ÉPALE 237 LIBREMENTE

POR MIGUEL POSANI  @MPOSANI / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Hay momentos en la vida en que nos vemos sometidos a grandes dolores, sensaciones de angustia, profundos estados de tristeza o nos dejamos dominar por la rabia y el odio.

También existen esos días en que todo parece ir mal: te despiertas y no hay agua, te vas a vestir y no tienes ropa limpia, no hay autobús, la ciudad está colapsada por el tráfico y, además, te das cuenta que dejaste tus documentos en casa y no trajiste almuerzo; llegas tarde a una reunión, te reclaman por algo que no es tu responsabilidad, tienes dolor de cabeza… y así sigue todo tu día.

O no tiene que irte mal todo el día, pero se da un evento, una situación inesperada que te amarga todo el día. Y te quedas ahí: rumiando ese asunto como una vaca, inconscientemente.

O tal vez este día tenías una inmensa expectativa puesta en algo, una persona, un trabajo, etc. Esa expectativa se te revela totalmente equivocada e ilusoria, entonces te hundes en el pantano de tu tristeza y tus discursos recriminatorios y te quedas ahí sintiendo lástima de ti mismo.

O te enfrentaste a un reto en tu vida y no lo superaste como esperabas. Es más, la realidad te dice que no, que no tienes habilidades para ello.

O simplemente te dijeron muchas veces, hasta hacértelo creer, que la vida es dura y que hay que ser serios, estar en pie de guerra día y noche, al acecho, en la sobrevivencia, en el “¡quién va ahí!”; por eso mejor nunca te rías porque después, seguramente, vas a llorar.

Todas estas situaciones generales, que puedes nutrir con tus ejemplos particulares, son parte de una perspectiva interiorizada por todos nosotros, son parte de una cultura del ego, del miedo, del susto, de la angustia y el pánico, una cultura de la supervivencia del más vivo.

En todas estas situaciones el ego se siente herido, maltratado, dolido, no respetado, no considerado. Y viene el sufrimiento, que muchas veces se engancha emocionalmente con situaciones traumáticas del pasado.

Siempre habrá problemas y situaciones complicadas o por resolver, el problema es cuál va a ser nuestra actitud. Porque, si bien una piedra es una piedra, depende de para qué la necesites: yo le daré una valoración diferente.

Si resolvieses mal una operación matemática y cuando te lo dicen lo asumes desde tu ego herido, que se cree infalible, y te sientes mal, seguramente no llegarás a resolver tu error. Pero si simplemente tomas nota, tomas distancia y observas el error, lo corregirás y seguramente lo resolverás.


EJERCICIO

Con esto queremos decir que siempre es mejor mantener una posición distante frente a los problemas que nos aquejan y, como ejercicio, asumir todos los días, a cada minuto, lo siguiente: por dentro de ti, en todo momento, ríete de todo.

 

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