Pedro Arroyo: “He desarrollado mi vida en la música”

Swing Latino

Este intérprete, compositor y arreglista ha deleitado a los amantes de la música con sus creaciones y con el respeto hacia el público que transmite en cada una de sus presentaciones

Por Natchaieving Méndez  ⁄  Fotografías Archivo

Vendedor de seguros, de material educativo didáctico, jardinero y pare usted de contar, Pedro Arroyo confesó a Swing Latino que en su vida ha hecho (en sus palabras) “cuanta vaina hay”. No obstante, para el intérprete de éxitos como “He decidido olvidarte”, “Queriendo”, “Tu ausencia”, “Llover sobre mojado” (salsa), “Todo me huele a ti”, entre otros, han ocurrido situaciones en su andar que le hacen pensar que “la vida de cada persona está escrita” y que pareciera que allá arriba, en el cielo, “hay alguien que dijo: No, este man es para esto”… para la música.

Debe ser así, pues Pedro Arroyo lleva cerca de cuatro décadas deleitando a la humanidad no solo con el don de su voz, sino con la habilidad para traducir en idioma musical las expresiones humanas más universales, que tocan la fibra de cualquier melómano. Las voces de Nino Segarra, Frankie Ruiz, Isidro Infante, la Orquesta de Bobby Valentín, Mulenze y muchos otros han servido de canal para llevar a los amantes de la música creaciones como “Porque te amo”, “Justo ahora”, “Imposible amor”, “Ganas que tengo de ti’, “Si te vas a ir” y una larga lista.

Para Arroyo, su don musical surgió como algo natural, pues no tuvo influencias de ningún tipo. Pese a que en su familia no existen músicos, desde los 6 años le gustó cantar y “hasta el día de hoy, ya estamos donde estamos”, como él mismo comentó.

Para él todo en su cotidianidad tiene sonoridad: “Llego a un sitio, a una panadería y pido un café, y en lo que me atienden estoy tocando encima del vidrio; o estoy en una cola bien larga y tú me ves o silbando bien bajito o tarareando algo”. La vida del músico, podríamos decir.

A quienes seguía en sus inicios, hoy son sus amigos

Este músico, cantante, arreglista y compositor nació en Puerto Rico, específicamente en la ciudad de Mayagüez, en el año de 1957. Inicialmente se dedicó a estudiar guitarra; aunque la música ha sido siempre su pasión, en algún momento de su juventud pestañeó con las artes escénicas. “Me gusta actuar, pero no me gustaba el hecho de que un actor lo ves sólo en la televisión, si acaso en un teatro, no es un ser accesible al público. Pero en el caso de la música tengo a la gente ahí, frente a mí, retándome; puedo saludarlos, puedo hablar con ellos, les puedo agradecer personalmente”, refirió.

Sus inicios fueron con la balada, género musical que, enfatizó, respeta mucho; mas la salsa fue el ritmo que realmente atrapó su atención. “La admiré (la salsa), la respete y mira: hoy en día muchos de los que yo escuchaba son amigos míos, compañeros, han grabado temas míos, destacó.

Y es que, desde sus inicios, este músico boricua ya tenía claro hacia dónde iba. Del coro estudiantil de la señora Ana María del Valle, y con poco tiempo en la guitarra, Arroyo se presentó ante 25.000 personas en el Estadio Hiram Bithorn de Puerto Rico.

Durante sus primeros pasos organizó y dirigió dos conjuntos musicales: Taller Musical Guakia y el Grupo Tanama. Pero fue en 1977 cuando, con el tema “Vivir”, en un festival, demuestra su potente voz, gana y se da a conocer.

Cuatro años más tarde decide formar su orquesta, La Nueva, con la que grabó su primera producción y despega al universo musical. Venezuela es para el cantante un punto importante en su carrera, pues fue precisamente en este territorio donde en 1984 participó en un proyecto conjunto llamado
La Máquina de los 80, en el que tuvo la oportunidad de compartir escenario con renombrados artistas como Tito Gómez, Ray Barreto y su Orquesta y Junior González (Orquesta Harlow).

Su voz, sus composiciones y su música son parte de la memoria de muchos salseros que ven en Arroyo una referencia de la salsa romántica. La euforia de sus seguidores es la misma y crece con el pasar del tiempo. Es el reconocimiento de años de entrega a un público que, para Arroyo, es cercano y representa un reto en cada presentación. Un respeto por parte del músico que el público agradece con sus aplausos, preferencia y que lo hace digno exponente del género… Más na. ¡Saravá!

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