POR MARIELIS FUENTES •FUENTESMARIELIS@GMAIL.COM / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE272-SOBERANÍASEl título de este artículo es la primera estrofa de una popular canción llanera venezolana, famosa por la fuerza interpretativa de la cantante y la contienda que en ella se desarrolla. La letra narra la disputa de dos amigas, dos vecinas, dos hermanas podrían ser, rivalizando por un único objetivo. No es un título universitario ni el alcance de la conquista libertaria de la fuerza obrera, no, ese no es el centro de su rabiosa contienda; su pelea se centra en conquistar, mantener, preservar a toda costa el amor de un hombre. ¿Cuántas veces hemos escuchado o visto historias en las que dos de sus protagonistas mujeres se disputan la atención de un hombre? Basta recordar cualquiera de las novelas mexicanas, en donde protagonista y antagonista rivalizan hasta el final y demuestran ser capaces de cualquier cosa, incluso de atropellar a la rival, dejarla ciega o quitarle toda su fortuna.

Ahora bien, en todo este parapeto mediático ¿qué intenta posicionar en el ideario colectivo femenino? ¿Siempre detrás de Blancanieves está la bruja malvada? Estas historias, que nos parecen inofensivas y que han acompañado gran parte de nuestra modernidad globalizada, logran posicionar la idea de que la amistad o alianza entre mujeres es imposible, que entre nosotras debe existir una pugna constante y que cualquier tipo de acercamiento entre mujeres es peligroso; pero, ¿realmente para quién es peligroso?, ¿a quién no le conviene que María la del Barrio y su rival se unan?

Divide y vencerás es una fórmula bien aplicada desde siempre y el patriarcado lo sabe. Cuando las mujeres nos enfrentamos y reconocemos como rivales, limitamos las posibilidades de reunirnos y pensar en lo que juntas padecemos y sufrimos, nos robamos la posibilidad de amarnos entre nosotras y fomentar relaciones de respeto, que nos permitan reconocernos como iguales y juntas pensar en por qué ocupamos los cargos más pequeños mientras los hombres se quedan con el botín grande de la toma de decisiones. Cuando permitimos que esto pase nos cercenamos la necesaria y urgente unión de las mujeres en favor de la igualdad y equidad, y es allí cuando caemos en la trampa y, ciegas, vamos al abismo. Nos quieren reñidas para enajenarnos, nos quieren peleadas para dominarnos, nos quieren distraídas para doblegarnos.

La alianza femenina es urgente, las nuevas formas de relacionarnos entre nosotras y para nosotras deben ser la base de la lucha contra el principal enemigo: el patriarcado y su violencia machista. La próxima vez es mejor que la vecina entre a casa y comiencen a pensar juntas cómo desbaratar el sistema que las quiere como sumisas rivalizadas.

ÉPALE 272

Artículos Relacionados