TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO@MAGODEMONTREUIL

ÉPALE 224 TRAS EL DISCURSOEl mito de King Kong ha sido manoseado hasta el hastío. En Kong: la isla Calavera (EEUU, 2017) se atreven a modificar de una forma un tanto radical los elementos característicos de la conocida leyenda, siendo el más importante de estos cambios deshacerse del arquetipo de la bella y la bestia. El tema central del filme entroniza al afamado gorila como una especie de tótem protector de los habitantes de la isla, quienes se encuentran a merced de unas extrañas criaturas subterráneas. En realidad es una pérdida de tiempo exigirle gran cosa a la cinta, toda vez que sus hilos narrativos, además de rocambolescos, poseen una forzada conexión: una grotesca filigrana aburrida e intrascendente, donde ni siquiera los depurados efectos visuales aportan algo al texto fílmico. Como puede observarse, un digno representante del cine cotufa.

Más allá de lo obvio, y teniendo presente que es precisamente este tipo de producciones donde la cultura hegemónica rezuma sus tendencias ideológicas, Kong: la isla Calavera revela posturas, sobre todo aquellas pertinentes a la política militar de la mayor potencia bélica del planeta. La isla no aparece en el mapa y ha sido recientemente descubierta gracias a la tecnología satelital (años 70), la misma revela yacimientos importantes y novedosa biodiversidad. Por supuesto, la acostumbrada voracidad gringa prende sus alarmas y, junto a un grupo de científicos e investigadores, decide contratar a mercenarios de la recién perdida Guerra de Vietnam. Los soldados llevan consigo la frustración de haber caído ante un pequeño país del sudeste asiático, pero la misma no es óbice para que den rienda suelta a la búsqueda de un nuevo motivo para su inclinaciones belicistas: así como el miedo al comunismo conllevó a la guerra, el pavor a lo desconocido y la necesidad de vengar a los caídos conducen al teniente coronel Preston Packard (un fanático guerrerista de raza negra) a aniquilar al gigante simio arriesgando la vida de todos. Ciertamente la mayoría de los integrantes de la misión está en desacuerdo con la obsesión de Packard, pero lo siguen sin chistar. La ciega obediencia a una orden pone todo en peligro. La vigencia del discurso también es obvia.

 

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