ÉPALE252-CIUDAD

HABLAMOS CON EL NUEVO RECTOR DE UNEARTE, ALÍ ROJAS OLAYA, QUIEN NOS PRESENTA LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA UNIVERSIDAD COMO UN PROYECTO QUE ENTUSIASMA Y QUE VISIBILIZA LA IMPORTANCIA DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA

POR ANDER DE TEJADA • @EPALECCS / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Es muy probable que conozcamos alguna sede de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte). Además de la más conocida, plaza Morelos, esta universidad cuenta con otras siete instalaciones: Caño Amarillo, en el museo Armando Reverón; parque Alí Primera, en el museo Jacobo Borges; Sartenejas, Anzoátegui, Nueva Esparta, Mérida y Portuguesa. Tiene un pénsum compuesto por algo a lo que no llaman “carreras” pero que funciona de forma similar. Estos son los Programas Nacionales de Formación, entre los que se incluyen Artes Audiovisuales, Artes Plásticas, Danza, Teatro, Historia, Educación para las Artes y Música.

Converso con el nuevo rector, Alí Ramón Rojas Olaya, quien me dice que entre la extensión de su currículo figura la tercera voz en el canto coral. Así lo afirma su presencia en el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela, como también su voz, la que me habla, profunda y gruesa.

La formación integral del artista es primordial en Unearte

La formación integral es primordial en Unearte

Se escogió a un sujeto para la tarea que tiene una relación con el arte en casi todos sus niveles. Comenzó siendo titiritero y terminó siendo músico, pero a medida que va concatenando su discurso va disparando obras al aire como si fueran fuegos artificiales. Suena el nombre, el autor y el año, y yo, que solo conozco unos cuantos, trato de imaginarme todo lo que nombra. Estamos frente a un hombre integral: su bachillerato fue en Humanidades, pero en la lista de elección de la carrera se coló Matemática. Fue esta la carrera a la que le dedicó el correspondiente lustro. Al no verse como un trabajador de oficina, decidió irse por la mención que lo conectara con su vida humanista. Así terminó siendo matemático con especialización en Educación. Finalizó colgando un puente de tres patas, una especie de distribuidor vial (tipo El Pulpo) sostenido sobre el mar, enlazando la pedagogía, la matemática y las artes.

“Eso es algo que nos han tratado de vender: que el artista no tiene nada que ver con matemática, que le tiene miedo. Esas son las prácticas castradoras de la pedagogía. Leonardo da Vinci pintaba, hacía música, hacía química y te inventaba un helicóptero’’.

Alí afirma, con respecto a la pedagogía, que para enseñar hay que olvidarse de la repetición. Por el contrario, hay que buscar una semilla en el estudiante. Sobre todo en ese difícil momento de la adolescencia, cuando la realidad lo obliga a escoger lo que supuestamente apasiona en un tiempo que no permite, en realidad, dicho descubrimiento.

“Es posible que con una pedagogía, una buena didáctica, les aparezca la razón de ser de sus vidas’’.

Después pone el ejemplo del recién fallecido Humberto Orsini. Habla de quien fuera su maestra, Ignacia Mata, que en los terrenos del Orinoco lo formó a él, uno de los mejores dramaturgos del mundo. Alí levanta la mirada: “¿Viste cómo marca una maestra?’’, pregunta.

ÉPALE252-CIUDAD 2

El arte es un vehículo para la emancipación, a decir de Rojas Olaya

Continúa con el tema de Unearte. Explica que su tarea es hacer un arte comprometido políticamente, en el sentido de que sea emancipador y no se convierta en una fábrica de lo que él llama “divos’’. Con emancipación habla de la libertad más allá de los impedimentos físicos. Para ello utiliza una frase de Simón Rodríguez: ‘‘Entre la Independencia y la libertad hay un espacio inmenso que solo con arte se puede recorrer’’.

“Cuando él habla del arte está hablando del arte para la emancipación, porque hay que tener algo claro: una revolución, para que sea irreversible, debe ser cultural. ¿Por qué el arte? El arte es lo que nos vincula, con un cordón umbilical, a nuestras raíces, a nuestra esencia. El arte está en nuestras raíces, en nuestra cultura. La cultura es el alma de los pueblos. Entonces, cuando hablamos de arte tenemos que hablar de los constructores de sonidos que hacen cuatros, de una Zobeida Jiménez haciendo muñecas de trapo en Puerto Píritu; debemos hablar de la poesía de Luis Mariano Rivera, de Otilio Galíndez, de Los Chimbangles, de nuestros venezolanos’’.

Su discurso rebosa de venezolanidad. No solo en las referencias artísticas, cosa que demuestra que conoce a través de los cultores populares, sino que también en referencias históricas y en lo que él llama doctrina bolivariana. También señala esto como uno de los puntos débiles que se ha encontrado en su corto tiempo como rector. Además de otras deudas: un programa nacional de formación que incluya las letras, la filosofía, la comunicación —que ya va en marcha— y la inclusión de la arquitectura dentro de la oferta. También explica la necesidad de tener un ciclo básico en donde se integren todas las carreras. En cierto modo le molesta la segregación entre disciplinas.

En los espacios de Unearte se predica con el ejemplo

En los espacios de Unearte se predica con el ejemplo

Así comienza la conclusión de nuestra conversa: Alí explica que uno de los mayores logros de Unearte es el cambio del paradigma, del ojo con el que se mira a un profesor. Mientras en una universidad tradicional la docencia se le deja únicamente a los que han pasado por ciertas etapas validadoras, en Unearte esto se puede dar, perfectamente, gracias a la calidad de la obra producida por un sujeto no graduado. En ese sentido, me pregunta qué pesa más, si la obra o el título.

Para sostener esto me explica que una obra de arte es una obra de investigación. Me pone de ejemplo el Guernica y la investigación que tuvo que hacer Pablo Picasso para realizarlo. El nombre de la rosa, de Umberto Eco, también. “Rapsodia Bohemia”, de Queen, igualmente. Entiendo. Él sigue, con su voz profunda. Le pregunto por la delgada línea entre el arte con conciencia social y el panfleto. Él dice que el panfleto no es sino arte mediocre. Que con trabajo duro y buena investigación se puede mantener lejos.

“¿Pruebas?”, me pregunta. No respondo. “Hay muchas”, dice. Después comienza con la misma voz a nombrar obras de arte: la Séptima Sinfonía de Shostacovich, dedicada a Leningrado. “¿Será eso un panfleto o una obra de alta envergadura?”, pregunta. Gloriosa victoria de Diego Rivera, en la que expone la historia latinoamericana a través del caso de Jacobo Árbenz en la Guatemala de 1954.

Más tarde, caminando por Unearte, nos encontramos con una sorpresa que probablemente pueda alegrar a Alí: un joven afina su guitarra mientras una muchacha, agachada en el piso, trata de tomar una foto. Detrás de aquellos, en ese mismo momento, hay una confluencia de artistas que se miran los unos a los otros mientras realizan lo que saben hacer. Los malabaristas vuelan, las piernas cubiertas de atuendos negros se deslizan por la piedra fría que cubre el piso, los intérpretes se desdoblan, son otros; y, de pronto, uno ve la posibilidad de que sea el otro ahí, el otro de Unearte, y que por fin se cumpla el sueño.

ÉPALE 252

Artículos Relacionados