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POR GUSTAVO MÉRIDA •@GUSMERIDA1 / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

A la frutería Rey de Reyes llegué por casualidad, como por casualidad conocí a esa mujer, quien fue la que me llevó, una tarde en la que caminábamos por la avenida Sucre cuando de repente…

¡Coño!

No fue por casualidad.

La Kola granulada (tarrito rojo) es muy conocida en Colombia. A eso, agregue (mejor si lo hace Alexander Figueroa, quien es el experto de 23 años) fresas, borojó, cápsula de ginseng, zanahorias, remolacha, ojo de ganado, vino Sansón, leche en polvo, brandi, bola de toro, azúcar, tomate de palo, huevo de codorniz y obtendrá la famosa Bomba Afrodisíaca.

EPALEN243_20.inddUna bomba con esas características, para una persona que quiera explotar su potencial, cuesta 7.000 (7 bolos) y siempre, siempre sobra un poco para cubrir cualquier espacio que deba ser completado y que, cuando corresponda, y empiece la onda expansiva, la trayectoria de las esquirlas (si se puede llamar así a “eso”) recorra minuciosamente —y sin dañar a nadie— a través de esos canales terapéuticos y necesarios que, si no se usan…

ÉPALE243-PICHONES 2Mejor sigo con que si usted paga 7 bolos, le sobra un poco; pero si opta por la promoción e invita a un contemporáneo, paga 11 bolos (aquí es cuando la contemporaneidad importa: entre el fotógrafo y yo sumamos cien años) y ambos se toman más de litro y medio de este brebaje delicioso, con sus facultades especiales. A pesar del aspecto, imposible de adjetivar, de algunos de los ingredientes de esta receta, el sabor es, sencillamente, delicioso.

Ella, aquella vez, no probó La Bomba. Seguimos caminando y a los pocos pasos sentí una especie de mareo que no mareaba. “¿Estás bien?”, me preguntó y la escuchaba lejos, en medio de cornetas y motos y muchos “¡a la orden!” que me quedaron sonando mientras bebía y veía fluir el ritmo constante de tipos de distintas edades que pedían La Bomba con gestos rutinarios.

ÉPALE 243 -PICHONES 1Les garantizo que, al poco rato de beberla, da hambre. Esa hambre que da a diario, de la que a veces abusamos y que se calma, poco más, poco menos, en un par de horas, cuando llega la hora de comer. “Estoy pasando hambre”, le oigo decir a otro contemporáneo. “Come, compañero —le digo—. A mí me pasaba lo mismo hace media hora y ya salí de eso”. Empezó a quejarse y me miró, serio: “Es que no todo es tan literal”.

No se ven las cosas iguales con la barriga llena y el corazón descontento. También venden tizanas y un batido de moras, fresas y tomate de palo que suben las defensas, sobre todo si las tienen bajas.

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