DICHO TONTO FOTO DESTACADA

POR GUSTAVO MÉRIDA

Mentirse uno mismo es la cosa más tonta que existe en el planeta y sus alrededores. No existe la manera (no crea cuando alguien le diga que no existe una manera) de explicar bien por qué es bueno decir en voz alta que uno es algo que uno no es. Lo peor es que lo hacemos a diario.

“No importa”, nos dice esa voz interior, la culpable de que nos engañemos a gritos o a susurros, da igual. “No importa”, repetimos sin pensar, y he ahí que uno se lanza al mundo, al real y al de las redes sociales, a contar las mentiras que uno mismo se cree de tanto contarlas. Y así nos transformamos en brillantes habladores de paja que la diseminan por el mundo real y por el virtual, que sin duda es otro mundo, con ese montón de lugares comunes, hablando como lo estoy haciendo ahorita, con ese tonito arrogante de tonto arrogante que resulta tan antipático y que explica por qué nadie nos lee, o nos lee y les vale una mierda, porque ninguno dice algo, y quien calla no otorga nada. Pero como no veo que nadie nos lee, hago como que mi corazón no siente nada y sigo tecleando y me engaño a mí mismo y supongo que si alguien nos lee y suponiendo también que desaparezcamos, nadie que no sea integrante de cualquier familia de cualquiera de los que aquí trabajamos le importará una mierda. O un bledo.

Ojos que no ven… los cachos no existen, pero ese es otro tema.

Ojos que no ven… y de manera insólita, se pinta de amarillo “estamos pintando” chillón una defensa de la Cota Mil, justo al lado de unos huecos en el pavimento.

Ojos que no ven… y la pared provisional que protege a los transeúntes de las refacciones del Edif. La Francia, en lugar de aprovecharse (“redes, medios y paredes”, dijo el presidente Nicolás Maduro) para contar bien lo que está pasando en el Edif. La Francia y que lo lean los diputados de la AN, si es que van a trabajar y cumplen la Ley, hacemos esa mamarrachada.  Si no se quiere que se sepa, es oscuro: no sirve. Si no se sabe lo que se está haciendo ahí tampoco sirve, por razones obvias. Si no sabemos cómo contarlo, inventamos y ponemos esa pared mamarracha en lugar de aprovechar el espacio, bien aprovechado. Pero tenemos un Sibci que no es sistema ni nada, y como los ojos que no ven tienen un corazón que no siente, nos engañamos a nosotros mismos y seguimos así, escribiendo, como si no pasara nada.
El dicho tonto de la semana que viene debería ser el mismo, pero eso sería muy, pero demasiado, tonto.

ÉPALE 223

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