ÉPALE300-CARACAS MONTE Y CULEBRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

¿Estás disfrutando estos aguaceros? ¿Te parece incómoda la lluvia cuando te agarra en la ciudad pero sabes que al final es una bendición? Bueno, pues, disfrútala, porque se-su-po-ne que en pocos días debe terminar la llovedera e iniciar el ciclo que en agricultura se llama “norte-verano”.

Se supone, porque todo son suposiciones de un tiempo para acá; eso de predecir el clima no es tan fácil como nos han contado que era antes. Mejor dicho, antes la predicción del tiempo no era tal, porque bastaba con saber en qué mes estábamos para proceder a adelantar el vaticinio: en octubre comienza la sequía, que se prolongará hasta abril o mayo del año que viene, y en ese mes comenzará nuevamente la temporada de lluvias. Ahora hay que hacer todas las acotaciones y guiños antes de entrar en materia: se supone que este mes debió haber dejado de llover; y, si esto no ocurrió, entonces probablemente va a ocurrir en noviembre.

El caso es que está culminando un ciclo que a comienzos de abril nos tenía pegando gritos: hay que poner al gentío a sembrar, pues hay que aprovechar todos los millones de litros de agua gratis para no atormentarse con el tema del riego. Lo que no hicimos en estos meses ya no se podrá hacer sino hasta el año que viene (“por ahí, en abril o mayo”), aunque Venezuela cuenta con unas estructuras que mucha gente no conoce: los grandes sistemas de riego abrirán sus compuertas y, se supone, que esos caudales artificiales vendrán a suplir a la lluvia en esto de alimentar las plantaciones en varias regiones del país.

Entonces, llega eso que los países fuera del trópico llaman “verano”, y se supone que pasarán cosas dramáticas como la resequedad y el incendio (hacia febrero-marzo) de amplias zonas de vegetación.  Se calcinará la tierra en gigantescas zonas de Venezuela, y los pesimistas por vocación dirán algo como “Se acabó el país”, porque nos acostumbraron a creer que el fuego todo lo destruye (cuando en realidad hay cosas que más bien purifican).

Ocurrirá también el milagro de la ribazón: saltará el pescado a tu bote para que lo agarres, se te regalará multitudinario y mágico en un acto de comunión que tiene miles de años pero que, secuestrados como estamos en grandes ciudades, nos perderemos masivamente mientras esperamos que el coñoemadre de la carnicería te estafe con una carne roja que, además, te intoxica y te condena a una muerte lenta y pesada.

Todo esto, si no ocurre una voltereta del azar planetario y nos sigue cayendo agua por varios meses, hasta que la tragedia venga en lomo de inundaciones y no en clave de desierto.

Cualquier cosa ocurrirá, y este pronóstico siempre será acertado.

ÉPALE 300

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