POR MARLON ZAMBRANO •@MARLONZAMBRANO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE312-SOBERANÍASEs como un corrientazo en el parche del plexo solar, cuando estás frotando la olla con la parte amarilla de la esponja para no dañar el teflón, mientras ella reposa en el sillón con las piernas estiradas sobre una banqueta de descanso.

Si llega borracha a las 3 de la mañana, te tiemblan las piernas cuando la asistes en la insoportable tarea de abrirle la puerta en el fragor de su curda. “¿No podías mandar un mensajito para saber que estabas bien?”, preguntas mientras te derrites por dentro.

Si les estás rematando los mechones chamuscados de cabellos a tus chamos para no pagar los 7.000 soberanos que ya cuesta una afeitada, y ella te critica el refilado de las patillas mientras chatea con “sus amigas”, te sobrevienen repentinas convulsiones que te dejan tiritando por largo rato.

Pero sabrán perdonarnos las antiguas feminidades, pues apenas estamos construyendo las nuevas masculinidades. Es un camino que está intentando desmontar una memoria genética y cultural, instruida en el comportamiento troglodita de la masculinidad hegemónica. No hay acceso, como en mi caso, a un método empírico ni reglas conocidas que no sea el cuestionamiento permanente. Acto de conciencia, valga decir, que tampoco llegó por generación espontánea: fue culpa de Chávez. Con él, primero escuchamos la impugnación al machismo, luego entramos en el debate y finalmente abordamos la autocrítica y la permanente revisión.

A estas horas hemos alcanzado un estado casi de nirvana en la empedrada evolución desde la fase de macho cabrío, en la que estábamos inmersos sin presumir de ello y por puro condicionamiento social.

Asumimos, hoy, una masculinidad que reniega de los postulados de la hombría clásica: los hombres no lloran, no colaboran en los oficios, nada femeninos, dejan las responsabilidades de los hijos a las madres, etcétera. Es un ensayo consciente y militante, que lucha en encarnecidas batallas. Un combate que va dejando heridas y nos permite irnos deconstruyendo en la medida en que un duende afable y otro siniestro entrompan, siempre para ver quien se impone mientras la mujer se lima las uñas y ve la telenovela de las 9, luego de todo un día echándole ovarios para resolver nuestras vidas y la de media humanidad.

Por ahora creo va ganando el duende bueno.

ÉPALE 312

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