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POR MALÚ RENGIFO • @EPALECCS / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Durante décadas fue el programa número uno de la televisión humorística, traducido a más de 50 idiomas y transmitido en más de 90 países. Incluso naciones como Turquía, China, Rusia y Angola, entre muchas otras, igual de ajenas a la cultura latinoamericana, han reído durante décadas con las sencillas aventuras de El Chavo, La Chilindrina, Quico, Ñoño y los adultos que les acompañaban.

Hablemos de números: las ganancias que la historia de este niño pobre le ha proporcionado a Televisa superan los 1.700 millones de dólares, solo desde 1992. En sus años de mayor auge era posible que 350 millones de personas sintonizaran simultáneamente un capítulo de El Chavo del 8; y en la actualidad, luego de 25 años desde la transmisión de su despedida, se estima que la audiencia diaria de este programa en todo el mundo todavía supera los 90 millones de personas, hecho asombroso en los tiempos de las pantallas de alta definición. Ni los colores opacos ni los precarios usos del fondo croma ni los chistes fáciles repetidos hasta el desgaste han logrado horadar el magnetismo del niño ese, con cara de viejo, que siempre anda con hambre y que llora diciendo “pipipipipipipi”.

Como todos los grandes éxitos, la cuota de detractores de la vecindad del Chavo es numerosa. Que si por aquello de la violencia contra los niños, los chistes discriminatorios, los antivalores y el clasismo arraigado en cada uno de los personajes de la serie. Aún así, ninguna de estas críticas logró mermar el cariño que la audiencia le profesa al personaje más famoso creado por Roberto Gómez Bolaños, como sí pudieron haberlo hecho los chismes y los conflictos que fuera de la pantalla lo separaron para siempre de varios de sus compañeros de aventuras.

Los problemas iniciaron temprano, cuando Florinda Meza dejó su relación sentimental con Carlos Villagrán para inmediatamente iniciar un romance con el director de la serie y, posteriormente, establecer una relación sentimental con Chespirito, a quien acompañaría por el resto de su vida. Villagrán, al poco tiempo, quiso utilizar el personaje de Quico de manera independiente, aunque inicialmente obtuvo la égida de Roberto Gómez, pronto se vería envuelto en una serie de demandas y acusaciones que le  valieron el veto en gran parte de los más importantes canales de televisión de América Latina. María Antonieta de las Nieves corrió con la misma suerte hasta 2013, cuando un juzgado le adjudicó los derechos sobre La Chilindrina; hasta Ramón Valdés, después de muerto, fue acusado por Florinda Meza de haber sido adicto a las drogas.

Luego de la transmisión del último capítulo de El Chavo del 8 ninguno de los actores, excepto Chespirito y Florinda Meza, percibieron ganancias por la retransmisión de los capítulos de la serie y el uso de los personajes en juegos de video, aplicaciones y otros muchísimos productos lanzados al mercado. Los demás, al cabo que ni querían.

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