POR MIGUEL POSANI • @MPOSANI / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE277-LIBREMENTEProcrastinar es una forma de sabotaje. Es el hábito de posponer o retrasar situaciones que deben atenderse, problemas que deben resolverse. Por ejemplo: la factura de la luz, una ruptura sentimental, exigir un derecho, entre muchos otros que pudiésemos presentar.

Y ¿qué hay detrás de nuestra procrastinación? Generalmente incomodidad, miedo, desagrado. Y estas sensaciones, que generalmente están ligadas a imágenes internas, nos vienen a la mente a la hora de decirnos “voy a hacerlo”, evitando que lo hagamos. Siempre nos vencen nuestras imágenes internas negativas.

A esto se suma que postergamos y, encima, nos sentimos mal. Podemos entrar así en un estado ansioso o depresivo, porque una parte inconsciente de nosotros nos está culpando por procrastinar. Así pasan los días, y cada día nos prometemos que “mañana sí” vamos a hacerlo, pero no lo hacemos.

Así, nos mantenemos crucificados frente a una parte de nosotros que siempre se asusta o se desagrada frente a “la tarea”, a lo que hay que hacer; y otra parte que, después que pospones, te cae encima con todo el poder castigador que le has permitido.

Generalmente, lo que posponemos es porque lo vemos abrumador, peligroso, estresante, desagradable, muy engorroso, algo negativo y una parte de nosotros dice: “Mejor dejémoslo para después”.

¿QUÉ HACER?

Independientemente de la sensación negativa que produce, lo que evita que hagamos lo que debemos hacer es una imagen engorrosa, abigarrada, en donde todos los momentos de lo que se debe hacer están sobrecargados, son vistos juntos y, justamente, esto presenta otra excusa, junto a la sensación negativa.

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