Pa que sean serios

Por Pedro Delgado / Fotografías Archivo

En una vespertina conversación de esquina en estos tiempos de cuarentena, vino a debate algo relacionado con la idea gubernamental de ponerle el ojo al asunto de los precios acordados, decisión esquivada por comerciantes, principalmente por los grandes mayoristas. Una cuestión de conciencia la que estaba sobre el tapete donde, casi que normal, siempre hay diferencias a lo expuesto.

Uno de los vecinos, leído e informado, como debe ser, paseándose por la Historia se afincó sobre un caso de defensa de la soberanía nacional en tiempos de la Guerra Federal, cuando el general Ezequiel Zamora tenía el mando en el occidente del país, ganado a sangre y fuego, al poder oligarca con Julián Castro como presidente de la República.

Fue para mayo de 1859 cuando algunos comerciantes especuladores de Boconó, Trujillo (árabes, israelíes y alemanes), negándose rotundamente, desacataron el Decreto sobre Rentas y Bienes, pago del impuesto destinado al sostenimiento de hospitales, escuelas, oficiales y tropas acantonadas en Barinas. No se anduvo con pasiones Zamora y mandó a decomisar mercancías como el café, cuero de res, plumas de garza y el añil de estos esquilmadores para mandarlos a vender, suma que ascendió a 20.000 pesos, utilizados en la compra de armas en Nueva Granada. Pa que sean serios.

El 9 de junio de ese mismo año firmó una nota escrita sobre papel sellado y enviada a los cónsules de esas legaciones extranjeras residentes en Puerto Nutrias, que protestaban su injerencia sobre la decisión de haber expropiado de sus bienes a comerciantes especuladores no venezolanos, aliados de las clases oligarcas de entonces. De paso, les hacía saber a esos señores diplomáticos que era mejor para ellos no interferir en asuntos del Estado Federal de Barinas, gobernado por la Revolución de Tierras y Hombres Libres. Así de sencillo, ese radical cantón alejado de la política oligárquica de Castro estaba decidido a combatir por la plena libertad de la nación entera. Este documento, editado en la imprenta barinesa, muy pronto empezó a rodar de cuartel en cuartel por toda la región, pasando a manos de la tropa como ejemplo de auténtica soberanía.

Como a las 6:30 p.m. llegó la ronda policial y mandó a parar. Los enmascarados vecinos nos escurrimos por entre calles, escaleras y callejones a digerirnos la clase en vías de continuar.

ÉPALE 378