TRA EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO @MAGODEMONTREUIL

 

ÉPALE 222 TRAS EL DISCURSO Por supuesto, el cine bélico de factura estadounidense, salvo escasas excepciones, es un monumento —cuando no, apología— a la supremacía beligerante gringa y a la necesidad de que esta prevalezca, triunfe, para así poder instaurar el american way of life, la pax americana. También resulta obvio que para entronizarse como el gran ganador histórico tienda a echar mano de la última gran “guerra romántica”, de aquella de donde salieron airosos, a pesar de que su abordaje signifique un anacronismo extremo así como una falsedad histórica, toda vez que quien fue decisivo en el curso de la misma fue el Ejército Rojo: la II Guerra Mundial. Expuestas estas perogrulladas, cabe esperar que un filme que retoma la conflagración mundial de hace poco más de siete décadas, más que pretender reverdecer extraviados y marchitos laureles, necesariamente tenga algo novedoso que decir o, por lo menos, una mirada original sobre un tema que ha sido manejado hasta la saciedad por el cine occidental.

Hasta el último hombre (EEUU-Australia, 2016) significa un retroceso en la carrera como director de Mel Gibson en lo concerniente al compromiso manifiesto con aquellos que se encuentran en desventaja, en minusvalía con respecto a los factores de poder, como quedó evidenciado en filmes como Corazón valiente (1995), La pasión de Cristo (2004) y su particular mirada de la conquista de América en Apocalypto (2006). Sin dejarse obnubilar por los depurados artilugios técnico-cinematográficos que, a decir verdad, son de alta factura, la propuesta del guion, más allá de estar inspirada en una historia verídica, es tan fatua como intrascendente: un objetor de conciencia se niega a acatar órdenes o realizar actos o servicios —entre ellos, tocar un arma— invocando motivos religiosos ; en su lugar opta por servir en la guerra como enfermero, como salvador de vidas, es decir, el pacifismo desde la guerra y la pureza del espíritu en medio de la barbarie. Esta suerte de “pacifismo bélico”, más que un rebuscado oxímoron, pretende funcionar como un desesperado acto de contrición de una sociedad que usa la violencia militar como comodín contra cualquier miedo, auténtico o fabricado. Para instaurar una conciencia antibelicista hará falta mucho más que la acción aislada de un fanático.

ÉPALE 222

 

 

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