¿Porno que educa?

      Por Niedlinger Briceño / Colectiva Tejiéndonos Mujeres • @colectivatejedora              Ilustración Justo Blanco

La pornografía tradicional desde hace mucho tiempo es la que ha acercado a lxs jóvenes a la sexualidad. Sexo oral, sexo anal, posiciones superexcitantes para ellos, “cuerpos perfectos”, eyaculaciones masculinas y pare de contar todo lo que vende esta industria mundial.

El porno está pensado y hecho para el placer masculino y por esto concluyo que este es uno de los motivos por los cuales ellos no encuentran el clítoris, se les olvida que existe o simplemente no se relacionan con él. Ese órgano divino que nos dio el universo a nosotras únicamente tiene 8.000 terminaciones nerviosas, ¡guao! Y hay gente que aún cree en esa teoría freudiana de la “envidia del pene”.

A mí no me da ni cosquillas la pornografía tradicional, lo veo tan agresivo, vulgar, plástico y alejado de la realidad que no me genera ningún placer, pero sí debo decir que desde pequeña me encanta ver los acercamientos de cuerpos en la pantalla, me encanta ver los besos que parecen reales y me encanta, sobre todo, la sutileza que existe en una complicidad sexual que no se encierra en un acto de la penetración.

Por esto y por mucho más decidí investigar acerca del posporno o la pornografía feminista, un tema que se escucha en boca de compañeras cercanas, pero que no había profundizado y que vale la pena referir en este artículo que les comparto hoy, pues con todo este confinamiento mundial el acceso a internet y el tiempo de ocio da para mucho.

¿Es posible conseguir pornografía con cuerpos más reales y menos producidos? ¿Es posible conseguir pornografía respetuosa, sin sometimientos ni opresiones? Quiero vernos sentir placer e intimar de una manera distinta, me gusta la luz tenue y las siluetas de los cuerpos, también me gusta ver imágenes explícitas pero no fingidas.

Empecé a indagar en círculos pequeños de mujeres y di con Erika Lust, una cineasta sueca especializada en cine para adultxs que lleva rato materializando esta idea. Ella expresa que la “pornografía y feminismo no es opuesto”, además está convencida que la pornografía feminista puede ser pedagógica y ayudar a aclarar mitos o tabúes que existen en cuanto a la sexualidad.

Ella es madre de dos niñas y encuentra una herramienta supernecesaria e importante en el posporno, para profundizar en la educación sexual de sus hijas; y es que si no lo asumimos nosotrxs van entrando ellxs mismxs de manera desorientada creyendo que el cuerpo de la mujer es un objeto y que los hombres son los únicos que tienen orgasmos.

El erotismo, la belleza natural y lo hermoso de la sexuliadad puedes verlo en su proyecto xconfessions.com, donde además recibe sugerencias y peticiones de fantasía sexuales para materializarlas en la pantalla.

Yo ahora me oriento con la porno feminista para meterle contenido a la educación sexual de mi hija, pero también me deleito con producciones donde mi placer no está subordinado al de ellos, y donde voy descubriendo mucho más lo que me gusta y lo que no.

¿Le damos una oportunidad al porno desde otra mirada?

ÉPALE 384