…Viene de la esencia del amor

Para el Evio de la selva del tiempo…

Este músico decidió llegar y partir en mayo a este viaje llamado vida. Una genialidad musical que se resume en talento, sencillez, humildad, convicción y humanidad, referencia del verdadero sentir venezolano

Por Natchaieving Méndez / Fotografías Alejandro Angulo, Archivo y Familia Di Marzo

¿De dónde viene tu nombre? Es una pregunta que me han hecho desde que tengo uso de razón. Para mí, con un nombre tan poco común, esta pregunta es tan recurrente y cotidiana que casi respondo dormida. Pero escuchar esta interrogante en una canción cuya armonía te invita a explorar lo que hay más allá de sílabas, fonemas y letras, realmente hace que lo que parece sencillo se haga muy complejo.

¿De dónde viene tu nombre? Una de las canciones más emblemáticas de Evio Di Marzo, que surgió de su inspiración cuando tenía  16 años. Ha pasado medio siglo de ese momento y aun esa canción remueve y alborota las emociones que la originaron: enamorar.

No conocí personalmente a Evio Di Marzo, me  hubiese encantado. Por esas cosas de la vida (o de la muerte tal vez diría nuestro homenajeado) me tocó conocerlo a través de los ojos de algunos de los que lo amaron en vida y ¡vaya que me faltó entrevistar gente! creo que a media Venezuela, me atrevo a decir, más allá de ella.

Evio, andando de incógnito…

Así que, con el permiso de los lectores, este artículo es mi conversa con el señor Evio y mi respuesta a su pregunta ¿De dónde viene tu nombre?

La pregunta

A dos años de tu “cruce al umbral” y retorno al Creador comienzo con hacerte una pregunta que lanzaste en canción hace algunas décadas y que seguramente ha sido la génesis de amores, desamores, matrimonios, divorcios, reflexiones existencialistas, historias ¿De dónde viene tu nombre?

Busco la respuesta con una pasión similar a la tuya, la que describe tu fans número uno, esa muchachita con la que compartías la ventana de tu cuarto, a quien le enseñaste a tocar guitarra y que te acompañaba en travesuras, aventuras y juegos con una admiración que se mantiene intacta. Esa, que también es músico y que en tus inicios cargaba tu guitarra o se iba a comer después de los toques junto a tus compañeros de la banda. La misma que se le entrecorta la voz al mencionarte y se emociona al recordar el nacimiento de tus hijos. Ella, tu hermana Gioia.

Si algo me confesó, es que al igual que yo te gustaba hablar bastante y que tenías facilidad para hacerlo. Eso también me lo corroboró uno de tus hijos gemelos, Rogelio.

Tu hermana me dijo que el único que nació en Italia fue tu hermano mayor, Yordano, quien atravesó el océano con tu mamá cuando solo tenía nueve meses. Huyendo de la guerra, vinieron a Venezuela a reencontrarse con tu padre, de quien heredaste el empuje de hacer lo correcto, de buscar nuevas alternativas, como decimos en lo criollo: de “no dormirse en los laureles” y “echarle pichón” a la vida; de sobreponerse ante la adversidad.

Como tu Evio, es tu historia también, llegaste a tener una de las bandas más sonadas del país: Adrenalina Caribe, referencia de una época dorada en la historia musical venezolana. Tu música es tan auténtica que una canción tuya hecha décadas atrás hoy tiene vigencia. Tuviste 10 pizzerías y una la utilizaste como escenario para que compañeros músicos tuviesen una tarima. Tu disposición de ayudar siempre estuvo presente.

Gioia me contó que tu madre tocaba piano, que su manera de expresión eran las artes plásticas, que era una mujer amorosa y que la vena musical viene de allí. Tal vez por eso admiraste tanto a la mujer, la grandeza de la expresión exquisita de la femineidad, eso que se traduce en la delicadeza de tu música y en el amor que te profesan las mujeres vinculadas a tu viaje en este plano.

Adrenalina Caribe, legendaria banda venezolana caribeña y de fusión

Viajero del tiempo

Me dijo Gioia que desde niño admirabas de manera especial al entorno. Tuviste un oso hormiguero, una boa, una yegua, gatos, perros, pajaritos y hasta un cunaguaro. Me comentó que colocabas las mariposas en un cartón y le agregabas su descripción. Incluso se reía cuando recordó que disecaste a unos pajaritos que se te murieron, los tenías en la gaveta y cuando alguien la abría salía espantado.

A quienes entrevisté me describieron tu buen sentido del humor. Aunque por algunos momentos, como a todos, la amargura te ocupaba el ánimo, las bromas estaban siempre presentes en tu contacto con los otros.

Me enteré por Edward Pimentel, baterista de Adrenalina Caribe durante dos años, que en pleno toque en Mata de Coco, cuando marcaron tocar el tema “No quiero morir” y te esperaban en el escenario, unos señores subieron una urna. “Nadie sabía nada y todos nos preguntábamos ¿qué es esto Dios mío?”, fue cuando saliste del ataúd cantando y todos entre asombro y risas ¿Qué más les tocó hacer? tocar, hacerlo bien y guardar por siempre un recuerdo de locura y alegría.

Este tema de la muerte siempre lo tenías presente, me lo comentaron todos los que me hablaron de ti, incluso también lo escribió mi papá en Swing Latino, en este espacio, a propósito de tu cruce al Paraíso justo tres meses antes de que él también te siguiera.

Tuviste un oso hormiguero, una boa, una yegua, gatos, perros, pajaritos y hasta un cunaguaro.

Gioia me dice que desde niño tenías esa inquietud, tal vez porque tu relación con la muerte fue frecuente en tu vida: tu mejor amigo, tus tíos, tu padre. No le temías. “Yo no voy a morir viejo Gioia, no quiero morirme viejo en una cama enfermo. Nos vamos a reencontrar aunque no nos reconozcamos”, le decías a tu hermana.

Tu hijo Rogelio también me dijo que como antropólogo, profesión que él sigue al igual que la de pizzero, te interesaste mucho sobre el tema y en la concepción que se tiene de este aspecto desde la visión de la religión del Islam.

¿Quieres mi opinión? Me parece que sabías que la muerte no iba a ser barrera para expresarte, ibas a poder seguir comunicándote incluso al no estar en cuerpo presente. Tu tercera hija, María Soledad, me lo confirmó cuando me confesó que desde que te enterraron ella te sueña, se abrazan y lloran juntos y eso ha sido su motor para seguir adelante, aunque pareciera que le hayan bloqueado una parte del corazón desde que te fuiste.

Rogelio también coincidió con  “tu Chole”, como le decías a María Soledad, pues dice que estás junto a él en cada momento. “Siempre se disparan esos recuerdos. No hay un día que no lo recuerde. Cuando miro al horizonte lo recuerdo. Cuando hago música lo recuerdo. Cuando hago pizzas lo recuerdo… Cuando camino lo recuerdo”, reveló.

Ser padre no es fácil pero tu amor fue tan grande que lo dejaste tatuado en diez hijos e hijas que te adoran. El gemelo dice que estuviste muy presente en su vida; un amigo, un maestro en la música, un ejemplo. Siempre recuerda cuando le regalaste una nueva batería y tiempo después le colocaste el platillo que sabías le hacía falta. “Lo montamos y tocó varios ritmos para ver cómo sonaba ese splash. Nunca olvidaré ese momento. Me encantaba cada vez que Evio tocaba la batería, era p’alante ¡como un tren! Siempre me decía cuando yo tocaba: ¡Matiza Chicho!”, relató.

Un protector, así te describió María Soledad quien también abrazó el Islam y ahora junto a su esposo incursiona en el mundo musical. Me contó orgullosa que cuando iba a cumplir 15 años la llevaste al estudio y le comentaste que escribiste una canción (Roshama) para sus tres hijas. Para el momento tu cuarta niña, Asia, no había nacido.

Me dijo que cuando se veían, siempre trataba de portarse bien y no enojarte y “aunque tenías tu carácter” siempre fuiste muy dulce con ella. En una oportunidad, luego de un accidente que tuvieron vía Boca de Uchire, dormiste junto a ella pues aún tenía los nervios alterados por el incidente. “Me sentí protegida toda la noche después de ese susto”, recordó.

Tal vez por eso, una semana antes de que cruzaras el umbral, ella regresó de Irán al país para pasar el Ramadán en familia y cuando te vio te notó con el cansancio de quien sabe que se va. Quizás por eso, antes de tu partida, sintió el olor de tu piel y lo relacionó con la muerte, y aunque ella negaba ese pensamiento, días después una llamada confirmaría su dolorosa sospecha. Esas cosas se sienten Evio, que te lo digo yo.

Familia Di Marzo Migani: Gioia, su madre Silvana, su padre Vicenzo, Giordano y Evio

La clave del corazón

El bajista José Rafael González Bolívar, “Mulato”, estuvo desde principios de este siglo en tu proyecto musical. No solamente te considera su compañero de banda, al igual que todas las personas que me hablaron de ti, te describe como un gran amigo con una sencillez infinita como el cielo mismo.

Su poesía hablaba sobre la belleza, la naturaleza, el cielo y las estrellas

Su inicio como músico autodidacta fue como baterista

Mulato me contó que cuando llegabas con un tema nuevo, comenzabas a tocar y el resto de los músicos iban siguiéndote como respuesta a lo que le proponías. “El proceso era bien dinámico e interesante (…) Ya en la segunda vuelta teníamos cierta idea general, cada quien iba afinando cada detallito; ya a la tercera vuelta tenía una estructura bien definida. A él le gustaba eso, la propuesta de cada uno de nosotros”, detalló.

Rogelio me dijo que aunque nunca hablaron mucho de lo que te inspiraba para hacer las canciones, siempre supo que una de las razones era el amor y que detrás de cada tema hay un secreto que lo hace interesante.

“Su poesía hablaba sobre la belleza de la naturaleza, el cielo y las estrellas. Sus canciones transmitían parte de su esencia y también parte de lo que él amaba o lo que quería que lo demás escucharán”, destacó tu hijo cuando te describe como un poeta y en eso coincide Gioia y el poeta Andrés Castillo a quien conociste también a principios de este siglo revoltoso.

“Me parece que todas sus letras tienen un peso poético importante, no solamente tiene musicalidad sino que, sin duda alguna, es un poeta de la canción (…) sus canciones a la tierra, al paisaje no son panfletos, son realizadas bajo una visión poética de su creación”, afirmó Castillo quien también recordó lo bien e impecable que se escuchaba tu presentación en un evento en el Poliedro pese a los problemas de sonido que había.

La respuesta

¿De dónde viene tu nombre? Gioia me comentó que te llamaron Evio He Paolino y tu padre, como buen italiano que le coloca muchos nombres a sus hijos, le colocó como segundo nombre a Yordano Iod y a ella Oá, pues unidas estas siglas forman Jehová.

Tus siglas eran las del medio del nombre de Dios, Evio ¿Te das cuenta que estabas en el lugar donde uno ubica al corazón? Es decir, que tu destino siempre fue ser reflejo del corazón de Dios: humildad, sencillez, utopía, irreverencia, lucha, justicia, creación, solidaridad y sobre todo maestro, amor.

No te importó decir tus ideas en cualquier espacio; quien lo hizo bien tuvo tus palabras de apoyo, pero quien no también recibió tus duras y acertadas críticas. Muchas veces tus compañeros músicos te susurraban en pleno escenario que cantaras solamente y tú, cual niño, simplemente te dejabas guiar por tu pasión y decías lo que te nacía decir.

Amaste Evio, intensamente, tus compañeras, tus amores, lo reafirman; también tus hijos, tus hermanos, tus seguidores, tus composiciones, los caminos que transitaste por los que dejaste tu “perfume de piel”, el “color de tu cuerpo”. En arena te convertiste y de ti nos llenamos. Eres de nosotros, de quienes te amamos aun después de fundirte con el Creador. Pasaste como viento y nos llevaste a explorar emociones, sensaciones y la satisfacción de contar con un ser humano como tú.

¿De dónde viene tu nombre Evio? Y yo te respondo: viene del amor… Más ná ¡Saravá Evio!

Evio, poeta de la canción

ÉPALE 374