¡Puja muchacha, puja!

Por Francisco Aguana Martínez / Foto Archivo

Desde mediados del siglo XIX Catia comienza su lento poblamiento. Ya para 1870, cuando se realiza el primer Censo Nacional, tenía poco más de 600 habitantes. Cuando llega 1936, y es elevada a parroquia Sucre, tenía más de 10.000. El único hospital con que contaba la novel parroquia era el psiquiátrico o manicomio. Ese año se abre el primer dispensario médico en una sección de la carretera Caracas-Colonia Tovar, en plena construcción para aquel momento, y que es la que corresponde hoy a la avenida Cuartel de Infantería, primero, y luego Urdaneta. A principios de los 40 se construye el Centro Materno Infantil de Monte Piedad. A medida que pase el tiempo se irá edificando la red de salud que hoy tenemos.

Así que, ante esa carencia de centros de salud en tiempos pretéritos, eran las comadronas o parteras las que con sus manos amorosas ayudaban y asistían a las parturientas antes, durante y después del parto. Eran mujeres del barrrio que llegaban a acumular una gran experiencia, que se convertía en sabiduría suficiente para diagnosticar cuando venía un muchacho “encajado”, cuando era la preñez de morochos y hasta para develar un secreto bien guardado: “Uummm, ¡tú lo que estás es preñá muchacha!”, solía afirmar, determinante, la sabia partera. Cuando la mujer paría, entonces le daban atención también a la criatura. Muchas extendían sus cuidados pediátricos más allá del parto y los primeros días de vida del neonato para curarlos, ya grandecitos, de las enfermedades frecuentes en los niños y de aquéllas provocadas por la mala intención a fuerza de montes y rezos. Tan útiles, populares y respetadas llegaron a ser las comadronas que, por doquiera, siempre estaba aguardándolas una “bendición” de sus “hijos de parto”, como se les acostumbraba nombrarlos. Seguramente, deben ser cientos, o miles, los catienses que nacieron “parteados” por las comadronas de barrio. Ya para mayo de 1948 se invitaba a agasajar a estas servidoras sociales, que estaban organizadas en una asociación reconocida por la Confederación de Trabajadores de Venezuela

Entre los primeros

En diciembre de 1938 el doctor Aguerrevere inaugura la Maternidad Concepción Palacios, y el 7 de enero de 1939 el primer nacimiento que se produce en esa maternidad es el de una niña a la que colocan por nombre María Concepción Landaeta. Cuando la maternidad cumple 25 años, un reportero de Últimas Noticias la encuentra viviendo en un rancho alquilado en Altavista y ya es madre de tres hijos. El esposo, Eduardo Borjas, ganaba 400 bolívares y pagaba 120 de alquiler por el mísero rancho.

En enero de 1944 la primera caraqueña en nacer es la hija de Margarita González, Carmen Luisa. Vivían en la avenida Sucre, casa sin número, frente a la capilla El Carmen.

En 1956 Marcos Mendoza es el primer caraqueño en nacer, a las 12:15 am, en la Maternidad Concepción Palacios. Es el hijo número 14 de María Mendoza, de 35 años, y un albañil. Vivían en la calle Miranda, número 36, de la Cañada de la Iglesia.

En 1967 Caracas se preparaba para la celebración de su cuatrocientos años de fundada. Además del terremoto, el otro hecho curioso fue que Benilde Torres, que ya tenía cuatro hijos, dio a luz, o parió, el 5 de junio cuatro muchachitos a los que dieron por llamar “Los Cuatricentenarios”. Se llamaban Carlos, Álvaro, Gustavo y Víctor. Para celebrar el inusual hecho varias instituciones realizaron diversos obsequios a los niños; entre ellos, una casa en Veredas de Urdaneta, que aún habitan.

En 1968 uno de los dos primeros caraqueños en nacer es Lino Alvarado, el hijo de Yolanda Marina Alvarado, quien vivía en el Bloque 12, apartamento 24, Letra C de Lomas de Propatria.

Ese mismo año, el 20 de noviembre, Caracas sobrepasa ya 1.500.000 habitantes con la llegada de la hija de Francisca Antonia Soteldo, de 44 años, habitante de La Silsa y que tenía ya otros nueve hijos además de Nathalí del Carmen, que fue el nombre con el que bautizaron a la recién nacida.

En junio de 1975 caía un diluviano aguacero en la ciudad de Caracas, que congestionó la avenida Sucre. A una señora el ajetreo la puso a parir, pero de verdad, un varoncito cuando se encontraba en una camioneta Propatria-Chacaíto. Los pasajeros la pasaron a otro carro pero, debido a la tranca, la mujer terminó pariendo en una ambulancia del Plan Caracas.

Coromoto Carrasco, de 16 años, venía una tarde de junio de 1981 de su casa en Plan de Manzano, carretera vieja Caracas-La Guaira, frotándose su enorme barriga de primeriza, cuando le comenzaron unas dolorosas contracciones. En ese momento pasaba por la carretera, haciendo su recorrido de guardia, el cabo segundo de la Policía Metropolitana Natalio Cañas, en compañía del distinguido Bordones. Al observar los espasmódicos movimientos de la muchacha se acercaron a ver lo que sucedía y, al percatarse de lo que ocurría, subieron a la joven a la patrulla y la trasladaron, con la urgencia del caso, al hospital más cercano. Pero no se pudo. Al parecer, la hermosa niña que nació ese día decidió adelantar su nacimiento, molesta por el escándalo de la sirena de la patrulla y los gritos de los policías apartando a los otros vehículos, que perturbaban la tranquilidad de las tan placenteras aguas en que flotaba.

Así que el cabo Cañas le tocó la suerte de hacer de comadrón, o partero, en la misma patrulla. Cuando salió la bemboncita bebita, protestando con su llanto, el distinguido Bordones, que también era bembón, y para no perder la costumbre, sólo atinó a decir a la niña como bienvenida: “Cédula, y contra la pared”.

ÉPALE 356

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