ÉPALE263-HUGO CHÁVEZ FRÍAS

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

En 1988, cuatro años antes del mítico hecho del que les hablo más abajo, Carlos Andrés Pérez regresó a la silla presidencial avalado por el aparente progreso que caracterizó su primer gobierno. Aparente, dije.

Una vez consolidado en el poder, medidas neoliberales en mano, El Gocho comenzó a decretar recortes económicos y liberación de precios. La corrupción y la creciente pobreza de un país vendido al capital extranjero sumaban razones para la rebelión. Poco después, El Caracazo mediante, el pueblo alzó la voz por primera vez, y pese a haber sido cruentamente silenciado por orden presidencial, mantuvo vivas las ganas de un cambio, y sirvió como señal indicativa de la urgente necesidad de la toma del poder.

En enero de 1992 ya eran frecuentes los rumores de que algo extraño se estaba organizando dentro del Ejército venezolano. Era común que los amigos y asesores de CAP le hablaran sobre posibles organizaciones de izquierda funcionando desde el interior de las Fuerzas Armadas, y en medio de tanto güisqui poco fue el tiempo que tuvo el Presidente para ponerle atención a los cuchicheos de Miraflores. La madrugada del día 4 de febrero de 1992 apenas comenzaba cuando Carlos Andrés Pérez, agotado por un viaje reciente, se descubre en medio de un golpe en desarrollo: los militares se alzaron.

Tomaron el aeropuerto de La Carlota, el Ministerio de la Defensa y el Palacio de Miraflores. Un movimiento de última hora de la presidencia logró frustrarlo todo: Carlos Andrés Pérez consiguió la manera de transmitir un mensaje al país asegurando que un grupo de militares había pretendido tomar el Gobierno, pero que tal iniciativa fue frustrada. Dicen que el mensaje fue transmitido en Fuerte Tiuna, hecho con el cual se logró la rendición de las tropas que rodeaban el edificio del ministerio. Luego de esto, los insurgentes que conformaban el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, se entregaron.

Cuando supo sobre Chávez, el teniente coronel de 38 años de edad que parecía ser figura central de toda la insurrección, la orden de Carlos Andrés Pérez fue impedir que el hombre hablara a través de los medios: “Es peligrosísimo dejar que hable, quién sabe qué va a decir, qué proclamas dirigirá a las Fuerzas Armadas. En todo caso grábenlo y luego lo editan”, ordenó. Pero una serie de eventos, y la amenaza de que los insurrectos entraran en combate si no sabían de Chávez, llevaron a que, a las 11 de la mañana, las cámaras de RCTV, Venevisión, Televen y VTV permitieran que aquel hombre se dirigiera al país por primera vez:

“Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital (…). Compañeros, oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias.”

Parado frente al televisor, el pueblo venezolano, desde todos los rincones del país, murmuró: “Por ahora…”.

ÉPALE 263

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