POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

ÉPALE275-RECETARIO DE MALÚNo somos islas, la cosa está muy difícil y por más que uno se empeñe en resolverse los asuntos sin pedirle ayuda a nadie, siempre hará falta buscar algo de soporte para los momentos duros. Todo es cuestión de influencias: hay que aprender a relacionarnos en sociedad.

Las abuelas recomiendan la amistad con un doctor presto a firmarle un reposo para el día que llega el CLAP. Muchas vidas se han salvado gracias a algún abogado que le extirpó un matrimonio como lo haría un cirujano. Dice el saber popular que uno debe asegurarse de contar con un mecánico en su lista de amistades por si el carro necesita sobadita en el motor, y no será mala idea invitar al cumpleaños y demás celebraciones a un compadre de la Guardia, una prima dentista, un sobrino mecánico, un cuñado fotógrafo, un ex que trabaje en prensa, una amiga bachaquera, una tía en la alcaldía y otras personas así, influyentes, poderosas.

Eso sí, y esto lo digo por experiencia propia: de todas esas personalidades que pueden cambiar su vida con un chasquido de dedos, ninguno es tan necesario como el amigo que siembra plátano en Charallave: ese es mi magnate favorito, a ese hay que tratarlo como a un rey.

Yo no sé de dónde les sale tanta bondad, pero un amigo que siembra plátanos cuando regala plátanos, no regala dos o tres, regala medio racimo. ¿Usted sabe cuántos plátanos hay en medio racimo? Choporrocientos.

Haga la prueba. Tenga un amigo que siembre plátanos y déjelo ser. Tarde o temprano aparecerá con una busaca enorme llena de tantos, tantos, tantísimos plátanos que, aunque los regale verdes, usted comerá plátano en todas sus edades. No en las suyas sino en las del plátano: plátano niño, verdecito, jojotico pa tostón. Plátano adolescente, de ese que llaman pintón. Plátano maduro (ese está listo de aquí al 20 de mayo) y plátano pasao, negrito, aguaíto y dulce con guarapo’e papelón.

El segundo truco del éxito es el agradecimiento: no olvidar nunca a quien nos tiende una mano, sobre todo si es de plátano. Así que usted agarre su guacal, dele las gracias a su amigo el magnate conuquero e invítele a almorzar un plato típico ecuatoriano llamado Bolón de Verde.

PREPARACIÓN

Es bien fácil: un bolón es, simplemente, una pelota de plátano verde rellena de lo que usted quiera. Para hacerlo tendrá que agarrar tantos plátanos verdes como guste, picarlos en trozos pequeños y ponerlos a dorar por todos lados en un poco de aceite. Al cabo de un rato los sacará del sartén, los machacará hasta hacer un puré que va a sazonar con un poco de comino o las especias que usted quiera y, luego de hacer peloticas con ese puré, les abrirá un agujero y echará adentro lo que usted quiera: un trocito de queso, un guisito de carne, un picadillo de chicharrón, o lo que sea. Cierre la pelotica de masa platanera y regrésela al sartén a que se fría por todos lados hasta que quede crocante y doradita. Sírvasela a su amigo el Rockefeller de Charallave, y quedará tan contento que el mes que viene le regalará otro racimo.

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