No te las eches de atleta

Por Clodovaldo Hernández  • @clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

A continuación te voy a dar –sin que tú me la hayas pedido– una de las recomendaciones más controversiales de las muchas que pueden surgir en este mundo del correr y el trotar. Es esta: “Por lo que más quieras, no te las des de atleta”.

Sucede que hay, por así decirlo, dos grandes corrientes en esto: los que tan pronto adquieren la capacidad de darle un par de vueltas a un parque ya se creen unos deportistas de alto rendimiento y se dedican a cacarear sus logros; y los que saben que esa no es más que otra de las muchas ilusiones del ego.

Claro que entre los que se pavonean como atletas hay unos cuantos que lo hacen porque están convencidos de que ese es uno de sus derechos. Recuerdo un amigo con el que hablé del tema hace ya unos cuantos años. Me dijo que él sí se lucía e iba a seguir luciéndose porque se lo merecía. “Me paro a las cinco de la mañana y salgo a correr cinco veces por semana, con frío o con calor, con lluvia, con dolores… Lo mínimo que puedo hacer es echármelas”.

Bueno, si esa es tu razón o alguna similar, es bastante comprensible. Pero ten en cuenta que la gente que presume de sus hazañas atléticas (sean estas reales o muy infladas por la narrativa), cae mal, especialmente entre los sedentarios. Las personas que no realizan actividades deportivas –en particular si están un poco pasadas de peso o evidentemente oxidadas– toman esos relatos épicos como una ofensa personal. Tus alardes funcionan como un recordatorio de su achante, de su falta de voluntad, de su deterioro físico.

Te advierto que la echonería del trotador ha causado daños graves a la imagen de individuos que tenían un buen círculo social hasta que empezaron a correr y adquirieron la costumbre de contarle a todo el mundo sobre sus faenas de ejercicio. A partir de entonces, los compañeros y amigos empezaron a sacarle el cuerpo. Si notas que los allegados cuchichean y disuelven las reuniones cuando te ven llegar, es posible que estén diciendo: “Ahí viene el que se cree Usain Bolt, mejor vámonos”.

ÉPALE 404