ÉPALE293-RECETARIO

POR MALÚ RENGIFO @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Compañeros, prestad atención: la receta a continuación no es necesariamente la cosa más barata del mundo, pero si dejamos de hacer gastos superfluos esta quincena y salimos espepitados cada vez que veamos a nuestra madre, el tipo del quiosco o algún otro acreedor puede que nos alcance la plata para preparar un generoso pasticho vegetariano de berenjena de fama municipal. Además, si se decide sustituir todo lo que salga de su presupuesto por ingredientes parecidos, pero menos caros, el resultado puede que sea bien sabroso, comestible o, manquesea, alimenticio.

El primer paso será proveerse de cuanto vegetal sabroso pueda usted comprar, que le quede bueno a un guiso. Las cantidades deberán ser, como dicta la existencia en resistencia, decretadas por lo que mande su presupuesto. Vaya, eso sí, provisto de su gacetica oficial de los precios justos y con el ojo bien aguzado para contar ese vuelto cuando se lo den en billetes de los viejos.

Así que, digamos, usted llega a su casa con tres tomates, una cebolla pequeña, una zanahoria, un poquito e brócoli, algunas hojas de acelga, medio pimentón golpeado que estaba por ahí pagando, tres ramitas de célery y dos grandes berenjenas. Lo que va a hacer será picar todo, menos la berenjena, en trocitos diferentes (tiritas, cuadritos, como usted quiera y de forma variada) y preparar un buen guiso de vegetales al que le puede agregar pimienta, comino, salsa de soya, especias ricas o lo que usted guste usar para darle sabor a las cosas. Una vez que tenga listo ese guiso de vegetales (que preferiblemente debe quedar bastante jugoso) procederá a picar la berenjena en lonjas de medio centímetro de espesor.

En un sartén aparte preparará una bechamel minimalista. Ya sabe: leche, mantequilla o margarina, sal y tantita harina de trigo o maicena para que espese al cocinar. Todo eso va licuado y a un sartén, así, sin más, a fuego lento y revolviendo hasta que espese. Luego, en un perol que aguante el calor del horno, va a intercalar una capa de lonjas de berenjena (espolvoreadas con una champurreaíta de sal), guiso de vegetales y bechamel, hasta que una de las tres cosas se acabe. Luego, puede rematar con una capa de queso parmesano (¡jajajá!, mentira, era echando broma) o de queso blanco duro comprado en una panadería criminal, de modo que por el precio pueda llegar a producir un efecto placebo. Entonces, terminada la primera fase de su plato pasará a la segunda, que consiste en meter su prospecto de pasticho en el horno por media horita a unos 150 grados, para que no se seque mucho.

Si queda bueno (léame bien: SI QUEDA BUENO) proceda a regalarle un poquito a sus acreedores para que le tengan paciencia, al estilo Señor Barriga. Si queda feo, también. Quien quita y les da cosita con usted y le brindan una empanadita.

Nota: si le brindan la empanadita pida una servilleta y haga que le firmen una declaración de que aquello fue un regalo, y no otro préstamo.

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