¡Párate, en nombre de la ley! Crónica de una plomazón en Catia

Publicado en Épale N° 233 el 25 de junio de 2017

Por Francisco Aguana Martínez • fcoaguana@gmail.com

Dos disparos y una voz marcial y determinante rompen el pétreo silencio de la noche: “Paaarateee, coooño ‘e tu maaadreee, en nombre de la leeey”. El perseguido logra esconderse, toma una bocanada de aire y responde temerariamente : “Pa… pa… párate tú… guevón que… que es el que me está persiguiendo…”. Un contrapunteo de perros y gatos escandalizados terminan por alborotar la semioscura calle de Los Magallanes.

Desde el segundo piso de una de las casas un hombre trata de ver, a hurtadillas, lo que ocurre y su silueta es agigantada por la luz del televisor. El policía lo ve, se atemoriza y dispara. El curioso se desploma con un certero balazo en medio de la frente. Es su primera muerte. Los niños y la esposa gritan aterrorizados y su desespero es ahogado por el escandaloso ulular de tres patrullas que se detienen frente a la casa. Los policías entran en tropel; al escenario llegará uno o varios de los excelentes fotógrafos de los diarios Ahora, La Esfera o Últimas Noticias buscando el mejor ángulo del cadáver, para ponerlo debajo de un gran titular que, invariablemente, dirá: “Muerto peligroso terrorista al enfrentarse a una comisión policial”. Primera entrega de la segunda muerte: la difamación. Los juglares pregoneros venderán su tétrica mercancía cantando sus propios titulares: “¡Extra! ¡Extra! Acribillado un terrorista criminal que quería matar a una familia con los niñitos adentro. ¡Extra! ¡Extra!”. Segunda entrega de la segunda muerte. La tercera y última muerte se la dará el funcionario ante quien los familiares van a reclamar por el asesinato. Este les pedirá formales excusas por la equivocación, al tiempo que les prometerá cubrir todos los gastos del sepelio. ¿Qué más quieren, pues? Al despedirlos les hará una advertencia: no deberán hacer comentarios a nadie, y mucho menos a periodistas con fama de denunciantes ni a ninguna autoridad extranjera, caso contrario sufrirán las consecuencias de su desobediencia. Los familiares se marchan cabizbajos e impotentes. Es la tercera y definitiva muerte: la del olvido.

La voz de alto era solo un ardid para obtener testigos oyentes y detener al perseguido para luego aplicarle una ley no escrita: “la ley de fuga”. En lo sucesivo, ese sería el modo de operar de los numerosos cuerpos policiales que se van a crear a lo largo del período conocido como “el puntofijismo”. Las funciones de la tenebrosa Seguridad Nacional, creada en tiempos de López Contreras y reformada entre 1946 y 1950, serían esparcidas en otros cuerpos policiales como la Policía Técnica Judicial (PTJ, 1958); la Digepol (1959), luego Disip (1969), que fue constituida con excrecencias de la SN y de la policía del depuesto dictador cubano Fulgencio Batista, entre quienes se destacaron, por más de 30 años: Morales Navarre, Tony Canaves, Rolando Otero, Ugarte Bresselau, García Vásquez Paniagua y, por supuesto, Posada Carriles.

Los militares cooperaron en la intensa represión desatada en esos años con grupos especializados como Los Cazadores, el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA, 1963) y los teatros de operaciones. Hasta los jefes civiles, una especie de capataces parroquiales, tendrían a su servicio cuerpos de inteligencia como Sipol. A esta parafernalia policial hay que agregarle los grupos parapoliciales como “la sotopol”, “la manzopol”, “la cobra negra”, “la polpol”, atribuida al ministro de Interiores Luis Augusto Dubuc, y las bandas armadas del partido AD, con sus cabilleros especializados en sabotear elecciones sindicales que perdía el partido y en atacar cualquier manifestación contra el Gobierno.

La era está pariendo una traición

En 1958, en diciembre, casi no se realizan las elecciones pautadas debido a los intentos golpistas del general Castro León. El ungido es Rómulo Betancourt, un individuo pugnaz, intolerante y de un anticomunismo cerril y obsesivo solo comparable a su inclinación proestadounidense. Con él y el apoyo de tres partidos políticos se iniciaría el período histórico conocido como el “puntofijismo”, la época más violenta de la Venezuela del siglo XX. La violencia de todo género sería, entonces, el signo que caracterizaría ese período, sobre todo en los primeros diez años. Así lo definió, como en un bautismo de fuego, la represión ocurrida en la plaza La Concordia en agosto de 1959, cuando cientos de obreros protestaban por la eliminación del Plan de Emergencia instrumentado por Larrazábal en 1958, para enfrentar la crisis económica de aquel año. ¿Resultado? Cuatro muertos y más de 60 heridos, que iban aumentando al pasar de los días porque la represión continuaría con ferocidad nunca vista hasta ese momento.

Sin aliento: Cronología de una tragedia

Pero el pueblo, las organizaciones políticas y los movimientos populares se organizarían para dar respuesta al intento del Gobierno por aplastarlos, en medio de una década convulsa a nivel mundial por el enfrentamiento entre dos bloques hegemónicos, con uno de los cuales, el representado por los Estados Unidos, se alinearía el gobierno de Betancourt. Por razones de espacio, y por ser esto una crónica, pasaré por alto algunos, o muchos, episodios ampliamente tratados por la historiografía nacional, para concentrarme en lo ocurrido en Catia y así tratar de cumplir con un deber moral que tenemos todos: darles rostro a las víctimas y a los luchadores caídos durante tan turbia época.

1966: el ministro de Relaciones Interiores admite que el hampa desbordó a la policía. El 10 de junio hay tres heridos en el recién abierto Retén de Catia

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1959: otro intento de golpe y los catienses vuelven a levantar barricadas en sus calles para enfrentarlo; en Los Frailes amenazan a 30.000 personas con desalojos. 1960: en mayo se aprueba la Ley de Medidas Económicas o “ley del hambre” o “la mayobrada”. En junio el presidente del Banco Obrero amenaza con desalojar a los vecinos de Lomas de Urdaneta. El 24 de junio ocurre el atentado en Los Próceres; uno de los responsables, Yánez Bustamante, es atrapado en la carretera vieja Caracas-La Guaira; otro de los implicados en ese hecho, Cabrera Sifontes, casi muere al voltearse la patrulla que lo llevaba a La Modelo. Se divide AD y nace el MIR. El Gobierno intenta desalojar a los habitantes del barrio Isaías Medina para proteger al terrateniente Ochoa Palacios. El 17 de septiembre hay diez heridos graves por explosión en calle Argentina, edificio Iruma. Octubre: se cierran varios periódicos; el 17 hay un conato de rebelión en la Cárcel Modelo promovido por el mayor Alipio Márquez; preso Humberto Cuenca en La Modelo. La “sotopol” se despliega con saña y asesina a Iván González en Cútira. El día 30, en el marco de una arremetida violenta, que el Gobierno llamó “La Marcha sobre Caracas”, se sitia Lomas de Urdaneta por guardias nacionales y soldados del Cuartel Urdaneta. Allanaron el Bloque 10 y se llevaron detenidos hasta menores de edad; ese mismo día una banda de la “polpol” hiere gravemente a Jimmy Salaverría, estudiante del liceo Agustín Aveledo. Noviembre: se suspenden las garantías, aumento sin precedentes de los crímenes. El 1ro, guardias nacionales que custodiaban la antena de Radio Continente asesinan a un joven de 16 años del Bloque 6 de Propatria cuando colocaba una bandera en la azotea; guardias nacionales hieren, de gravedad, al niño Oscar Martín en Lomas de Urdaneta; el día 6 asesinan a Carlos Tomás Naranjo, de 16 años, estudiante del liceo Luis Ezpelosín. En ese mes ya se contabilizaban 2.000 presos políticos en retenes policiales. Los “sotopoles” eran comandados por, entre otros, Manuel A. Rodríguez “Escalera”, Juan Pablo Peñaloza y José M. Quintero, guardaespaldas de Hugo Soto Socorro. En Catia ese cuerpo clandestino lo dirigía Ricardo Ávila, de la calle El Tranvía de Los Frailes. 1961: los grupos de izquierda declaran la lucha insurreccional y muchos se van al monte a crear frentes guerrilleros. En Catia varios sectores van a constituirse en vanguardia de la lucha revolucionaria. Se cometen 43.000 delitos en Caracas. Se aprueba la Constitución Nacional y son suspendidas las garantías que esta otorga. 1962: el 1ro de abril comienza una huelga de hambre en el Retén de El Junquito, a la que se sumaron otras 150 personas en todo el país. El 4 de abril hay un muerto en nuevos disturbios en Catia. El día 6, dos heridos y cuatro vehículos incendiados frente al Miguel Antonio Caro. La Agencia Internacional para el Desarrollo entrena policías venezolanos en la Escuela de las Américas en Panamá. Freddy Cárquez, del partido comunista, es atrapado en el Bloque 8 de Urdaneta, donde imprimían periódicos clandestinos. Huelga de hambre en el Retén de Menores de El Junquito; el líder es Alejandro Tejero y la consigna “libertad o tribunales”. 6 de diciembre: activistas del PCV y MIR, autores de nuevos asaltos, capturan un radiotransmisor en La Silsa. Mueren en Catia cuatro policías, hay 15 heridos y estallan 75 niples ese año. 1963: el 2 de enero el Gobierno advierte que no habrá amnistía. 2 de mayo: detenidos por la Digepol ocho miembros de una banda comunista; el jefe era José del Carmen Bolívar y, junto con él, caen Jeremías Mendoza “Jarajara” y Eduardo Ekhout. El 6, hombres armados incendian empresa Unión Gráfica. Noviembre 19: diez muertos y diez heridos en disturbios y allanamientos en Propatria, Casalta, La Silsa y Lomas de Urdaneta; Botini Marín, del Bloque 5, Jesús Celestino Aguana, alias “Billy”, y Omar Mora Díaz eran los líderes del PC en Propatria. Ese año se cometieron en Caracas 34.292 delitos. Es detenido el comandante “Pastor” (Félix Pastor Suárez), jefe activista de Casalta y Propatria. El día 6 “la Cobra Negra” mata a Francisco Antonio Acosta; el 13 es herido un agente de la PTJ en Lomas de Urdaneta; el día 19 hay 10 muertos y 100 heridos en disturbios en La Silsa, Propatria, Lomas de Urdaneta y Lídice; el día 20 hay nuevos disturbios en La Silsa; el 21 ocurren 6 muertos y 8 heridos e intentan quemar negocio en Altavista. Ese mes se crea una comisión nacional para la pacificación del país. El Gobierno anuncia, el día 22 , nuevas detenciones contra comunistas y se suspenden las clases hasta enero. Estalla un sangriento motín en el Retén de Menores de El Junquito. Diciembre: “Ciudadano, no te dejes amenazar por el hamponato comunista. Vota, las FAN te protegen”, decía un aviso el día 1ro. El 2 hay un tiroteo entre soldados y hombres armados en el colegio Sergio Medina. La parroquia Sucre tuvo el mayor número de inscritos para las elecciones con 108.626; en La Modelo gana Uslar Pietri. El día 4 hay un muerto y un herido al estallar bomba en la calle Argentina; seis heridos en disturbios en El Silencio y La Silsa. 1964: 29.730 delitos en Ca racas. “Tenemos la policía más cara del mundo y a la vez el mayor índice delictivo”, dice un titular de la revista Momento en marzo. López Sisco inicia su carrera criminal en la PTJ. El sábado 20 de ese mes un agente del SIFA dio muerte al estudiante Florencio Gustavo Landaeta, por delación de un “cuerda floja” llamado Domingo Muñoz. El 21 de mayo se realiza un paro nacional estudiantil al que se suman los liceos de Catia; el 23 de mayo ocho estudiantes de la Escuela Técnica Industrial de Catia resultan heridos por disturbios. En julio los anticastristas cubanos residentes en Caracas se pronuncian en contra de la amnistía, seguidamente el Gobierno prohíbe manifestación proamnistía. 1965, abril 18: detienen a personas que recogían firmas para pedir la libertad de Pérez Jiménez; la PTJ allana casa de los Peña en la calles Maury y El Cristo. El lunes 19 de abril bloquean los barrios caraqueños para impedir la quema de Judas. En Cútira prohíben uno de tres cabezas. El sábado 24 de abril desmantelan banda armada que asaltó el bar Palestina y era comandada por Jesús Aguana; 10.660 presos en las cárceles venezolanas. Agosto 6: jovencito pierde la mano en Propatria al estallarle niple y un pordiosero pierde, también, una mano al estallarle niple al frente. El 14 de septiembre se descubre en Lídice el destacamento guerrillero Jesús Alberto Trujillo. Atrapan a Rosalio Aponte, Pedro Urbina y Amable Ruiz. El 1ro de octubre son asesinados dos guardias nacionales por un comando guerrillero, en misión de rescate de un procesado; el 16 de octubre fueron dete nidos José Fernando Viloria, “Tarzán”, Luis Antonio Mora, “comandante Daniel” y Alberto Landaeta, “el Chino”. Aumenta el índice de criminalidad juvenil y se cometen 29.693 delitos en Caracas. 1966: el ministro de Relaciones Interiores admite que el hampa desbordó a la policía. El 10 de junio hay tres heridos en el recién abierto Retén de Catia. Octubre: el día 2 muere un policía al frustrar un atraco en la empresa láctea Prolaca, realizado por un comando guerrillero; al día siguiente guerrilleros disfrazados de policía roban una bomba de gasolina en la avenida Sucre. 1967: en marzo ocurren allanamientos en Los Magallanes por el asesinato de Iribarren Borges; allanan el barrio Vista El Mar. En junio se realiza la operación “raqueta”; paro nacional estudiantil; la Guardia Nacional demuele ranchos en Gramovén. En julio fiscal de tránsito mató al joven Rogelio López en Brisas de Propatria. Se inaugura cuartel de policía en Los Flores de Catia. 1968: en enero 15, más de cien detenidos al estallar niple que destruyó abasto en La Silsa. Diciembre 4: 11 niples estallaron en Catia; el 4 de diciembre hay un muerto, 18 heridos y varios desaparecidos en incendio y explosión terrorista en zapatería La Popular y comercial Gregor en la calle Argentina. Un estudiante venezolano, de Altavista, es apresado en Rusia, acusado de espía. Los presos políticos de La Modelo, comandados por Julio Cabello y Manuel Negrón, denuncian maltratos a los familiares. 1969: se crea la Disip y la Policía Metropolitana. Enero 24: más de cien detenidos en los barrios por operación antiguerrillera Zonal 3. Guerrilleros tomaron barrio La Silsa comandados por mujeres. Herido en el cuello guerrillero. Diciembre: se realizan elecciones y, luego de una prolongada y tensa espera, se declara vencedor a Rafael Caldera por cerrada diferencia numérica con el contedor adeco: comienza “la guanábana” o el bipartidismo adeco-copeyano. La represión, lejos de disiparse, se profundiza aún más, aunque se llega a un acuerdo con los líderes insurrectos a través de una Ley de Pacificación, a la que se acogen, principalmente, muchos dirigentes. La represión continuó, pero la lucha en las calles, liceos y barrios se intensificó.

ÉPALE 382