POR NATHALI GÓMEZ @LAESPERGESIA / FOTOGRAFÍAS HENRIETTA SALTES

Bajo la cornisa del Teatro Principal, en la esquina del mismo nombre, en el centro histórico de Caracas, está el puesto de Marbin Sánchez y Paúl Toscano, su padre. Aunque el tarantín de madera no está identificado, ella cuenta que se llama Pan con Chocolate, como la empresa de producción familiar a la que pertenece y que se dedica a la elaboración de todo tipo de dulces. Hablamos rodeadas de bolsas de suspiros, que le dan un sensación etérea y celestial a la tarde del sábado. Una pareja de abuelos se acerca a preguntar y Marbin responde presta. Los hace oler el cacao molido que vende, cierran los ojos y quién sabe a dónde viajan. La vejez queda muy cerca de la infancia. A nuestro lado hay una hilera de seis puestos que forman parte de la Ruta Gastronómica del casco.

Marbin cuenta que, tras la enfermedad de su padre, maestro bombonero, hace unos 15 años, el negocio familiar dio un viraje. Ahora se dedican a la elaboración de dulces de chocolate y postres “sanos, naturales y alternativos”.

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De entre una montaña de galletas surgen unas que causan curiosidad, pues están hechas de harina de maíz y arroz. No tienen nada que envidiarle a las de harina de trigo. Al lado, está lo que me atrapó una tarde, cuando Pan con Chocolate tenía su estand en la plaza El Venezolano: unas tostadas saladas y con orégano, muy crocantes, que van bien con cualquier salsa. Lo más impactante es que están hechas con harina de trigo y arroz. El chasquido de estas láminas alargadas al morderlas es garantía de su frescura.

Para Marbin la escasez o el alto costo de algunos insumos ha sido una buena oportunidad para crear con otros. “Tenemos nuestra línea orgánica, sin aditivos, respetando las tradiciones de Venezuela”, explica.

Las manos de su familia hacen, además, empanaditas de plátano, postres con yuca, pan “y todo lo que pueda llevar chocolate”.

El cacao que utilizan algunas veces es de Barlovento, en el estado Miranda, otras de Sucre y otras de Mérida. “Ahora mismo no es época”, dice. Ellos compran los granos, los tuestan, los descascarillan y comienza a volar la imaginación.

“Tenemos un caramelo energizante de chocolate que tiene 80% de cacao puro”, agrega. Además, venden el chocolate en polvo, para hacer té y en crema. .

Sobre las harinas alternativas, cuenta que para hacer la de arroz hay que hervirlo, hacerlo una masa y, a partir de allí, trabajarlo. En cuanto al maíz, debe tostarse, molerse para obtener la harina. “Cuando no producimos, estamos buscando dónde vender lo que hacemos”.

Otra de las sorpresas es un caramelo de leche de apariencia modesta. Henrietta, la fotógrafa, lo prueba y dice: “¿Te acuerdas del Vaca Vieja?”. Le respondo que claro, cerciorándome de que todas mis muelas estén en su lugar. Bajamos las escaleras que dan a la Plaza Bolívar, donde tantos y tantos dulces habrán engolosinado corazones. La tarde es nuestra.

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