas y adolescentes en una sociedad conservadora y profundamente religiosa, han dado pie a que el silencio haya ocupado vastos espacios en muchas familias venezolanas.

Por vergüenza, padres y madres, antes que presentar una denuncia en los órganos de seguridad competente, terminan casando a sus hijas con sus violadores. Un embarazo fuera del matrimonio o la pérdida de la virginidad y el honor de la familia han sido los detonantes moralizadores para la legalización de un delito.

Hasta hace no más de seis años el Artículo 46 del Código Civil Venezolano establecía que la edad mínima para contraer nupcias para la mujer era 14 años de edad, y para el hombre 16 años. Este tipo de lógicas jurídicas han consentido, incluso en países como Estados Unidos de Norteamérica, que en algunos Estados se apruebe como edad mínima los 12 años de edad, favoreciendo así los matrimonios forzados, situación que se extiende en el mundo entero y deja en estado de desprotección a miles de niñas en todo el orbe.

Enseñar a nuestras hijas e hijos a decir no les permitirá defenderse y rechazar los argumentos típicos utilizados por los agresores, quienes aprovechándose de una relación de confianza les permite aplicar las artimañas donde, haciendo uso de amenazas veladas y sugerencias de lo que debería ser un buen o una buena niña, se abren las puertas para lograr que sea aceptada las más temida de las invitaciones: compartir momentos a solas.

ÉPALE 355