Ilustraciòn Recetario 128_1

POR MALÚ RENGIFO/ @MALURENGIFO

De todas las categorías de comida pelabola, las recetas monoingrediénticas, de las cuales hemos hablado anteriormente en esta sección, son las predilectas, por la simple razón de que solo necesitas una cosa que se coma y algo de fuego para tener resuelta la papa. Pero no es fácil preparar una comidita verdaderamente sabrosa con un solo ingrediente, así que, asumiendo que el ajo y la cebolla son ingredientes de añadido caprichoso únicamente para darle sazón a la receta de hoy, podríamos decir que la yuca al ajillo es una receta monoingrediéntica de primera calidad, practicidad y nivel de optimización económica.

La base para la receta es muy sencilla: yuca hervida con sal, suavecita y preferiblemente fresca. Claro que ni lo primero ni lo segundo son condiciones privativas para la preparación de la yuca al ajillo: un buen pelabola tiene respuestas optimistas para cualquier circunstancia adversa. Ante la inminente ingesta de una yuca que no se ablanda, se contenta sabiendo que tendrá una alimenticia jornada de ejercicio maxilar. Así mismo, si la popular raíz no está fresca, seguramente su sabor y nivel nutricional haya aumentado de forma significativa con el paso de los días. Es decir: no se enrolla.

Ese mismo sentimiento de alegría que siempre le acompaña al pelabola es el que le hace saber que toda cosita adicional que se le agrega a una receta es un tesoro preciado que aumentará exponencialmente su nivel de sabrosura. Por eso, tarareando y revisando la despensa deja soltar una expresión de asombro con cada hallazgo: cinco pepitas de pimienta le hacen decir “¡jo, jo, jo!”; media cebolla chiquita se merece un “¡upa!”; tres dientes de ajo le hacen casi gritar “¡ajo!”, y como no hay más nada, se dispone a cocinar.

En otro momento de su vida pasada o futura, sabe el pelabola que pudo haber hecho o podrá hacer esta receta con aceite de oliva, pero como esta vez no es el caso, el pelabola vive el presente de manera soberana y, sin melodrama alguno, la prepara con aceite convencional, de maíz, de soya o del que tenga, menos de carro.

Lanza entonces el pelabola en un sartén a fuego medio los ajos machacados, la cebolla picada en tiritas delgadas, un chorrito de aceite y la yuca picada en trozos. Todo aquello lo sofríe, le agrega sal, pimienta, y cuando todo está dorado lo apaga y lo sirve en un plato donde queda bien bonito.

Ese es el secreto del ajillo: ajo, aceite y candela. Prácticamente cualquier cosa, como batata, berenjena, calabacín, champiñones (cuando paguen los cestatickets) y muchos otros ingredientes más, preparados de este modo, se gana automáticamente el apellido “al ajillo”, que además de nutritivo es muy chic, y suena como si hubiera muchísima comida en la despensa.

ÉPALE 164

Artículos Relacionados