ÉPALE280-PANCHO VILLA

A JOSÉ DOROTEO ARANGO MUCHOS LE RECUERDAN DE LOS DOS LADOS DE LA FRONTERA. A UNOS LES DEJÓ LA IMPRONTA DEL HÉROE ÉPICO; A LOS OTROS, EL ESPANTO DE UN DEMONIO IMAGINARIO

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE/ ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Que el señor gobernador venía para la escuela y había que ordenarlo todo, instruir a los niños para que no jodieran como de costumbre, ponerlos a ensayar el himno revolucionario, vestirlos con ropas limpias hasta donde fuera posible en ese tierrero; que el señor gobernador vino, pasó revista, les pidió a los docentes y autoridades de la escuela, mandada a hacer y fundada por él mismo, que prosiguieran las actividades normales, pero mire que había algo anormal en el ambiente: el señor gobernador se metió en un aula de clases junto con los demás muchachos, sacó su libreta y su lápiz, prestó atención a las explicaciones del maestro y se puso a aprender lo que debió aprender de muchacho: él, un hombre hecho, aunque no tan derecho, de treinta y tantos años, que había invertido todo su tiempo y su energía juvenil en malandrear y asaltar, y después en hacer la guerra conforme a los requerimientos de un pueblo en deriva revolucionaria y gracias a los rudimentos de historia, política y honor clasista inculcados por Francisco Madero; un hombre que había cambiado su nombre dizque para esconderse de una justicia a la que esquivó durante dos décadas, después de matar de un tiro al terrateniente que violó a su hermana; un hombre que, según dice la versión más romántica y difundida, decidió dejar de llamarse públicamente José Doroteo Arango y adoptó la marca de guerra con que ha pasado a la Historia, en estos términos: Pancho (o Francisco) Villa se llamaba el jefe de la primera banda criminal en la que se enroló para ganarse una plata, y la vez en que hirieron de muerte al pran, antes de morir, le pidió a ese muchacho valeroso que parecía desconocer el miedo que se encargara de la banda, y el muchacho aceptó con gusto, y aceptó también la petición de sus compañeros de fechorías, choros y asesinos, quienes le pidieron que se llamara como se llamaba su jefe original, de modo que Francisco o Pancho Villa se llamó, más o menos, desde 1904; Pancho Villa se llamó desde entonces y con ese nombre siguió asaltando gente pudiente y haciendas desbordantes de recursos; Pancho Villa se llamó cuando conoció a Francisco Madero, un hombre con instrucción pero con el mismo impulso justiciero que movía al bandolero sin que este lo sospechara, y Pancho Villa se siguió llamando cuando decidió aplicar las enseñanzas recibidas y convertir la banda de criminales en ejército popular contra los amos de la tierra y a favor de su pueblo esclavizado, y Pancho Villa se seguirá llamando mientras haya plazas, escuelas, calles y edificios con su nombre, y mientras haya pobres agradecidos y gringos espantados en el mundo.

IMPERIO INVADIDO

Gringos espantados, sí, porque de espanto se llenó el imperio cuando este forajido medio loco decidió invadir territorio estadounidense (1916, batalla de Columbus) en respuesta al reconocimiento del gobierno norteamericano al presidente de facto Venustiano Carranza, y también con la excusa de ir a buscar a un empresario gringo que lo había robado personalmente y hasta el corazón del actual Nuevo México fueron sus tropas a buscarlo, y el repliegue de los bandoleros mexicanos y persecución por parte de los soldados norteamericanos produjo relatos y leyendas que moldearon la cultura popular de ambos países (no sé si tú sabías que la comiquita aquella del ratoncito llamado Speedy González es una recreación del mexicano veloz y escurridizo inspirada en el bandido devenido guerrillero), pues no es poca cosa que el general John Pershing, por órdenes del presidente Woodrow Wilson, haya atravesado medio país tratando de capturar a Villa y a sus hombres, hasta que el general entendió que “los hombres” de Villa eran en realidad todo un pueblo con sus niños, ancianos y mujeres (hay un episodio, registrado y fechado en el pueblo de Parral, en el que los gringos debieron replegarse ante la defensa-ataque llevado a cabo por los niños del pueblo al mando de la maestra de escuela Elisa Griensen: Pancho Villa ya no era un tipo, esa maestra y sus chamos también eran Pancho Villa), tras lo cual el pobre general recibió la orden de salir de ese país y encargarse de una tarea menos complicada que esa de andar buscando a un guerrillero que ya era millones de guerrilleros: ese Pershing fue el jefe del Ejército norteamericano que participó en la Primera Guerra Mundial, así que tuvo y todavía tiene que ser una pesadilla para los estadounidenses el que un malandro rural haya realizado la proeza de invadirles su territorio: a ellos, tan invasores, cosa que antes solo habían hecho los ingleses y que hoy, un siglo después de Pancho Villa, siguen haciendo los “mojados” o inmigrantes ilegales y los narcos (aunque por ahí dicen que un tal Francisco de Miranda tuvo en algún momento los mismos planes) y esa es, tal vez, la razón por la que el sicópata que es hoy su presidente haya decidido hacer un rolitranco de muro que lo separe de esa extraña plaga azteca que son los mexicanos de todos los tiempos.

La vida de Pancho Villa hay que contarla así, en tiempo de corrío, y muchos corríos se compusieron para celebrar sus hazañas. Muchos se han hecho populares:

Hoy nuestro México, febrero 23
nos mandó Wilson 6.000 americanos
3.000 caballos, 200 aeroplanos
buscando a Villa por todo el país.

Y comenzaron a salir expediciones
los aeroplanos comenzaron a volar
por distintas y varias direcciones
buscando a Villa queriéndolo tronar.

Francisco Villa por todos los caminos
ponía una tumba diciendo: “Aquí está ya
el valiente el valiente Pancho Villa”
por eso nunca lo podían encontrar.

Qué pensarían los americanos
que nuestro suelo pretenden conquistar
si ellos tienen muchísimos cañones
los mexicanos tienen lo principal.

Cuando llegaron los vecinos a Chihuahua
y en las afueras del pueblo de Parral
Pancho Villa les puso una emboscada
en que ninguno se pudo escapar.

Qué pensarían los americanos
que combatir era un baile de karkí
con la cara cubierta de vergüenza
tuvieron que volver a su país.

Yo soy nacido en la sierra de Chihuahua
soy el soldado más fiel del batallón
viva Villa que vivan sus soldados
y que viva la revolución.

Este episodio del Ejército gringo persiguiendo a Villa ocurrió en un momento crucial para la historia de la guerra. Mientras Pancho Villa seguía combatiendo con armas convencionales los norteamericanos llevaban ya una década explorando las posibilidades de la aviación con fines bélicos. Muchos de los artefactos y tácticas militares que los países hegemónicos venían perfeccionando, paralelo al avance de la era industrial, fueron puestos a prueba en el país vecino del Sur. Los gobiernos títeres recibían instrucción y equipo a cambio de su sumisión. Solo que al frente de esta novedosa estrategia no marchaba la cabeza del Gobierno norteamericano sino un magnate de las comunicaciones: William Hearst, padre de la prensa amarillista norteamericana, fundador de bodrios que todavía sobreviven (Cosmopolitan y Harper’s Bazaar, entre otras) y financista de los gobiernos mexicanos que intentaban contener el avance de la Revolución; era el verdadero artífice y motor de la maquinaria de guerra creada para detener el avance de todo lo que oliera a sublevación contra el orden establecido.

SABÍA EL GUERRILLERO QUE LA CULEBRA SE MATA POR LA CABEZA Y CON QUIEN HAY QUE PELEAR NO ES CON EL PAYASO SINO CON EL DUEÑO DEL CIRCO

Repelido por esta maquinaria, el Ejército villista fue obligado a replegarse desde el centro de México hacia sus dominios del Norte. Con lo que no contaba nadie era con el impulso de Villa, que lo llevó a avanzar mucho más al Norte de lo previsto y tomar por asalto una ciudad norteamericana: sabía el guerrillero que la culebra se mata por la cabeza y con quien hay que pelear no es con el payaso sino con el dueño del circo.

VILLA POLÍTICO

Por supuesto que la epopeya más cantada de un guerrero tienen que ser sus hazañas guerreras, por lo cual suelen quedarse por fuera las hazañas cívicas. En el año que le tocó fungir como gobernador provisional de Chihuahua Pancho Villa fundó escuelas (el episodio del corrío inicial es verídico: en una de esas escuelas fundadas fue que medio aprendió a leer y escribir), expropió las fincas de los terratenientes que se le habían salvado en su época de bandolero delincuente y esas reses surtieron de proteína a toda la población, a precios simbólicos; creó un banco del Estado que imprimió papel moneda y nombró a dedo, como medida de guerra, a los administradores de los expendios, quienes tenían la instrucción expresa de no subir los precios de los productos. Pero ya va, no miren feo a Nicolás ni se hagan ilusiones: esas medidas eran posibles en un tiempo y en una localidad específica, no en un país de más de 30 millones de habitantes ensartado en el siglo crucial del capital.

Doroteo Arango fue asesinado en una emboscada el 23 de julio de 1923, en Parral. El hombre a quien no lograron detener los militares gringos fue muerto a balazos mientras se dirigía a una fiesta familiar. Sin embargo, los norteamericanos obtuvieron un trofeo, mediante un ardid que solo saben perpetrar los millonarios con mucho poder y poca valentía física: el magnate William Hearst les pagó a unos enfermos para que desprendieran la cabeza del cadáver de Pancho Villa y se la entregaran, para engrosar su colección particular.

Así son los gringos: creen ganar siempre y al final lo que llevan es cabeza.

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