“Por una cabeza”

Por Humberto Márquez /Ilustración Julietnys Rodríguez

Así como el alcohol, la ciudad de Buenos Aires, el amor y el desamor, otro de los temas del tango son las carreras de caballos, “los burros” en lunfardo, como les dicen los argentinos; de hecho, hay un tango con música de Enrique Delfino y letra de José Eneas Riu titulado, precisamente, “Los burros”. Pero de los tangos burreros, el más popular fue “Por una cabeza”, de Carlos Gardel en la música y Alfredo Le Pera en la letra, bien por la profusa divulgación discográfica, tanto en cine como en TV, y por el hecho de ser interpretado por El Morocho del Abasto, cuya versión original la grabó el 19 de marzo de 1935 para su última película, Tango Bar, acompañado por la orquesta de Terig Tucci.

Gardel era un hípico consumado; apostar en las carreras de caballos era su gran pasión y, obviamente, el tango se apoya en ese referente, pero lo genial del asunto es cómo transpola o traslada esa imagen de la ganancia mínima de fotografía en una carrera de “burros” al amor de una mujer: Que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo / Quema en una hoguera / Todo mi querer / Por una cabeza, todas las locuras / Su boca que besa / Borra la tristeza / Calma la amargura / Por una cabeza /Si ella me olvida / Qué importa perderme / Mil veces la vida / Para qué vivir / Cuántos desengaños, por una cabeza.

Por esa cabeza cabalgó, literalmente, mucha gente. Como Al Pacino en el cine, cuando bailó con honores el tango, como el ciego coronel retirado Frank Slade, con la joven Donna en Perfume de mujer; Frida, en la que se oye al mismo Gardel cantándola en la radio. Y hasta en el primer episodio de la segunda temporada de La Casa de Papel. También se montaron en ese caballo, entre otros, Diego El Cigala en su disco Romance de la luna tucumana, Andrés Calamaro en su disco Tinta roja y Los Pericos en su disco Yerbabuena.

“Por una cabeza” se gana y se pierde, como perdió Gardel, porque ese año de 1935 ocurrió su trágica y lamentable muerte.

ÉPALE 378

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