EPALEN238_01.indd

EPALEN238_25.indd

EL CONDE

La esquina El Conde es más conocida hoy día por el hotel El Conde al cual de “conde” no le queda mucho. No obstante hay otras historias que la circundan. La rivalidad entre dos condes y el final de uno de ellos en manos de los seguidores de Boves es el relato más sangriento con el que la adorna la historia. Hoy queda allí la Biblioteca Pública Simón Rodríguez, edificio que mandó a construir el dictador Juan Vicente Gómez en 1934. Cuentan los cronistas que el dictador Gómez se lo encargó al arquitecto Guillermo Salas, quien se esmeró en complacer al Ministro de Educación, pues esa iba a ser la sede de su despacho. Se asegura que fue el primer edificio de Venezuela con ascensor y aire acondicionado. El ministro pidió un reloj grande para poder vigilar que los empleados cumplieran con el horario. El arquitecto ideó una claraboya y allí suponen que le dijo: ahí tiene usted el reloj más grande la ciudad. Era el reloj de la Catedral de Caracas que podía verse a través de. Mercedes Chacín

 

EPALEN238_25.indd

MIJARES

Mijares, el nombre de hoy para esta esquina, era entonces el nombre de un par de marqueses del rey ibérico que se asentaron en esa zona y la hicieron suya hasta el día de hoy. Los documentos de la época refieren que la mansión de los Mijares era eso, una mansión para suspirar, con decoraciones que causaban furor en la época. Los marqueses millonarios le dieron a sus hijas dos casamientos también millonarios y los eventos tuvieron una afluencia numerosa. ¿La causa? ¿Ver el florecimiento del amor? ¿Ver el beso de los novios? ¿Mirarle los trajes a los cuatro sifrinos? Quizás haya sido todo eso, pero también lo era presenciar a las desposadas después de que se cumplía un ritual de las clases adineradas: traspasar algunas riquezas a las nuevas esposas. Entre joyas, esclavos y tierras, hubo también “un estrado de veinte y cuatro almohadas de terciopelo carmesí con cuchillas y borlas de seda y oro, colgaduras de damasco carmesí de Granada, guarnecidas de oro y una alfombra de El Cairo, traída de España’’. Ander De Tejada

 

 

EPALEN238_25.indd

 

SANTA CAPILLA

Desde la fundación los conquistadores emprendieron la construcción de la Iglesia Mayor y de la ermita consagrada a San Sebastián. Cuando en 1569 la naciente ciudad fue víctima de una plaga de langosta se erigió una capilla dedicada a San Mauricio, elegido por la comunidad como defensor contra la plaga. Con el tiempo proliferaron órdenes, cofradías y sociedades religiosas. Se impusieron criterios clasistas y raciales para los grupos humanos, criterios que alcanzaron a estas cofradías, que se organizaban según su color. Así, los negros y mulatos se agrupaban en San Mauricio bajo la advocación de San Juan Bautista. Fue costumbre visitar San Mauricio durante la Semana Santa, incluso sus ruinas. El culto duró cerca de 70 años hasta que Guzmán Blanco las mandó a demoler para erigir un templo moderno, parecido a la Santa Capilla de París. Pero como el hecho cultural siempre tiene profunda raigambre, hoy El Merendero de San Mauricio mantiene el culto popular a través de la más profana de las parrandas. Rodolfo Castillo

 

 

EPALEN238_25.indd

 

PRINCIPAL

Esquina fundacional por antonomasia, sus cuatros aristas encierran una historia rica en incidencias. Desde la Casa Amarilla, ángulo suroeste, donde acaece el primer referendo popular de que se tenga noticia en nuestro país (contra el gobernador Emparan), primer paso independentista, y desde donde procura salvarse in extremis el presidente Cipriano Castro durante el terremoto del año 1900 saltando por uno de sus balcones; en su ángulo noreste, emplazamiento de lugares tradicionales como el terminal de tranvías, que atiende la ruta de Catia, o la Cervecería Donzella; desde el vértice noroeste, en cuyo Teatro Principal, entre otros grandes momentos, canta Carlos Gardel; y desde su vertiente sureste, abriéndose a la gran Plaza de Armas, piedra angular de la ciudad, hoy Plaza Bolívar. Pensar que su nombre original fue “Cárcel Real”, en tiempos en que acogió al Cuerpo Principal de la Guardia, y que encerrara allí a los presos comunes. Su centinela tocaba las horas en una campana colgada en un templete sito en el lugar. Carlos Cova

ÉPALE 238

Artículos Relacionados