Poesía o Nada

Milagros Mata Gil nació en Caracas en 1951. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín, periodista, narradora e investigadora de Literatura Venezolana. A continuación, fragmentos de uno de sus cuentos:

LA ELECCIÓN (frag.)
I

Años ha, me acusaron de haber acosado la virtud de este Pastor con mensajes de amor. Me acusó la esposa del Pastor. Me acusaron sus hijas. Y mujeres de la congregación conformaron un coro acusador. Entre todas se encargaron de expulsarme y de lapidarme moralmente. […] La verdad fue que el Pastor había comenzado a enviarme mensajes más o menos sugerentes, sesgando las Escrituras. Era un hombre sensible e inteligente, melancólico y solitario, una especie de poeta silvestre que había encontrado en mí interlocución y amistad. Y yo, una mujer educada, refinada y que se preciaba de ser racional […] No creo que haya habido maldad, ni mala intención, en los actos y los gestos de aquellos días: fue simplemente dejarnos llevar por un idilio que era hermoso, que enriquecía la vida y parecía inocuo.

II

Primero fue el enrojecimiento de la luna llena y el halo circundante de arcoíris que la rodeó en la noche del equinoccio de otoño, seguido del primer temblor. La tierra rugió desde su entraña durante casi cuatro minutos y se estremeció mientras todo caía: platos, vasos, adornos, libros, lámparas, cornisas, trozos del techo, ramas de árboles, árboles incluso, paredes enteras, casas. Salimos despavoridos a los patios y las calzadas. Dicen que la décima parte de las ciudades del mundo fue devastada. Luego, cuando el cielo ya estaba cubierto con los astros de la noche, se enrolló de repente como si fuera un trozo de pergamino: todo se volvió negro y comenzó el segundo temblor, el que hizo agrietar la tierra en fisuras que se abrían y cerraban como fauces de alguna trampa, llevándose a algunos que, gritando de terror, no sabían cuán afortunados eran.

III

Llegó el Ángel atravesando mi huerto. Llegó a buscarme. […] Me dijo el Ángel: “Ven, que ya es tu hora”, mas le pedí siete horas terrenas de plazo para buscar a mi Pastor y él se negó. Le pedí entonces la mitad de ese plazo y se negó. Le pedí la cuarta parte, que son 105 minutos, y él vaciló y, finalmente, aceptó, advirtiéndome que quizás mi Pastor no pueda ser llevado, a causa de sus injusticias pasadas…

IV

Lo encuentro sentado en una silla de extensión desvencijada en el cobertizo de su casa en escombros. […] Me mira como si yo fuera alucinación y se levanta y camina hacia mí, vacilante al principio y luego raudo, como camina un niño perdido hacia su encontrada madre. […] Me empuja contra una pared agrietada y busca bajo mi blusa el seno ajado, pero que reacciona a sus manos. Acaricio su espalda bajo la camisa. Él introduce una pierna entre las mías y ya tiemblo ante el hervor del orgasmo. Nos despojamos de las ropas tajantemente. Descendemos abrazados, sudorosos, hasta el piso, mientras el polvo rojo nos impregna y ya parecemos seres de barro: hombre y mujer primordiales.