Nosotros los pobres

Por Pedro Delgado / Fotografías Archivo

Eso que unos tipos se estén inventando venderle la patria a potencia extrajera alguna, salivando de agrado para que vengan a hacer caída y mesa limpia, no es nada nuevo en esta tierra de gracia. No, ¡qué va mijo! Esa maquiavélica idea es requeteviejísima. Venga y le digo.

Retrocedamos siglo y medio atrás, en diciembre de 1859, y nos encontramos con el general Ezequiel Zamora, con los caballos de su tropa tomando agua en Barinas, no más pensando cuándo venir a entrompar a la oligarquía caraqueña. Nada, que de lo chorreao que estaban el presidente interino, Luis Felipe de Tovar —¿les suena?—, y el jefe policial y gobernador de Caracas, Nicomedes Zuluaga, pensaron pactar la entrega de la Guayana venezolana con los gringos o a la Gran Bretaña, a cambio de que los asistieran financiera y militarmente; ergo, la misma miasma. Sus pensamientos, por ahora, no pasarían de ahí porque ya los soldados del Gobierno (y mire que eran bastante) se preparaban a ir de aquí para allá a enfrentar a Zamora. Y, como es sabido, la gloria de Santa Inés (10 de diciembre de 1859) cayó en el General de Tierra y Hombres Libres y su gente,  para alivio de los pobres.

El sicario contratado por los enemigos del héroe, librándolos un mes después de tan incómodo adversario, fue quien más abrió las puertas del despelote con el pueblo bien arrecho y el Gobierno sin saber qué hacer entre tanto arribista tratando de pescar en río revuelto. Así, el molino de la Historia continuaría triturando sucesos hasta llegar al día 22 de noviembre de 1861, cuando una comisión encabezada por un grupo de “notables” —Tovar y Zuluaga, entre ellos— redactó un documento implorando la intervención de una potencia extranjera. Su favorita era Gran Bretaña.

“Ninguna de las naciones de Europa puede con más ventajas poseer a Venezuela como la Gran Bretaña. (…) Hay en Venezuela, entre los hombres pensadores, la opinión de que conviene a esta desprenderse de la Guayana y negociarlo con Gran Bretaña pagando con ella la deuda externa (…) Aquel suelo es también aurífero, diversas minas de este metal se han descubierto recientemente…”, es parte del oprobio firmado por una cuerda de entreguistas, traidores y lamebolas. Sería el también oligarca general Páez, entonces en rol de dictador, quien le pajeó el asunto. Hoy, a 159 años de aquel suceso, los lacayos siguen en su afán.

¡No pasarán!, decimos nosotros los pobres.

ÉPALE 377