Pelabolas ancestrales

Publicado en Épale N°57 el 24 de noviembre de 2013

Por Malú Rengifo • malurengifo@gmail.com

Todo pelabola del siglo XXI cree haber vivido en carne propia lo que es una verdadera peladera de bola, pero hasta en eso estamos pelando bola.

La última vez que en Caracas no existió un solo pelabola padeciendo hambre y sed por falta de real fue en el año 1492, cuando comenzó el gran saqueo colonialista, y el rugido del hambre entre los indios y esclavos negros fue creciendo hasta convertirse, casi quinientos años después, en un ensordecedor estallido llamado El Caracazo.

Se quedaron con la tierra pa’ vendernos la comida

Eso es ahorita, que no comemos acure por ser roedores parecidos a las ratas, y darnos grima. Cuentan que durante unas obras realizadas en el casco histórico de nuestra capital, fueron encontrados un mamonazo de esqueletos de roedores pequeños, que en vida corrieron por nuestro valle, y que el caraqueño de antaño atrapaba con pericia para invitarlo al almuerzo.

Para el siglo XVII, la tradición alimenticia caraqueña (del que tenía real) había cambiado. Tenían reses y un consumo de maíz que había desplazado a la yuca, convirtiendo el casabe, que hasta entonces había sido un tesoro culinario de orígenes ancestrales, en el pan de los pobres. Un alimento de segunda que sólo lo comía la gentuza de las comunidades rurales.

Según la investigación de Mario Sanoja e Iraida Vargas, “Visión Histórica de la gastronomía y la culinaria en Venezuela”, cuando los mantuanos caraqueños, que ya habían ganado bastante real a costa del sudor de los esclavos, empezaron a obtener créditos de los capitalistas europeos, se dio un mejoramiento del nivel de vida de la clase dominante que significó para el proletariado el descenso a una pelazón de bola nunca antes conocida en estas tierras.

“La clase mantuana comenzó a importar para su uso elementos que cambiarían sus hábitos culinarios y gastronómicos”, cuenta el estudio de Sanoja y Vargas. Mientras tanto, los hábitos alimenticios de las clases populares caraqueñas se mantenían intactos. El problema era uno solo: la tierra era de los mantuanos, no había mucho espacio para que el pobre sembrara, “los bajos ingresos y los índices de pobreza crítica” alejaron a las familias de la culinaria tradicional criolla, “derivándola hacia un consumo masivo de alimentos de producción industrial, donde sobresalen la pasta, la harina pan, los embutidos, etc. dentro de una concepción alimenticia totalmente utilitaria y de supervivencia”.

 Del casabe a la lata de pega

Los mantuanos, los mismos de hoy en día, acabaron casi totalmente con nuestra tradición culinaria y la limitaron a los productos que ellos mismos nos vendían. Una movida rastrera que llevó a muchos caraqueños, del casabe y la arepa pelada, a la boloñesa de perrarina con pasta y el agua de bollito pa’ los niños.

Los más grandes pelabolas de Caracas en la última mitad del siglo XX terminaron oliendo pega para matar el hambre, pero eso no es comida, esa historia te la dejo pa’ otro día.

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