TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL

ÉPALE251-TRAS EL DISCURSOA lo interno de la gran industria cinematográfica estadounidense hay filmes que, vía la editorialización y un forzado maniqueísmo, intentan, sin lograrlo, lavar la cara de la sociedad gringa. Lejos de tener como objeto un juicio de valor o, menos aún, una postura moralizante con respecto al tema del tráfico y consumo de drogas en los EEUU, sí se opta por al menos desenmascarar la doble moral —cuando no, hipocresía— que profesa el país del Norte al respecto. Inhala (EEUU, 2001), del realizador Ted Demme, grosso modo, narra una particular visión del americam dream: un jovencito proveniente de un pequeño pueblo perdido en la vasta geografía americana, al ver la pobreza que le espera decide en su adolescencia probar suerte en la pujante California. Con el movimiento contracultural como trasfondo y la determinación de ganar la mayor cantidad de dinero sin tener que trabajar, el negocio de la venta de marihuana se antoja como el más idóneo. En una sucesión de verosímiles eventos el joven George Jung llega a ser, con el tiempo, el artífice de la distribución y venta de cocaína en el vasto sur estadounidense. No existen responsables, no hay culpables, las leyes (visibles) del mercado se imponen: una creciente demanda y la propia dinámica de la sociedad gringa (“si los artistas la prueban, todos la querrán”) son caldo de floreciente cultivo para el lucrativo negocio. Por enésima vez la ley de la oferta y la demanda: la cocaína es el café del norteamericano. Allende la relación que tiene la temática del filme con la realidad, los dardos moralizantes que se presentan a lo largo de la cinta se antojan como excusas baratas. La atmósfera familiar que rodea las conversaciones de George con su padre matiza la gravedad de las recriminaciones: mientras se excusa diciéndole que es muy bueno en lo que hace, su padre le dice que el dinero es irreal (¡todo un concepto filosófico!) y que él pudo haber sido bueno en todo aquello que emprendiera. Con la subsiguiente ruina de George (de poseer más de 100 millones de dólares a nada) y el desprecio que su hija siente por él queda establecida la fatua moraleja que el filme pretende. Por supuesto, rara vez Hollywood hará mención de los auténticos responsables del negocio: los bajos perfiles tienen sus cómplices.

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