ÉPALE 236 ENTREVISTA 3

INGRID BARÓN COMPITE EN PETARE POR LA CONSTITUYENTE EN LO TERRITORIAL. LA LUCHA ES DURA, NO TIENE LA PLATAFORMA PROMOCIONAL, PERO SÍ UN KILOMETRAJE INMENSO DE LUCHAS POR LOS DERECHOS HUMANOS DE QUIENES, MÁS QUE NADIE, CONOCIERON EL INFIERNO: LOS SEXODIVERSOS

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO  ⁄  FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

 

Ingrid vive en Petare, su chica vive en Bogotá. Pero estamos en Caracas: aquí todo el mundo hace preguntas.

—¿Y NO DICEN QUE AMOR DE LEJOS ES AMOR DE PENDEJAS?

—Bueno, seremos unas pendejas conscientes. Más allá de eso hemos madurado y ella tiene una misión de vida donde está.

—¿NO HAS PENSADO IRTE?

—Puede ser que lo haya pensado pero es que mi patria pesa mucho; Chávez pesa mucho en mi conciencia. Cómo dejo a mi país en esta situación. Cómo dejo a tantos jóvenes, muchos engañados, otros esperanzados, otros que oyen nuestra voz. No quiero ser vanidosa, pero muchos nos siguen y nos preguntan ¿Ingrid, qué hacemos?, ¿para dónde vamos? Y te dan ánimo porque, no creas tú, somos seres humanos, y hasta yo misma a veces he estado que ya no puedo más. Pero son esos jóvenes y esas chicas las que nos dicen “levántate, deja que este momento pase”.

Ingrid Barón tiene 45 años, vive en Vista Alegre, Petare Norte, frente al Cabletrén, y porta tres tatuajes como insignias sobre sus brazos: una estrella llameante, un pegaso con los colores de la diversidad chispeando en sus alas y la rúbrica de Chávez en su antebrazo derecho.

“Nosotros venimos del infierno”, afirma desde el velo tembloroso de sus labios. No parece demagogia: la diversidad sexual, en este país de tópicos machistas, conoció el averno cuando se llamaba, supongamos, bulevar de Sabana Grande, que llegó a convertirse, entre los años 80 y 90, en un corredor audaz y peligroso para fraguar pactos de amor. Allí conoció en carne propia la intolerancia, la persecución policial, el escarnio público y la cárcel. Era la época de la “ley de la peinilla”, cuando reclamar derechos humanos se saldaba con un planazo en ese culo y pa’l calabozo, gracias a la tenebrosa Ley de Vagos y Maleantes.

La acompaña Natacha, otra lideresa del movimiento LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) y devenida en animadora estrella de la multitudinaria marcha del orgullo gay, que se celebró en Caracas el 2 de julio pasado y quien, de vez en cuando, le sopla un dato para completar alguna respuesta.

Nunca fue seguidora de partidos políticos, pero la irrupción del movimiento revolucionario, desde su génesis en febrero de 1992, le hizo canalizar su rebeldía en la Unidad Popular Venezolana (UPV), de la mano de la propia Lina Ron, a quien siguió para confrontar las injusticias contra su gremio y las leyes e instituciones que desde el Estado naturalizaban la persecución, la tortura y el encarcelamiento.

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Ingrid y Natacha batallan en equipo

“A mí me detenían, prácticamente, tres veces por semana, con compañeras o sola. A veces me detenían en la noche, me soltaban por la mañana y ya en la noche siguiente me volvían a detener”.

La candidata territorial a la Asamblea Nacional Constituyente por el municipio Sucre del estado Miranda, clasificada con el número 9, no tiene empachos en hacernos una confesión erótica: “El único hombre que me ha erizado la piel fue Chávez”. Se ríe.

“Asumo esta lucha como la misión de proteger a la juventud que ha nacido en revolución, independientemente de que sea opositora o chavista, porque pienso que no aguantarían una situación como aquella…Por otro lado, los LGBTI de oposición no se imaginan lo que pueden llegar a vivir si aquí llega un gobierno de derecha. A Tamara Adrián no la han dejado ni siquiera promulgar una sola ley. Una agenda LGBTI que presentó fue rechazada por uno de sus líderes porque no era prioridad, le dijeron que esas son leyes para el primer mundo”.

—¿SE HA AVANZADO ALGO? 

—De 1999 a esta parte es mucho lo que hemos avanzado, que se observe poco es otra cosa. En 1999 se midió un hombre homosexual (Oswaldo Reyes), ya fallecido, que no quedó, pero fue el primero. Seguimos andando. Empezamos a organizarnos y a tener vida orgánica con una conciencia revolucionaria. Le derecha LGBTI nos decía que no podíamos politizar el movimiento porque era un tema de derechos humanos y nosotros, hasta cierto punto, lo respetábamos. Pero entonces comenzamos a ver a personajes como Tamara Adrián abriendo espacios a diputados de la derecha en escenarios apoyados por las instituciones revolucionarias. Eso fue como una bofetada y nos dejamos de pendejadas. Empezamos a trabajar para empoderar el movimiento, políticamente. Nace el Bloque Socialista de Liberación Homosexual, del cual fui fundadora; y en 2007, en plena Reforma Constitucional, nos fuimos a un congreso en Perú donde fue increíble ver a un grupo en el que estaba una venezolana quien, cada vez que terminaba un foro, ponía fotos de supuestos presos, muertos, descuartizados, de supuestas cárceles venezolanas. En otro país, que no era el mío, me enfrento a toda esa información que salía de mi país, trucada, y todo el daño que eso estaba generando. Ahí me concientizo hacia otro mundo, la parte internacional; conozco que la influencia que reciben afuera es de la derecha a través de la manipulación mediática. Así llego al Polo Patriótico y empiezo la cacería de Soto Rojas para participar… No sabía a lo que me iba a enfrentar: estaba con sindicalistas, campesinos, petroleros, feministas, mujeres, afrodescendientes, y yo llevándoles un mundo nuevo y estigmatizado hasta más no poder. Ahí empezamos un trabajo de desmontaje cultural.

—¿CÓMO TE RECIBIERON?

—Nunca fue un rechazo. Claro, era algo nuevo. Me acercaba a su entorno, hombres maduros que venían de la Liga Socialista y tal, y le mandaba a decir (a Soto Rojas) que la diversidad sexual venezolana quería participar.

Cuenta que cuando la agarraban de chiste los confrontaba desde una manera amena: los abrazaba con la bandera y les decía: “Viste que no se pega”. Con humor y amor.

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“Le digo a nuestros políticos, cuando se ponen fuertes: ‘Tú no te imaginas la carga cultural que pesa sobre mis hombros. No es fácil decir soy lesbiana y, de paso, política. Además, tengo aspiraciones de derrumbar toda una cultura ancestral, machista, patriarcal, misógina, homofóbica, lesbofóbica, transfóbica, llena de miedos, llena de tabúes’. Asumir esa responsabilidad no es nada fácil”.

“Los activistas del LGBTI debemos ponernos en el zapato del homofóbico, del discriminador o discriminadora, porque es un problema cultural”.

EL ARTE DE AGUANTAR ROLO

Ingrid es pequeña, fornida y su rostro se ilumina como un relámpago con cada sonrisa, para lo que no es mezquina. Tiene dos hijos: un varón de 26 años que la acaba de hacer abuela y es heterosexual; y una niña que crió y es “completamente sana”, como ella misma enfatiza.

Aunque no con nostalgia, aún recuerda cómo el metal de la peinilla les marcaba la piel y dejaba morados color berenjena en los días alocados de los encuentros furtivos del bulevar. “Cuando salíamos de la comisaría nos reuníamos para mostrarnos las heridas. A mí una vez un funcionario, que le decían Rambito, en Sabana Grande, me dio una cachetada, y como le sostuve la mirada casi la repite, pero con la peinilla”.

“DENTRO DE LA REVOLUCIÓN HAY MUCHO SEXODIVERSO QUE ESTÁ DISPUESTO A DAR LA VIDA POR ESTE PROCESO PORQUE SABEMOS QUÉ PODEMOS PERDER”

La Ley de Vagos y Maleantes, recuerda, implicaba de tres a seis meses hasta dos años, por hacer nada. A las lesbianas les llamaban macho sin bolas: “Ah, ¿tú quiere ser macho? —les decían—, aguanta tu rolazo”. La peor parte se la llevaban los transexuales, los hombres gay y las lesbianas masculinas. Muchos fueron violados y asesinados.

De su experiencia militante, que la ha llevado a conocer al país desde adentro, resalta su impresión al conocer las luchas regionales de la plataforma LGBTI, cuyo mayor impacto fue encontrar en Barinas, de manos del gobernador Adán Chávez, un apoyo irrestricto a la sexodiversidad. “¿Cómo eso no se sabe? Estamos viviendo en una burbuja, las regiones no están siendo reflejadas”.

Artífice, entre otrxs luchadorxs, de la Base Lésbica Venezuela en 2009; es creadora de la plataforma de Mujeres Lesbianas Revolucionarias de Venezuela Ángela Davis, en 2015, surgida en el marco del congreso de las mujeres; y promotora del Consejo Patriótico de la Sexodiversidad del Gran Polo Patriótico, en 2012, estando Chávez en Cuba, durante el tratamiento de su enfermedad.

Argumenta que el surgimiento del Plan de la Patria fue un espaldarazo definitivo y profundamente alentador para el movimiento, pues plasma la sexodiversidad con nombre y apellido, por la calle del medio. “Ya era algo tipificado, escrito, algo por que luchar. Nos dio la esperanza de que si dábamos la lucha, si conquistábamos los espacios ya valía la pena, y teníamos cómo exigir más allá del artículo 21 de la Constitución, que no profundiza en el tema de la discriminación”.

LA AGENDA CONSTITUYENTE

Hay asuntos que no son notorios, pero están inscritos en el mapa de la infamia. Hoy, como ayer, cuenta Ingrid que a más de un transexual, por ejemplo, le han acusado de usurpación de identidad tras largas colas para adquirir productos alimenticios, pues su rostro, su nombre, su aspecto no se corresponden con lo que aparece en su cédula de identidad. A muchos les destruyen su documento legal y, luego del escarnio, los someten a averiguaciones.

“Siempre digo, y me vas a disculpar esta expresión, que este no es un tema de maricos y maricas: es un tema político, económico y de salud. ¡Imagínate lo que se puede afectar una persona cuando ni siquiera puede hacer mercado por su apariencia! Han llegado, incluso, a prohibirle el derecho a la vivienda a personas de la sexodiversidad porque es lesbiana y no tiene hijos, o porque vive con otra mujer, o porque es un hombre y vive con otro hombre, o simplemente te dicen: ‘No, es que ustedes no lo necesitan’”.

—¿NO ASPIRABAN ENTRAR EN LA CONSTITUYENTE COMO SECTOR?

—No, ¿para qué? Si transversalizamos muchos sectores: afro, indígena, campesino, pescador, estudiantes, jóvenes, etc. Nosotros, más allá de estar como otro sector, queríamos demostrar que tenemos una plataforma nacional y trabajo territorial: no vamos al territorio, estamos en el territorio.

Insiste en que la lista de temas pendientes es extensa: lo comunicacional, lo socioproductivo, lo económico, la vivienda (que ha sido la demanda desde sus inicios), lo tocante a la salud reproductiva, la reproducción asistida, el tema de salud para la comunidad transexual, la hormonización, protocolización para su adecuación sexual y corporal, etc.

—¿NUESTRAS LEYES, EN GENERAL, LES EXCLUYEN?

—Fíjate. Ni siquiera buscamos, y eso lo podemos incluso negociar, que constitucionalmente se diga “matrimonio civil igualitario”. Pero sí, por lo menos, que el artículo que lo estipula diga “uniones entre dos personas, mayores de edad”, corregir el Código Civil; eso se puede hacer. Es más, ni siquiera queremos que diga que la sexodiversidad tiene derecho a casarse sino, simplemente, universalizar el derecho a las uniones, sea del sexo contrario o igualitario.

—TODAVÍA HAY CARGA HOMOFÓBICA, INCLUSO ENTRE LOS NUESTROS

—Hemos hecho una lucha con nuestra propia gente. Los abordo, no solo a los dirigentes sino también a militantes, como tú, como yo. “Compañero, ¿usted realmente es chavista? Porque Chávez no discriminaba”, les advierto. El personaje es ladrón, es vicioso, es chulo, es asesino, cualquier defecto, pero no es su condición sexual la que debes usar para desmeritarlo, porque dentro de la Revolución hay mucho sexodiverso que está dispuesto a dar la vida por este proceso porque sabemos qué podemos perder. Venimos de las entrañas del infierno, y volver no es una opción.

 

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