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POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN  / ILUSTRACIÓN TATUM

La familia López Núñez estaba contentísima con la llegada de la caja de agosto. Por fin les había llegado atún y aceite con lo demás. Además, era la primera vez en el año que no les llegaba abierta, así que había grandes motivos de celebración. El domingo decidieron hacer el tradicional almuerzo de hamburguesas de lenteja con arroz, ensalada de pepino y platanito horneado, chicha de lenteja y picantico e suero. Don Pancho ya había dominado la maestría de la carne mechada de lenteja, pisillo de lenteja, funche de lenteja, lenteja a la mernier, ceviche de lenteja, compota de lenteja, la infalible “lenteja rápida”, salchicha de lenteja, atol de lenteja, trufa de lenteja y polenta de lenteja con anís. Luisito, el menor, había ganado ese año las Olimpíadas de Química del Liceo Andrés Bello al inventar la pomada de lenteja para el reuma y jabones de lenteja con aroma a playa. Los López Núñez quisieron, primero, limpiar bien el apartamento, y así compartir la felicidad completa al calor del hogar.

Doña Clara advirtió que, al barrer y pasar coleto, una creciente masa de pelos y lentejas salía por las esquinas y debajo de los muebles de la casa. De seguro eran por el curso de peluquería de Margarita, la mayor. Dejó el montoncito de polvo y menudencias y se fue a comer mientras Pancho ponía la mesa y los muchachos se sentaban a comer. La amena conversa se detuvo de súbito cuando del cuarto de Luisito salió caminando un amasijo de la montañita leguminosa capilar con forma de cachicamo. ¿Qué es esto?”, gritó doña Clara, despavorida. Por suerte, el cachicamo era tan lindo y dócil que la familia decidió adoptarlo. En los meses subsiguientes, y con la limpieza cotidiana, las montañitas de cabellos y granos hacían crecer al animal generando cada vez mayores incomodidades. La original mascota de los López Núñez fue paulatinamente mutando de cachicamo a chigüire, pastor alemán, avestruz, jirafa y ñu. Los problemas empezaron a tornarse agrios cuando las nuevas mutaciones degeneraron en un velocirraptor y, finalmente, un tiranosaurio marrón y muy peludo con mechitas fucsia.

Dicen que los López Núñez lograron huir hasta Cumaná, con vida, y que el tiranosaurio del apto 18-A de El Tejar en Pque  Central pasó a convertirse en conserje del edificio. Los vecinos ahora solo esperan que los frijoles bayos de la caja no ocasionen problemas gástricos que lamentar para el complejo residencial.

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