E Hernandez D´Jesus_01

EL PROLÍFICO POETA, FOTÓGRAFO, ARTISTA PLÁSTICO Y SIBARITA MERIDEÑO NOS SORPRENDE UNA VEZ MÁS CON UN RECETARIO, POEMARIO Y ANECDOTARIO ALQUÍMICO, CON EL QUE PIENSA CAUTIVAR EL PALADAR Y LA CONCIENCIA DE LAS Y LOS VENEZOLANOS, PARA QUE, CON SARDINAS, DESMONTEMOS HEGEMONÍAS CULINARIAS Y COMAMOS MEJOR, MÁS SANO Y, SOBRE TODO, POÉTICAMENTE.

POR MARÍA EUGENIA ACERO C. • @ANDESENFRUNGEN / FOTOGRAFÍA ENRIQUE HERNÁNDEZ

El internacionalmente reconocido joven poeta, fotógrafo, editor, artista plástico, activista cultural, alquimista y gastrónomo de signo Leo y con apenas 71 primaveras alrededor del sol no solo posee contundencia de voz en su porte, sino en la imparable productividad de su pulso. Nos recibió afectuosamente en su apartamento de La Campiña, donde no solo nos compartió anécdotas de su memoria de vida sino cuentos de sus más grandes panas y afectos a quienes tiene embotellados con fotografías, quizás como una manera de que el último trago de las alegrías de militancia jamás se vaya. En casa de “Catire”, como se le llama cariñosamente, el arte, la literatura y la nostalgia no solo nos invitan a escucharles: evocan más de 50 años de labor política, poética y artística ininterrumpidas, y en constante ebullición.

Precisamente hablando de fuegos, fogones y calores del sabor, D’Jesús nos presenta su tercera obra gastronómica: el poemario culinario, recetario poético y zafra de ensoñaciones titulado “Sardinas para comerte mejor” (2018, Editorial El Perro y la Rana). En esta obra de 128 páginas, Catire nos abre las puertas a un gran fogón imaginario donde Stefania Mosca, Ramón Palomares, Esmeralda Torres, Víctor Valera Mora, Juan Sánchez Peláez, Pancho Massiani, Vicente Gerbasi, Gustavo Pereira, Fernando Pessoa, Antonio Trujillo, Jean Cocteau, Thomas Mann y una decena de parientes y afectos poéticos entrañables reivindican el valor nutricional, económico y cultural de este pez azul: paladín justiciero de nuestras mesas, en medio de una vorágine que amenaza con despedazar nuestros bolsillos e intestinos.

Tenemos, así, una caricia para nuestros paladares y almas que amenaza con convertirse en el gran Best Seller de la Filven 2018. “La sardina es la cenicienta de los mares / es el subterfugio de la verdadera ola”, abriría el poeta.

—¿CUÁL ES TU MISIÓN CON ESTE LIBRO?

—En realidad la misión siempre es la poesía. El espíritu del libro es la poesía. La poesía es todo. La poesía es música, es teatro, es danza. Conjuga todo lo que se llama creación. La poesía es la madre. La poesía se procrea a sí misma, como esas mujeres que existen hoy en día, y conciben ya sin necesidad del hombre. La poesía es la que genera el impacto para poder estar en una revolución. Por eso es que es una realidad la afirmación “No hay una revolución sin cultura”. No hay nada más importante en una revolución que la cultura. La cultura es el sino de lo que puede ser la imaginación, la sensibilidad. Y hacer que los seres humanos sean más sensibles a muchas cosas. A todo. Y así son mis libros de cocina.

Hay quien dice que mis libros de cocina son libros de poemas. Y es verdad. Este es un libro es un poema a la sardina. Quien lea, se va a sorprender, pues mientras prepara una receta está leyendo un poema. Si una sola palabra, una sola idea poética cautiva a un cocinero, hemos ganado la batalla. No es fácil, porque la gente se burla mucho. No cree en lo que el poeta hace.

—TENEMOS UN SISTEMA ARTICULADO PARA ACABAR CON LA CREACIÓN POÉTICA, Y GENERAR CREACIÓN EN MASA DE PRODUCTOS PREFABRICADOS.

—Lo lamentable es que eso pasa entre nuestra gente. Cuando cualquiera de nosotros publica un libro, qué es lo que dice un “amigote” de uno (que no es amigo nada): “Otro librito más de Benito Mieses. Otro librito más de Gustavo Pereira. Otro librito más del Catire Hernández D’Jesús. Y así somos tratados entre nosotros. Es una cosa que todavía no entiendo. Ya yo no traigo nadie a mi casa, porque si es de 100 personas, tendría que hablar mal de 98. Ponías una música llanera, y te mandaban a quitarla. Si se supone que son seres sensibles, con una capacidad de inteligencia superior, que deben manejar, querer nuestras raíces, y resulta que no. Vemos el caso de la gente de Honduras, Nicaragua, Centroamérica, en caravana al norte buscando “El sueño americano”. ¡Qué sueño americano nada! Busquemos el sueño de nuestras raíces. Vámonos a las islas del Caribe a trabajar la tierra.

—EL BRAZO ARMADO DE EEUU ES HOLLYWOOD Y LA CULTURA DEL ENTRETENIMIENTO.

—Las misses, la miseria mental. En la cocina precisamente está lo terrible: el perro caliente, el hot dog y la chatarra. La cocina chatarra crea un peso en el gusto americano. El cowboy americano sobre el pobre caballo, con sus dos pistolas recorriendo el mundo. Nosotros estamos en el centro de dos grandes culturas: la norteamericana, que es de tiros, invasión y muerte (y esto pasa por debajo de la mesa), y bajando un poco tenemos la cultura mexicana. También muy fuerte: charros y machismo, que la salva un poco el espíritu indígena. También tenemos el Caribe. Acabaron con la cultura de las gentes del Caribe los ingleses, los holandeses, los alemanes, los belgas… Y dominaron todo eso. Llegamos a Venezuela, donde tenemos hombres como Andrés Bello, Simón Rodríguez, Bolívar. Tenemos ese espíritu nuevo del mundo, aparte de nuestros indios: Guaicaipuro, todos esos valiosos guerreros. Estamos en el medio. En ese particular, el centro del mundo es Venezuela, no Ecuador. Además es el centro del mundo por sus riquezas también: todo lo que significa este país. El agua, el petróleo, el oro, la hibridez de mujeres que se producen con el mestizaje. Tenemos una gente distinta. Somos un pueblo abierto. Bajamos al sur y tenemos la melancolía indígena de la quena y el tango. Así que nosotros estamos entre los guerreros del norte, y los nostálgicos del sur. La coordillera andina nos protege, y en Brasil tenemos a un Lula, y a un imperio portugués. Bolsonaro es un ejemplo. Ese es el espíritu del libro: la poesía. El segundo espíritu es la sardina: el alimento más benévolo que puede tener el pueblo por lo barato. La sardina permite una cantidad de degustaciones distintas que se muestran en este libro. Sardinas se preparan también en otros países. Yo le agradezco mucho al ministro Ernesto Villegas, es un ministro distinto que ve el país el pueblo. Ernesto me plantea hacer un libro de sardinas, y en solo tres días lo armé. Ese es un libro para nuestro pueblo. Van a decir de mí que soy un demagogo. Que digan lo que digan. De mí han dicho de todo. Con este, presento 20 libritos más. Artesanales.

—APARTE DE LA SARDINA, ¿QUÉ OTROS ALIMENTOS Y BEBIDAS CONSIDERAS PUESTOS A UN LADO POR LA SOCIEDAD VENEZOLANA? 

—La sociedad venezolana no ha puesto a un lado nada. Ha sido la crisis. Estamos en un gran momento. La cocina venezolana ha sido despreciada por nosotros mismos. Vemos mal el asado negro, las arvejas, yuca, cachapa. Aquí podemos consumir alimentos sin estar pendientes del trigo, que viene de fuera. Podemos hacer pan de auyama, de plátano, más ricos que el pan de trigo. El maíz sí nos pertenece a nosotros. El trigo, no. Yo acabaría con todas las panaderías. Las dejaría para hacer dulces nomás. Los miches, el chirrinchi (aguardiente guajiro), el ponsigué y el cocuy son ejemplos de aguardientes nuestros. Si nosotros sacáramos el chirrinchi, qué mezcal ni qué ocho cuartos. Éramos el país más importador de whisky y champaña en el mundo. Al punto de que la reina Isabel quiso saber de nosotros. Esta crisis es muy útil, porque nos sacó de la sociedad de consumo.

—¿QUÉ MENSAJE DESEAS DARLE AL PUEBLO LECTOR DE TU NUEVO LIBRO?

— Que lean. Hay que leer. Que lean mucha poesía nuestra. Mucha novela. Leamos a Andrés Bello, Lazo Martí, Hanni Ossot, Enrique Arvelo Torrealba y todos los nuestros.

EPALECCS302

Artículos Relacionados