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SITIOS PARA CORRER EN CARACAS (V)

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • @CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Tener un espacio apropiado para correr siempre es necesario, pero en algunas partes de la ciudad es especialmente importante. Tal es el caso del Parque Alí Primera o Parque del Oeste, ubicado a la vera de la avenida Sucre, en una de esas zonas que suelen calificarse de “populosas” (siempre me ha parecido despectiva esa palabra, pero la gente la usa).

ÉPALE275-TROTA CCS 1Uno está allí, en la candela pura de Catia o del 23 de Enero —con todo lo que eso significa, para bien y para mal—, y sabe que tiene a la mano un lugar de paz, tranquilidad, deporte, arte y educación. “¿Para qué mais?”, como dice mi cuñado Arturo, imitando a un portugués.

El parque alguna vez llevó el nombre de Jóvito Villalba, que fue uno de los firmantes del Pacto de Punto Fijo, junto a Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, dato que no lo deja muy bien parado. Pero como esta no es una nota sobre política, digamos mejor que es un espacio de algo más de 47 hectáreas en el que hay un circuito para correr de algo así como kilómetro y medio, dependiendo, claro, de por dónde uno se desplace, ya que a la pista original le han salido unas derivadas hechas a punta de pasos rebeldes. Los corredores que ya tienen cierta condición física pueden encontrarlo pequeño y quizá tengan que darle cuatro vueltas para sentir que hicieron algo. Pero este lugar tiene a su favor el hecho de que sus paisajes son variados: hay zonas con juegos infantiles, áreas para fiestas al aire libre, una concha acústica; y se pasa al lado de un museo (Jacobo Borges), una escuela que fue declarada Monumento Histórico (Normal Miguel Antonio Caro), una capilla (Nuestra Señora del Carmen), tres universidades (Pedagógica Libertador, de la Seguridad y de las Artes) y por algo muy significativo: el recuerdo de una espantosa prisión (el Retén de Catia).

Este último detalle le otorga a un trote por el Parque del Oeste un ingrediente de justicia poética. La libertad implícita en correr en cualquier lugar, siempre que se haga por voluntad propia, como acto recreativo, queda subrayada cuando se piensa en el infierno de rejas y degradación humana que allí estuvo. Los de “cierta edad”, inevitablemente, nos remontamos al 27 de noviembre de 1992, cuando alguien aprovechó la confusión reinante para reducir el hacinamiento en la prisión. Abrieron las puertas y a los que intentaron escapar los mataron a tiros. Se estima que fueron más de 200 los supuestos fugados frustrados. Por cierto, el gobernador era Antonio Ledezma, el mismo que ahora se arroga el título de “presidente en el exilio”… Pero, ya se dijo antes: esta nota no es de política. Así que mejor es quedarse con lo de la justicia poética.ÉPALE275-TROTA CCS 2

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