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Un amigo, a quien solo identificaré como “el Correcaminos”, dijo una vez que correr era parecido al sexo. Por supuesto que despertó mucho interés porque la palabra “sexo” tiene ese atributo: vuelve interesante cualquier otro tema con el que se le mezcle. Alguien le preguntó si acaso él experimentaba orgasmos al acabar (muy bien dicho) las carreras. Otra persona especuló que el parecido era por los jadeos, el ritmo cardiaco acelerado y las caras de iluminación mística que ponen algunos corredores, en especial cuando se acercan a la meta de un maratón.

Nada de eso. Luego de generar la controversia, el Correcaminos dio la respuesta a la trivia: correr se parece al sexo porque se puede hacer en pareja, en trío, en cambote (tipo orgía) o a solas.

La broma del Bip-Bip conduce a uno de los grandes asuntos filosóficos que surgen cuando se toma esta actividad deportiva: correr solo o acompañado. Es algo que cada trotador debe decidir: ir por las calles y senderos en grupo; con un único compañero o compañera; o practicar el onanismo atlético. De las tres maneras se puede gozar. Lo dice el Correcaminos y lo ratifica mucha gente.

Como es un dilema crucial, he decidido dedicarle varias entregas. Este domingo se lo dedicaré a correr en grupo.

EN LAS ORGÍAS MANDAN LOS EGOS GRANDES

Trotar con varias personas puede llegar a ser tan divertido e intenso como una bacanal. Al menos eso piensan los militantes de correr en colectivo. Es más, hay mucha gente que solo de esa manera puede correr sin aburrirse.

En lo personal debo confesar que nunca he podido disfrutar de esos bochinches. Me siento terriblemente incómodo. De hecho, debo admitir que les tengo cierta tirria a los grupos de trotadores. Cuando alguno se me aproxima, me desvío, no vaya a ser que me recluten.

ÉPALE264-TROTA CCS 1Me resulta especialmente antipática la costumbre de los corredores gregarios de ir parloteando en alto volumen, mientras trotan. Todos los manuales dicen que poder mantener una conversación fluida mientras se corre es un reflejo de buena condición física. Entonces, es inevitable pensar que quienes hacen esto todo el tiempo es porque están presumiendo.

Según mi experiencia como oyente de lejos hay dos grandes categorías de temas sobre los que se habla en estas corridas lenguaraces: una es la de las hazañas atléticas de los trotadores-parlanchines; y dos, las mismas necedades que la gente habla en las oficinas, el transporte público o las salas de espera.

La primera categoría suele derivar en una feria de egocentrismo:

—Bro, ¿cuántos miles corriste el domingo?, dice uno.

—¡Doce en la mañana y cinco en la tarde, won!, ¿y tú?, repregunta el otro.

-¡Diez en la mañana y veinte en la tarde, won!

Algunos prefieren montar obras teatrales respecto a sus lesiones y dolencias.

—Marica, yo ando con un fascitis plantar que me está matando.

—A mí ya me dio eso. Ahora tengo una tendinitis de Aquiles brutal, marica.

¿Se dan cuenta?: más parecido a una sala de espera, imposible. ¡Uf!

ESTRESARSE EN EL DESESTRESAMIENTO

Claro que peor es la segunda categoría. Hace algún tiempo, al menos, los temas eran variados, pero desde hace unos años todos hablan de lo mismo: los precios escandalosos de todo lo que se pueda vender.

Ahora, usted me dirá: ¿si uno sale a correr para relajarse y evadirse de la dura realidad, qué sentido tiene ponerse a hablar de ese tipo de asuntos estresantes? Parafraseando al Profesor Lupa (quien corre mucho… pero en moto): misterios del deporte.

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