Derroche en Navidad

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Entre septiembre y octubre nacen más niños en Venezuela. Es una estadística consolidada que manejan los obstetras para volver de las vacaciones, cavar sus trincheras y armar la carnicería de las cesáreas en sus clínicas privadas, ávidos de sangre. El dato, sin embargo, tiene una lectura un poco más allá de lo medible y es poderosamente revelador de lo imperceptible del comportamiento humano en una sociedad permeada por los imponderables: en diciembre la gente está tirando.

No es curiosidad ociosa ni información abstracta. El saber que en diciembre la gente copula (se coge a mansalva) más que en cualquier otro mes del año, nos da algunas coordenadas de las incógnitas que rigen el comportamiento de nuestros coterráneos en la cotidianidad navideña, más allá del predecible estupor frente al estallido de los precios de los ingredientes para la hallaca y el pan de jamón, amén del misterio que se oculta tras el destino de las 6.500 toneladas de pernil. Por ejemplo: si en diciembre la jefa llega con una sonrisa de oreja a oreja a la reunión de la oficina, pero, además, te responde los buenos días: estaba tirando. Si el muchacho que te vende el café en la esquina dibuja un corazón de leche sobre tu vaso de 60 soberanos, ese va a tirar. Si el chofer le aumenta 5 bolos más a la tarifa del pasaje, no cogió a ninguna de sus siete probables mujeres. Si el policía no te martilló hoy, tiró con gusto. Es posible que la muchacha que te atiende en la taguara le agregue tres servilletas más al envoltorio de tu empanada de queso: tiró a destajo. La voz en off del Metro que te avisa de las estaciones confundió Bellas Artes con La Hoyada, ese echó uno tempranero. Si el muchacho que te gusta te manda un mensaje en blanco por whatsapp, es posible que esté esperando por ti. Si la muchacha que te atormenta te manda un emoticón en forma de smile y le da like a todas las estupideces que publicas en el Facebook, a lo mejor quiere pa la cosa.

El dato también es revelador del desacierto de ciertas políticas públicas y la inutilidad de algunas tradiciones. ¿A quién le importa si en diciembre baja Pacheco o encienden la Cruz del Waraira Repano, si lo que va uno es pendiente de singar? En diciembre, por decreto, debe permitirse el ingreso al trabajo después de las 10 am y salir luego del mediodía, porque donde manda el deseo no mandan los horarios de oficina. La Alcaldía, en su afán por recuperar el Centro, podría establecer en los locales del Casco Histórico espacios para el desahogo carnal gratuito o, por lo menos, pagadero a través del Carnet de la Patria o descontable del cesta ticket. Puede ser que en una época sobre el festín amatorio de diciembre influyeran los efluvios alcohólicos del Ponche Crema y las irradiaciones de la levadura del Panetón. Pero al ver los precios hoy, lo más probable es que en usted bulla la ira y desahogue, con toda razón, las contrariedades de la vida metiendo y sacando, como Dios manda.

ÉPALE 306

 

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