POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE288-FILO Y BORDEEn la tradición judía y cristiana la prohibición de matar quedó asentada en tiempos de Moisés, entre los preceptos que Dios habría ordenado cumplir. Es, que duda cabe, un mandato incontrovertible. Contradecir el Quinto Mandamiento suscita un conflicto ético profundo. Sin embargo, frecuentemente nuestro mundo nos obliga a confrontarlo, aunque no tengamos conciencia de ello. Una de las formas típicas de este conflicto subyace bajo la fórmula de matar a uno, o a unos pocos, para salvar a muchos. La hemos visto en decenas de películas y series, pero también lo hemos experimentado en la realidad. Los asesinos de masas han aprendido a usar esta narrativa para conseguir el apoyo de la opinión pública. Los asesinatos de Saddam Hussein y Muamar el Gadafi son solo dos de los ejemplos más recientes.

Con mi tristeza y rabia de ateo he visto a muchos buenos cristianos aplaudir esos crímenes, quizá sintiendo que habían participado en la ejecución y, con ello, habían hecho un bien a la humanidad. No sé si luego se habrán enterado de que en Irak se calcula más de un millón de muertes como resultado de la invasión, por lo que se puede deducir que, más que “salvar” a nadie, el apoyo a la guerra de Estados Unidos condenó a muerte a más de un millón de personas.

Cuando comenzó la agresión a Libia leí a algún imbécil de la oposición venezolana, quien decía apoyar “el retorno a la democracia”. No sé dónde habrá leído sobre la historia de Libia, pero sí sé que su complicidad apuntaba, como en efecto ocurrió, al asesinato de cientos de miles. Hoy, quienes apoyaron esa “lucha por la libertad” conquistaron una Libia tan “libre” que tiene tres gobiernos que se enfrentan a tiros por el control territorial. Uno de ellos el reconocido por la ONU, en 2017 emitió el Decreto 6, que prohibía a las mujeres libias menores de 60 años viajar al extranjero sin un tutor legal varón. Tras la indignación pública fue sustituido por el Decreto 7, que dispone que ninguna mujer ni hombre libio de entre 18 y 45 años puede viajar al extranjero sin una “aprobación de seguridad”.

Aunque los resultados criminales eran previsibles vimos a Bush feliz por asesinar a Hussein, a Obama disfrutar de la muerte de Bin Laden y a Hillary reír por el asesinato de El Gadafi. En Venezuela hemos sido testigos de cómo gente de la oposición juega con cifras de miles de muertes, que cambiarían el rumbo del país, al proponer eliminar el predominio de las fuerzas populares. Sospecho que no dejan de sentirse cristianos mientras sueñan con asesinar.

Desde mi visión de ateo defiendo el “No matarás”. Pero creo que hoy también se requiere saber que la opinión pública puede abrir las puertas al exterminio masivo y que nuestro apoyo, o silencio, pueden ser asesinos.

ÉPALE 288

Artículos Relacionados